EN EL VIENTRE DE LA BESTIA

.

Una vez leí que una de las canciones más conocidas de Nino Bravo, había sido cantada masivamente -y rodeados de metralletas- por los prisioneros que Pinochet había hacinado en el Estadio Nacional de Santiago.

Pero también que sus carceleros utilizaban las canciones del valenciano y de Julio Iglesias para disimular los gritos de los torturados.

En otra oportunidad me enteré de que la canción que yo tanto había cantado de pequeño había sido compuesta por un ser despreciable. (No es la que viene ahora, por si acaso.)

No solo el mundo del arte está lleno de tales paradojas.

Hitler quería con toda su alma ser pintor.

Fue rechazado dos veces por la Academia de Arte de Viena.

¿Y qué decir del lado oscuro de John Lennon, autor del mayor himno a la paz que conozco: Imagine?

No hace mucho me topé con un artículo del escritor español José Ovejero, Los escritores delincuentes.

(Ver aquí parte del libro casi homónimo.)

La lista es sorprendente y escalofriante. Las historias que cuenta ahí, fascinantes siempre.

«Nunca había oído pronunciar las nueve décimas partes de mi vocabulario», cuenta Ovejero que escribió Jack Henry Abbott en su libro En el vientre de la bestia.

Abbott, en la cárcel desde los doce años de edad y dueño de una prosa enérgica y singular, había conseguido impresionar al escritor Norman Mailer con una carta enviada desde la prisión.

A la sazón, Mailer se encontraba escribiendo La canción del verdugo, un libro sobre Gary Gilmore, el asesino que exigió que se le aplicara la pena de muerte.

(No solo la exigió tras haber cometido dos asesinatos en Utah: no aprovechó ninguno de los recursos para apelar o posponer su ejecución.)

Conmovido por la prosa de Abbott, Mailer lo ayudó a publicar su libro y después lo apoyó en la obtención de la libertad condicional.

Poco después de obtenerla, Jack Abbott volvió a asesinar.

Un verdadero autor criminal.

(Acababan de pasar apenas seis semanas desde su salida de prisión y ya era una mediana celebridad en los círculos literarios de Nueva York. La mañana del 18 de julio de 1981 Abbott entró a un cafetín de Manhattan, se enzarzó en una discusión con el nuero del dueño y lo mató de una cuchillada en el pecho. El New York Times, desconociendo este hecho -hay que suponer-, publicaba al día siguiente una muy positiva recensión sobre En el vientre de la bestia, el libro del reincidente asesino.)

No quería ir tan lejos.

(Las verdaderas buenas historias son como las matrioskas.)

Acaba de despedirse Leonardo Favio.

De jovencito elegí una de sus canciones para aprender a tocar guitarra.

Quería embrutecerme en algo (conectar mi cerebro y mi cuerpo a una sola actividad repetitiva) para olvidar una pena de amor.

Me compré en un puesto ambulante de la avenida La Colmena de mi añorada Ciudad del Cielo Color Panza de Burro (marca registrada y donada a un guatemalteco-¿o era panameño?-por problemas legales) un manual para autodidactas y le empecé a dar duro al punteo inicial de Ella ya me olvidó.

(Desconocía la existencia de la versión de Juanes.)

Me propuse dominar ese sencillo punteo inicial en un año. Doce meses.

(Podría haber dicho cinco o diez años también, no tenía la más mínima idea; pero calculaba que ese era el plazo que necesitaba mi cardio herido para olvidar y, además, ¿quién era yo para endilgarle una condena tan larga?)

Lo conseguí apenas semanas después, con arduas horas de práctica diaria robadas y/o compartidas con mis estudios de Matemáticas de ese entonces.

Y ese descubrimiento me abrió los ojos: la práctica continua y concentrada lo es -casi- todo en cualquier actividad.

En medio de las noticias sobre la Elección del Mal Menor, leo hoy una nota esperanzadora.

Alemania, el Reino Unido y Francia han propuesto este lunes en México combatir la evasión de impuestos de las grandes empresas transnacionales.

Se trata de un robo (“tomar para sí lo ajeno, o hurtar de cualquier modo que sea” es una de las acepciones de este vocablo) gigantesco que -incluso- Europa sigue consintiendo so pretexto de no ahuyentar a los macroempleadores.

(El narcotráfico también lo es.)

O por simple desinterés o incapacidad. O colusión.

Mientras continúe existiendo el fatídico secreto bancario poco se podrá hacer al respecto, debo imaginarme.

¡Salud y buen provecho, Suiza!

(Para empezar.)

Pero no me he ido por las ramas.

Después del asesinato en el cafetín de Manhattan, Jack Abbott volvió a publicar un libro en prisión.

(Las ganancias del anterior -varios millones de dólares- fueron a parar a la cuenta bancaria de la viuda de su víctima pectoral.)

Abbott denunció hasta el final desde su celda -se ahorcó en ella en el 2002- que la cárcel solo era un medio deshumanizante y que ese medio había hecho de él lo que había sido en vida.

La sociedad, el sistema, creaba monstruos y seres desadaptados y la única solución que ofrecía a cambio era una cárcel que los deshumanizaba aún más.

Aparte de ser una Alta Escuela del Crimen.

Él era uno de esos ejemplos.

A la edad de 18 había sido condenado a cinco años de prisión por falsificar un cheque de poco cuantía.

Cin-co a-ños por fal-si-fi-car un che-que.

¿Y las transnacionales?

Bien, gracias.

La historia más reciente de la humanidad y la crisis global constituyen también la historia de una atracción fatal, la del dinero.

Esperemos a ver cómo le va a Francia en su intento de recuperar de Google 1.000 millones de euros en impuestos evadidos.

En el vientre de la bestia todo es una cuestión de tamaños, me atrevería a afirmar.

.

.

HjorgeV 07-11-2012

.

Fuentes:

http://www.elliberal.com.ar/ampliada.php?ID=47589

http://elpais.com/diario/2011/09/25/eps/1316932018_850215.html

http://www.trutv.com/library/crime/notorious_murders/celebrity/jack_abbott/4.html

.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s