CONSTRUCCIONES DEL TIEMPO

El año pasado había mencionado que en el idioma aymara el futuro se representa detrás porque es lo que no se puede ver.

De tal manera que, en realidad, a un nuevo calendario (al futuro) entramos de espaldas, a ciegas, puesto que no sabemos lo que nos espera.

Contándoles sobre el tema a mis hijos, el de siete años me preguntó cómo habíamos llegado los seres humanos a hablar.

Le dije que, a mi modo de ver las cosas, ese era el mayor salto que habíamos dado en nuestra evolución. Para (intentar) explicárselo, le improvisé un cuento.

Había una vez un perro que una vez había ladrado de cierta forma y había aprendido que ladrando así siempre recibía un trozo de carne y no un simple hueso.

Su ladrido le había sonado a sus dueños como la palabra ‘carne’.

Estos, maravillados, empezaron a mostrar la gracia del perro a sus vecinos, amigos y conocidos.

Pronto nuestro personaje empezó a recibir ingentes cantidades de carne y todo el mundo a su alrededor olvidó que también necesitaba agua para sobrevivir.

Para no morir probó varias formas diferentes de ladrar hasta que por fin recibió agua.

Su ladrido se había semejado mucho a la palabra ‘water’ y su fama aumentó, porque ahora se le consideraba un perro políglota.

Así también aprendió que si ladraba de manera adecuada y diferente, recibía algo diferente.

Siguió probando hasta que aprendió los ladridos parecidos a ‘filete’, ‘carpaccio’, ‘asado’, ‘leche’ (y muchos términos más que dejo a la imaginación del o la lectora).

Lo malo fue que pronto su territorio se convirtió en una verdadera acumulación de restos de comida que empezaron no solo a aburrirlo, sino también a incomodarlo y a ser un peligro para su salud.

Así tuvo que aprender a ladrar solo las cantidades adecuadas de lo que quería comer y beber y a decir que no para todo lo demás. (Etcétera y colorín, colorado.)

Más o menos así debió ser nuestra evolución también, pero a lo largo de un par de millones de años y teniendo otro tipo de ‘premiadores’ y de premios.

Todo desarrollo o evolución se inicia como una respuesta circunstancial a factores o circunstancias externas:

Cambios climáticos, catástrofes, alteraciones geodésicas, aparición de otros animales o grupos homínidos, o la extinción o interrupción de las fuentes de agua o alimento. O simple aburrimiento.

La supervivencia fue seguramente el mayor motor inicial de nuestra evolución. La que nos llevó a probar, cambiar, buscar, desplazarnos, adaptarnos, seguir buscando: para no extinguirnos.

Pero fue, aparte de ciertos cambios genéticos que ‘supimos’ aprovechar, también nuestra innata curiosidad la que propició el continuo desarrollo de esa actividad y de nuestro cerebro.

No somos, así, solo un producto de nuestra necesidad de sobrevivir sino también de nuestra curiosidad por saber qué hay dentro de eso o más allá, cómo sabe esto o aquello, qué pasa si.

(Tal vez el mismo ingrediente que también está en nuestra afición por las drogas, la televisión, las historias en general y por los llamados juegos de azar, que de azar tienen poco porque estadísticamente siempre se pierde.)

De esta manera, curiosidad y necesidad se han espoleado mutuamente creando una espiral de avance a lo largo de nuestra evolución.

Pero hubo un ingrediente más. El catalizador.

Fue el lenguaje el que nos permitió comunicarnos (expresar lo que queríamos o no, nuestras necesidades y problemas), aprender más (por información de otros, preguntando y discutiendo) y seguir avanzando.

Por el lenguaje pudimos comunicar no solo nuestros deseos, necesidades e intenciones. También nos permitió intentar la comprensión del mundo.

Para empezar, nos permitió representarlo.

Convertir lo que pensábamos, nuestros conceptos, en palabras.

Por eso cada lengua es reflejo de una particular forma de ver y representar el mundo.

Un idioma o lengua refleja y da forma a la cosmovisión de sus hablantes.

Entre las cosas más difíciles que debieron expresar nuestras lenguas (existen más de 6.000 en el planeta y desaparece una indígena cada dos semanas) siempre han estado los conceptos abstractos.

(Es un proceso recíproco: lo que no llegamos a pensar no necesita ser expresado, así como mientras más complejo sea nuestro pensamiento, mayor será la necesidad de conceptos y palabras para -intentar- expresarlo.)

Inicialmente el tiempo perteneció a esta categoría.

Ahora ya es común representar el paso del tiempo valiéndonos del espacio y de nuestros cuerpos:

Asumimos que nosotros somos el presente y lo que está delante de nosotros, y podemos ver, es el futuro.

Detrás, a nuestras espaldas, está -quedó- el pasado.

La vida la representamos, así, como un recorrido o paseo a través del espacio y del tiempo.

Los antropólogos pensaban que todas las culturas/lenguas habían recurrido a ese artilugio o apoyo mental, a esa metáfora.

Pero no es así.

Los aymaras, por ejemplo, tienen una representación diferente y que es mucho más racional en varios sentidos.

Para ellos el futuro está detrás porque es lo que no se ve.

Y el pasado delante porque es lo que conocemos y podemos ‘ver’ (hoy incluso con imágenes porque está documentado audiovisualmente).

El idioma aymara tiene también otra característica interesante (científica, se podría decir): es importante denotar si quien expresa una acción la vio o no.

Así, una oración como «El perro mordió a fulano de tal» es incompleta porque no se sabe si el que lo dice vio la acción o no.

Me parece mucho más interesante, porque este ejemplo demuestra hasta qué punto una lengua puede determinar la cosmovisión de toda una cultura o pueblo.

No tengo el más mínimo conocimiento de aymara y todo lo que expongo aquí (en este primer día del 2013) lo sé por haber leído o repasado las fuentes que indico al final, pero, de ser cierto lo planteado, ¿cómo expresan entonces los aymaras la existencia de su dios, si lo tienen?, me pregunté.

No podrían, es lo primero que se me ocurrió.

Porque no lo han visto.

La respuesta es que los aymaras, a diferencia de los cristianos y musulmanes, sí han visto a su dios.

Lo ven a diario.

Es la Pachamama. La tierra dadora de todo alimento y energía, y de donde venimos y vamos a parar.

Un idioma no solo puede determinar las creencias religiosas de toda una cultura como acabamos de ver.

También influye en otros ámbitos de su vida y desarrollo.

En Alemania, fue una de las primeras cosas que me llamó la atención en este país, por ejemplo, es costumbre escuchar con atención al que habla. Interrumpirlo es muy mal visto.

Con el tiempo me he dado cuenta de que es algo que viene determinado por la sintaxis del idioma:

Tanto las negaciones, como los verbos principales cuando hay uno complementario, suelen ir al final de la oración.

Un Ich liebe Dich, por ejemplo, un Te quiero, se convierte en un No te quiero agregando la negación al final:

Ich liebe Dich nicht.

Así, quien no presta atención hasta el final puede llevarse un gran chasco.

Visto esto, ¿puede llamar la atención que la lengua de este país haya servido a toda una pléyade de filósofos y pensadores y que en este país se cultive la conversación como un verdadero intercambio de ideas e información?

He llegado a todo esto por la natural curiosidad de un niño.

(Ayer lo mencionaba como la gran cualidad de un amigo.)

Einstein decía que no se reconocía talentos especiales salvo una gran curiosidad.

Hoy en día contamos con dos máquinas (que alguna vez serán solo una) que viven de esa nuestra innata curiosidad: la televisión y la computadora u ordenador.

La gran paradoja es que hemos llegado a un desarrollo tecnológico tal y tan entrelazado con el desarrollo eminentemente lucrativo de la economía, que esos dos instrumentos solo nos sirven para azuzar y satisfacer nuestro impulso curioso, pero ya no más para seguir desarrollándonos como seres creativos y solidarios.

A la industria y el comercio les interesa personas convertidas en clientes las 24 horas del día.

Esa es la meta de su oferta audiovisual-emocional.

No les interesa individuos que vean críticamente este camino (que va derecho a la destrucción del planeta y de nuestra civilización y sus mejores valores).

Ni que intenten cambiar el rumbo que impone el dinero a sus vidas.

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HjorgeV 01-01-2013

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Fuentes:

http://www.cogsci.ucsd.edu/~nunez/web/FINALpblshd.pdf

http://www.cogsci.ucsd.edu/~nunez/web/publications.html

http://suite101.net/article/la-insolita-concepcion-del-tiempo-de-los-aymara-a3606#axzz2GcQdziGn

http://www.aymara.org/1995/arpasi-idioma-aymara/#more-26

http://www.ppls.ed.ac.uk/ppig/documents/NSaymaraproofs.pdf

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