CAMINAR PARA MORIR EN LA NIEVE (y II)

¿Caminar para salvar la memoria?

Juan José Millás (Valencia, 1946), el autor de El desorden de tu nombre, camina para saber.

Millás descubrió los largos paseos (o sea, las millas: Nomen est omen) en la madurez. Y dice que ya no podría prescindir de ellos.

Cito, de una entrevista relativamente reciente, lo que bien podría considerarse como toda una teoría condensada de la novela:

Me da pánico pensar que algún día no pueda pasear porque resuelvo muchas cosas cuando camino. Un paseo, en cierto modo, es un relato en el que se mezclan los dos asuntos que se deben entrelazar en todo relato: peripecia y reflexión sobre la peripecia. La proporción entre lo que te ocurre y lo que piensas sobre lo que te ocurre depende de que el paseo haya salido bien o mal. Y de eso depende también que una novela salga bien o mal. Que la proporción entre el argumento y la reflexión sea la adecuada.

Vuelvo mentalmente (corporalmente no me he movido un solo metro de aquí) a este país que convivo y que alguna vez me gustaría recorrer a pie.

Goethe apuntó que «Nur wo du zu Fuß warst, bist du auch wirklich gewesen». Algo así como, con perdón: ‘Solo lo que a pie recorriste, de verdad conociste’.

(En verdad: ‘Solo donde a pie estuviste, de verdad estuviste’.)

Solo caminando se puede conocer/saber el camino.

Caminar para conocer. Conocer caminando.

Johan Gottfried Seume fue tal vez uno de los pioneros entre los escritores caminantes.

Su Caminata a Siracusa en el año 1802 es un ejercicio de observación crítica, cultural, histórica y sociológica, escrito tras su periplo a Italia.

Ojo (y zapato): ida y vuelta a pie.

Machado lo dijo de forma excepcional, no hay duda.

Pero Goethe fue más radical e iluso a la vez: «No se camina para llegar sino para vivir caminando.»

Harald Grill lo ha descrito así, en mi pobre traducción:

Allí adonde me dirijo

no va ninguna vía,

no viaja ningún tren,

no vuela ningún avión.

Mi camino al hogar se hace más extenso cada día,

y cuanto más tiempo camino

más mi hogar se hace mi camino.

Walter Benjamin, judío berlinés, estaba en París, ciudad por la que adoraba pasear, cuando en junio de 1940 la Ciudad Luz fue bombardeada por 300 aviones alemanes y luego ocupada por las fuerzas nazis.

Huyó a Lourdes y luego a Marsella. Su idea era alcanzar España y pasar a Portugal, para  allí hacer uso de la visa que le permitiría finalmente la entrada a EEUU.

Pretendía escapar de su deportación a la Alemania nazi después de siete años de exilio.

Cruzó los Pirineos a pie y consiguió traspasar la frontera franco española.

En Portbou, después de ser detenido por paramilitares franquistas, encontró la muerte: probablemente por mano propia para evitar ser entregado a los nazis.

Judío, alemán (de Berlín), fugitivo (28 domicilios en siete años), filósofo, exiliado.

Su tumba fue hallada mucho después porque los amigos con los que huía lo enterraron con el nombre cambiado (Benjamin Walter) para evitar profanaciones por parte de los nazis.

Su paso por esa -su última- ciudad española está documentado.

Dice el escritor Sergio Chejfec:

el caminar”, es casi la única actividad no colonizada por la economía súper capitalista, que tiende a fragmentar el consumo y crear necesidades a partir de nuevos artículos. Quiero decir, para caminar no se vende nada especial, y sí hay un mercado alrededor de comer, correr, dormir, practicar sexo, leer, etc. Diría que mis personajes se detienen en las acciones mínimas, el tipo de acciones elementales como la caminata. Y a la vez son rumiantes cerebrales, que han encontrado en la velocidad que imprimen las dos piernas el ritmo adecuado para avanzar con sus pensamientos.

Marcheurs à plume” los llaman en francés: escritores caminantes. (¿O marchadores a la pluma? ¿A la vela?)

Pensadores caminantes.

Plumíferos caminantes.

Sigo pensando que un novelista es un aventurero sentado.

Wittgensteinpara quien los límites del lenguaje de una persona eran también los límites de su mundo, fue otro gran andador, caminante, viandante.

Y Kierkegaard, el sueco padre del existencialismo, detalló en sus diarios que no solo había concebido sus libros caminando, sino que también los había corregido así.

El título de una de sus obras más famosas, Etapas del camino de la vida, no fue casual.

Rousseau afirmaba que «solo caminando puedo meditar y si me detengo, también dejo de pensar», porque «mi mente solo puede trabajar con mis piernas».

Más notorios caminantes meditantes:

Wordsworth, Coleridge, Sterne, Virginia Woolf, Walser, Sebald.

En Walden, la vida en los bosques Thoreau narró su experiencia de dos años, dos meses y dos días en los bosques, viviendo en una cabaña construida con sus manos, cultivando sus propios alimentos y escribiendo sobre sus vivencias y sus caminatas por los alrededores.

Walden es el nombre de un lago de Concord, Massachusetts, en cuya cercanía Thoreau construyó su cabaña.

(Curiosamente, Wald es ‘bosque’ en alemán. Los libros de Thoreau los publica en Alemania la editorial Diogenes. De tal manera que se ha cerrado un círculo. O tal vez solo rizado un rizo.)

Bruce Chatwin era director de Sotheby’s, la célebre casa de subastas británica especializada en obras de arte, cuando una mañana despertó casi ciego.

Un oftalmólogo le dijo: «Ha estado mirando cuadros demasiado cerca. ¿Por qué no los cambia por horizontes más amplios?»

Chatwin, en pleno auge profesional, lo tomó al pie de la letra: dejó la casa de subastas y se fue a África.

Luego inició e interrumpió sus estudios de arqueología y comenzó una nueva etapa como colaborador del The Sunday Times.

Estaba entrevistando a Eileen Gray cuando vio que en la sala de la famosa diseñadora y arquitecta había un mapa de la Patagonia.

-Lo pinté con estas manos -le dijo ella.

-Siempre deseé ir allí -dijo Chatwin.

-Yo también. Ve allá por mí -le dijo Gray.

Chatwin, otra vez en la cúspide de una carrera, escribió al periódico un simple “Me voy por cuatro meses a la Patagonia”.

Y se fue.

Su mochila -y su lápiz- conocieron también después Australia, China, la India, Suecia, Afganistán, Grecia, Turquía y África.

¿Viajar, caminar, para escribir? ¿O solo para llegar?

El finado abuelo de mi esposa alemana escapó de su cautiverio ruso durante la Segunda Guerra Mundial y regresó caminando a Alemania.

Seis meses de los que nunca quiso hablar (nunca me atreví a preguntárselo en serio, tampoco) y en los que la nieve fue su paisaje más común.

Hundido en esa forma del agua terminó precisamente Robert Walser (no confundir a este escritor suizo con el alemán Martin Walser, aún vivo), autor de Der Spaziergang (El paseo, aunque también podría haber sido La caminata) y amante de largos paseos solitarios.

Robert Walser murió mientras paseaba entre la nieve, cerca del manicomio de Herisau (Suiza) adonde habría ingresado por propia voluntad. Su autoexilio tal vez.

Los documentos fotográficos lo muestran con su sombrero al lado. Sus zapatos apuntando al infinito. En su último paradero (conocido).

En su novela Geschwister Tanner (Los hermanos Tanner) de 1907, Sebastian, el poeta protagonista, es encontrado muerto, cubierto por la nieve después de salir a dar un paseo.

¿El paseo más largo de su vida? ¿O de su muerte?

Robert Walser escribió premonitoriamente en esa novela sobre morir en la nieve:

«La mejor música para alguien que ya no puede oír ni sentir nada.»

.

.

HjorgeV 01-02-2013

http://en.wikipedia.org/wiki/Solvitur_ambulando

http://es.wikipedia.org/wiki/Bruce_Chatwin

http://www.elfinancierocr.com/blogs/coaching_e_innovacion/Pensar-caminar_7_141655873.html

http://scharfschwerdtstrasse43.de/notizen/800

http://de.wikipedia.org/wiki/Robert_Walser#1929.E2.80.931956

http://www.tagesspiegel.de/kultur/berliner-parks-3-das-geheimnis-der-verlorenen-puppe/6851658.html

http://www.lyrikwelt.de/rezensionen/gesternunterwegs-r.htm

http://www.reisenews-online.de/2010/02/15/wandern-auf-den-pfaden-walter-benjamins/

http://www.tagesspiegel.de/kultur/kafka-in-berlin-das-vergessene-haus/7465992.html

http://walterbenjaminportbou.cat/es/content/memoria-de-walter-benjamin

http://www.laescueladelosdomingos.com/2010/05/celebracion.html

http://www.derhuman.jus.gov.ar/conti/2010/10/mesa-30/koval_mesa_30.pdf

http://www.ctv.es/USERS/borobar/bruce_chatwin.htm

2 thoughts on “CAMINAR PARA MORIR EN LA NIEVE (y II)

  1. Pero también se vale correr Libreta, Librillo. A esta cosa, con la que me gano la vida, le ha brindado muchas soluciones los cerca de 20 km que troto o, como dicen los gringos hago jogging, durante las madrugadas frías de los fines de semana. Se me han ocurrido líneas tan brillantes como las que sirvo en taipear.

    Hola, Gran Pineda. Usted es, sin lugar a dudas, un Genio Brillante. Saludos desde la oscuridad de las nieves germanas. HjV

  2. El mejor final de los días que pueda desear un patagón/patagona que ha dejado su vida en esta tierra inhóspita y soportando por años la fiereza del clima, es MORIR EN LA HUELLA. Se le dice huella al caminito que sutilmente marca el paso humano o del animal en su constante trayecto. Como decía un amigo ” a mí no me llevan al hospital… a mí me levantan (muerto) de la huella!”

    Hola, Anahi. Morir en movimiento, en la huella, no en la apatía ni en el estatismo. Habría que explicárselo a los alemanes, cuya gran meta se ha vuelto el sofá frente al televisor. Saludos desde el deshielo alemán. HjV

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