PÁGINAS RECIENTES DE UN DIARIO

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LUNES

Días raros.

Llenos de una extraña lucidez, muchos.

Otros, de simple oscuridad cerrada.

Las debilidades no interesan. Lo importantes es no rendirse.

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MARTES

Uno de mis vecinos está mal. Los médicos desconocen su verdadero estado de salud.

Cuando veo a su anciana esposa saludarme con la cabeza baja, me imagino que debe pensar en lo injusta que es la vida.

En lo poco que entendemos los demás de enfermedad y sufrimiento cuando no somos los afectados.

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Y justo hoy tengo un chequeo médico en el urólogo.

Y me pongo a pensar en que ciertos profesionales médicos también deben sacar provecho del miedo que pueden infundir en todo potencial paciente.

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JUEVES

El médico evitó estrechar mi mano al saludarme en su consultorio.

Me imagino el futuro con médicos atendiendo a sus pacientes en un traje muy parecido al de los astronautas. O desde el interior de una caseta, a prueba de balas incluso.

Creo que la actitud del urólogo que me atendió cambió por completo cuando vio en mi documentación que era casado.

Tal vez solo eran mis prejuicios haciendo horas extra.

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¿Quién se mete voluntariamente de urólogo o proctólogo?, me pregunté en la casi solitaria sala de espera.

Ciertas profesiones me llevan a preguntarme no por la clase de gente que se dedica a recoger desperdicios para sobrevivir o decide trabajar profesionalmente recogiendo basura.

(El hambre y las necesidades fundamentales son, después de todo, elementos insoslayables en toda existencia. No se decide tener o no hambre, quiero decir.)

Sino a preguntarme por qué aquellos que pudiendo haber escogido la gloria de salvar vidas a corazón abierto en los quirófanos, o lucirse curando niños o ancianos en sus cómodos consultorios, han escogido las heces y el recto como lugar de trabajo.

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Lo cierto es que el tipo lo hizo bien, vamos a decir.

Cuando pensé que se iba a producir una extraña escena como la que ya había pasado en mi primer intento con otro urólogo («Déjese de cosas, señor V.»), la inspección rectal ya estaba teniendo lugar y terminó antes de que pudiera darme cuenta o preguntarme por su duración.

-Su próstata tiene consistencia y peso óptimo – me dijo el médico, sacándose los guantes-. Un examen similar cada año y podrá considerarse en el lado seguro de la vida.

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¿El lado seguro de la vida? ¿El miedo como argumento?

Estuve a punto de dedicarle una mirada penetrante e inquisidora.

Pero no lo hice para no entorpecer la frágil pero por lo menos efectiva relación médico-paciente que ya se había creado entre nosotros.

Debo decir que la angurria de los políticos me produce vergüenza ajena, asco y, muchas veces, simple desprecio.

Pero la codicia extrema de algunos médicos (por lo menos es mi experiencia acá en Alemania: son ya varios los que me han recomendado operaciones innecesarias, por ejemplo) me parece mucho más despreciable porque juegan con el don y bien humano por excelencia: la vida.

Vale decir, con el miedo a la muerte.

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Esa burda actitud (resumida en la frase «para considerarse en el lado seguro de la vida») me llevó a pensar en una época en que los sacerdotes y brujos tenían un poder más abierto y directo sobre los demás.

Épocas en las que bastaba una mirada eclesiástica para sentir la presencia y la ira divinas.

La importancia del miedo trasvestido en respeto.

Era dios mismo el que te castigaba por la mano del sacerdote que tenías delante. Era dios mismo el curandero al que le estabas confiando tu salud o tu vida.

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Pensé:

-Un examen así cada año, para que su casa en Mallorca sea una realidad más cercana, ¿no? ¿O se trata del Porsche soñado?

No se lo dije, claro. 

De los ciudadanos se espera un gran respeto y cierto pudor que algunos (¿muchos?) profesionales no muestran con sus propios clientes.

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SÁBADO

Últimos días de marzo.

Por fin la primavera.

Vuelve, vuelve, primavera, primavera, primavera, primavera, primavera.

Segundo o tercer día (oficial) por lo menos.

Pero con temperaturas alrededor del punto de congelación del agua en esta región de Alemania.

(Nuestro hijo de ocho años tuvo un partido al aire libre esta mañana y no se quejó por el frío. Tampoco sus compañeros. Los padres, como espectadores al borde de la cancha, en cambio, sí.)

En otras regiones, como Hamburgo, las temperaturas están alrededor de los -5ºC.

O sea que, mejor no quejarse.

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Anoche vi un partido de fútbol en la casa de mi vecino, para acompañarlo un poco.

Parece que ahora le va mejor.

No quise preguntárselo. Me bastó verlo animado.

Hay simples preguntas que a veces no cambian nada para bien pero, en cambio, pueden hacer mucho daño.

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Hjorge

Colonia, 23-03-2013  

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