CRONOS Y LA NUEVA LIBERTAD

¿Tenemos la vida que merecemos?

¿O somos, por el contrario, solo simples fichas del Gran Dado, vale decir (escoja usted, lector@): del destino, de algún dios o de lo que prefiero llamar simplemente Cronos?

¿Se puede escoger la vida que uno quisiera llevar?

¿O solo hasta cierto punto?

¿Hasta cuál?

Quiero ser tal cosa, estudiar tal profesión, trabajar en esto o aquello, viajar a tal ciudad o país, establecerme aquí o en aquel lugar.

Nuestros sueños y deseos van más allá:

Nos imaginamos un modelo concreto de familia y y toda una forma de vivir.

(Últimamente, además, de vestir y calzar, de consumir en general: los medios han conseguido hacernos depender ‘drogadictamente’ de sus productos cada minuto de nuestras existencias.)

¿Podemos influir en el escenario llamado vida y llegar a cumplir nuestros sueños, nuestras metas?

¿O somos simples muñequitos de Cronos, ese gran timbero compulsivo e irreductible?

(¿Y qué fue de los sueños colectivos, comunitarios?)

Se suele partir, por lo menos en lo que llamamos nuestra cultura, de que cada quien es el dueño de su destino.

(Llamemos occidental a nuestra cultura; por decir algo: aquella en la que rige una mezcla de principios -impuestos mayormente por cierta gran maquinaria propagandística ideológica- tales como ‘libertad’ y ‘democracia’, y revueltos con una serie de aún más maleables y nebulosos conceptos e ideales religiosos como ‘no pecar’ y ‘hacer el bien’.)

Sin embargo, si consideramos que en España (por poner un solo ejemplo), solo muy pocos jóvenes pueden trabajar en lo que han estudiado a pesar de haber terminado sus estudios universitarios y profesionales, con buenas notas incluso.

Cada vez debería estar entonces más claro que la libertad en la vida es como la libertad en el mercado, para recordar las palabras de un español, justamente, del escritor y economista José Luis Sampedro (Barcelona, 1917-Madrid, 2013), fallecido este año:

«Dicen que el mercado es la libertad, pero a mí me gustaría saber qué libertad tiene en el mercado quien va sin un céntimo. Cuando se habla de la libertad hay que preguntarse inmediatamente: ¿la libertad de quién?»

Resulta interesante notar que con la actual crisis europea, también han entrado en crisis (o deberían hacerlo, pero les cuesta: puesto que a los guías no se los cuestiona, mejor dicho, no les gusta ser cuestionados) toda una serie de esqueletos arquitectónicos que constituyen la infraestructura social: conceptos fundamentales como educación, sociedad, bienestar, cultura.

Además del concepto principal: la vida misma.

¿Cómo debe(ría) ser nuestra vida?

Si antes la escuela -y las universidades- eran considerados los templos sagrados del saber.

Y estos no tenían otra función que «servir» a la sociedad.

Hoy nos hemos dado con que esos templos no sirven para nada.

O para muy poco.

Y que, por el contrario, la gran industria se sirve de ellos para sus grandes deseos compulsivos de acumulación de capital.

Ahí está el ejemplo de España, repito.

Decenas de miles de profesionales formados, brillantemente en muchos casos, solo para aumentar las filas del desempleo.

La situación es grave, porque estamos gobernados por por personas que a su vez fueron formadas y crecieron con toda esa serie de principios, creencias y convicciones que ahora no parecen servir para nada.

¿Llamamos a un mecánico de autos cuando se nos ha descompuesto la refrigeradora o al médico cuando falla el televisor?

Sin embargo en esas estamos.

Todo es más complejo porque los gobernantes nos hicieron creer que la ciencia y la tecnología nos servían para progresar. Y les regalamos ciegamente nuestros esfuerzos.

Hasta que llegaron los verdaderos jugadores globales (las grandes transnacionales, la gran banca y los apostadores de los grandes dineros de otros, incluso estatales) y nos dejaron las cosas claras:

La ciencia y la tecnología están para vender más.

Y los gobernantes, alentados por los vendedores de muletas que les insistían que había que amputar (Eneko dixit), ¿qué hicieron?

Amputaron.

¿Llegaremos a tomar conciencia de que esta crisis podría servir también para reorientarnos?

¿O dejaremos que nos sigan inyectando a diario la idea de que el único objetivo de la vida -el supremo- es ganar mucho dinero?

Acabo de leer en un artículo de Antonio Muñoz Molina una frase muy cierta que me ha hecho pensar en todo esto:

«Uno de los misterios más difíciles de explicar del siglo XX sigue siendo la mezcla de voluntariosa credulidad y de abrumadora propaganda que convirtió en un modelo universal de emancipación humana, de justicia social y desarrollo económico un régimen tan tiránico e incompetente como el de la Unión Soviética.»

Muy cierta, pero también -pienso- muy aplicable al momento actual.

Porque tal vez recién en unos cincuenta años nos daremos cuenta de que a la frase anterior (como en una ecuación matemática) bastaba reemplazar Mercado Libre (o Capitalismo Ideológico) por Unión Soviética para obtener la fórmula del caos actual.

La Red ha resultado ser más venenosa en ese sentido (propagandístico) que la televisión.

No es necesario que te descuides (ni siquiera que te des cuenta) para que Internet te persiga durante meses (hasta en tus emilios y demás mensajes) con el único objetivo de convencerte de que el automóvil que tienes, los muebles, los zapatos, tu ropa y hasta tus vacaciones son simple estiércol de vaca.

Y que tienes que ganar mucho dinero para comprarte otros.

La Nueva Libertad y el Nuevo Credo consisten en solo eso.

(A Cronos no le importa.

Su función es seguir lanzando los dados todo el tiempo -su tiempo- y en eso él -dios laborioso- no ha bajado un solo momento la guardia.)

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HjorgeV 11-08-2013

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