ESA COJUDEZ INCURABLE: Impresiones croatas (I)

Nuestra camioneta empieza a sufrir para remontar una cuesta y pienso que mi esposa, la que conduce ahora de regreso a nuestro refugio veraniego, ha utilizado mal la caja de cambios.

Vamos siete personas en la camioneta. El novio de nuestra segunda hija nos esclarece: se ha jodido el disco de embrague.

Enseguida me quedo mirando a mi esposa.

-Tendremos que regresar a Colonia a 80 kilómetros por hora -anuncia ella al resto, con la serenidad de quien ha tenido cuatro hijos y dos son ahora señoritas alrededor de los 18.

-Mil cuatrocientos kilómetros -nos recuerda uno de nuestros hijos.

-Unas 20 horas de viaje con las pausas -calcula alguien más desde los asientos traseros.

-En la ida hicimos 22 -les recuerdo a todos, porque el viaje que inicialmente debía durar solo unas 16 horas, terminó extendiéndose casi 7 más por los continuos atascos y embotellamientos.

Por suerte, J., nuestro casero, nos consigue un mecánico que podrá resolver el problema.

*

A propósito de las casi 23 horas que nos ha tomado llegar desde nuestro pueblucho de las afueras de Colonia hasta este punto de la costa de Croacia:

Me sigue pareciendo una extraña y cruel paradoja que países europeos como Alemania y Francia, para poner solo dos ejemplos, no sean capaces de organizar el flujo vehicular en las temporadas vacacionales.

Como si se tratara de una sorpresa intempestiva cada año y las autoridades no supieran ni quisieran responsabilizarse de nada.

Y entonces los ves allí a todos:

Detrás del volante de sus automóviles, sufriendo encerrados como sardinas en lata, porque a veces solo puedes avanzar durante horas a la velocidad de un peatón por la carretera.

El futuro tendrá que ser futurista: con todo un ente capaz de controlar y dirigir el tráfico vehicular masivamente.

(Ahora tengo que acordarme de todos esos europeos que se burlaban del transporte a través de los Andes y las demoras e interrupciones por los huaycos.)

*

Estamos en Croacia, acabamos de visitar toda una región de la costa al sur de Split.

Después de una hora de avanzar como tortugas bajo el sol inclemente y a 35ºC, llegamos a una zona en la que se suceden paradisíacas playas, aguas de color turquesa y veraneantes que parecen ignorar los perniciosos efectos del sol sobre la piel.

Nos hemos alojado en Podstrana, a unos 11 kilómetros al sur de Split y a 300 metros de la playa. Los dos departamentos que ocupamos son del padre de una conocida nuestra.

Tuvo un negocio en Alemania y se pasa medio año en Croacia, su país de origen: de abril a octubre.

Y regresa, curiosamente, en la época más fría al país más frío.

Lo hace para poder ver y cuidar a sus nietos, me cuenta.

*

El día de excursión lo pasé mayormente leyendo a la sombra de unos árboles al pie de la playa.

Escogí de compañía No es país para viejos, una de las novelas que me he traído a estas vacaciones en Croacia.

Es la segunda o tercera vez que leo esta novela de Cormac McCarthy (Rhode Island, 1933).

Que la leí una vez lo recuerdo (más el comienzo que el final).

Pero diversas marcas (arqueológicas) en las páginas parecen indicar que también lo hice una o dos veces más. Ya no lo sé.

*

Adquirí No es país para viejos por una recensión que leí.

Después: a) la carátula del libro (que es el cartel de la película homónima de los hermanos Cohen) jibarizó el libro a la mitad;

b) las letras diminutas de la edición de bolsillo que había comprado, a un cuarto.

Y, finalmente, c) la peculiar escritura de McCarthy dejó el resto en suspensión aérea.

Hasta que lo volví a coger ayer de las solapas y me enfrenté cara a cara con él.

Y me encontré con una genial escritura, una verdadera obra de arte.

*

Transcribo un diálogo, para hacer notar de paso la peculiar forma de McCarthy de presentarlos:

«El sheriff meneó la cabeza. Droga, dijo.

Droga.

Venden esta porquería a los colegiales.

Peor aún.

¿Y eso?

Los colegiales la compran.»

*

Otros párrafos que me hicieron sonreír en plena canícula:

«Tus ideas de empezar de nuevo. O las de otro. No se empieza de nuevo. Ese es el quid. Cada paso que das es para siempre. No puedes eliminarlo.»

«Tú piensas que cuando te despiertas por la mañana el ayer no cuenta. Pero es todo lo que cuenta realmente. ¿Qué más hay? Tu vida se compone de los días de que está compuesta. Nada más. Pensarías que puedes huir y cambiarte de nombre y qué sé yo qué más. Empezar de cero. Y luego un día te despiertas y miras al techo y ¿sabes quién es la que está en la cama?»

«Hay dos clases de personas que no hacen muchas preguntas. Unos son demasiado tontos y los otros no necesitan hacerlas.»

«Traté de ver las cosas con perspectiva pero a veces estás demasiado cerca.»

*

Que la industria cinematográfica coja una novela cualquiera y haga con ella lo que le dé la gana (con tal de hacer tintinear la caja), es algo que no necesito comentar.

Pero alguna vez tendría que ocurrir al revés, ¿no?

Que un escritor se atreva a hacer de una película cualquiera, de una que le haya gustado especialmente, la versión novelada.

Su revancha, por así decir.

¿O ya alguien lo hizo? ¿Quién?

«Me gusta la literatura, pero prefiero esperar a que salga la película», ya dijo alguien.

Pero que diga, mejor:

«Me gusta el cine, pero prefiero leer la novela.»

*

Entre los libros que también me he traído para leer o releer, está una novela de doña Agatha Christie.

Obviamente, cuando leemos una traducción de sus novelas no leemos a Christie.

Leemos al traductor, a su arte, su prosa, su capacidad para armar una nueva obra basándose en la original.

Y hay traductores que ponen más esfuerzo en el contenido que en la forma: los mejores, en los dos.

Y leemos una obra del traductor y nos gusta o no, independientemente de lo bueno o malo que sea el original.

*

A los dieciocho me leí de un tirón un par de docenas de novelas de Agatha Christie.

Un tío me había regalado un paquete de té de Ceilán (Sri Lanka) (un sabor que aún sigo buscando en mis viajes, sin haberlo vuelto a encontrar) y las infusiones me servían para acompañar las lecturas de las novelas que un amigo me prestaba.

Él, a su vez, se las prestaba de su hermano, un furibundo lector que solo buscaba repetir el placer obtenido con la lectura de El padrino y que, en su compulsión, leía de todo.

*

Ahora, muchísimos años después, vuelvo a leer una novela de doña Agatha y me quedo boquiabierto.

A pesar de reconocer el esfuerzo del traductor, me pregunto cómo diablos hice para leerme más de veinte de sus novelas, más o menos de golpe y sin chistar, por así decir.

La que ahora no he podido terminar es, me parece, flojísima de argumento.

Un relato que, si un médico le midiera la tensión, le recomendaría media docena de medicamentos (porque así son los médicos -por lo menos los alemanes- ahora) para normalizársela. Por lo menos.

¿Cómo lo hice?

¿Cómo hice para leerme tantos flojos argumentos entonces?

(¿O he tenido mala suerte con mi elección?)

*

Entre los libros que me he traído hay uno de relatos del escritor catalán Sergi Pàmies (París, 1960).

Este sí ha vuelto a sorprenderme gratamente.

Si te comes un limón sin hacer muecas es uno de esos libros que se vuelven a releer con gusto.

Sería injusto, además de impreciso, decir que el prólogo (de nadie menos que Enrique Vila-Matas) es lo mejor de este conjunto de relatos.

Y es que bien podría serlo, a modo de una parodia.

(De hecho, al final del prólogo, Vila-Matas insinúa ser él mismo un cuento de Pàmies.)

*

Con todo: el prólogo es más que generoso.

Transcribo:

«Vas y compras Si te comes un limón sin hacer muecas, y crees que es un libro de pocas páginas. […] Y al final acabas comprendiendo que Pàmies te ha vendido como breve lo que en realidad es un libro interminable, infinito»

¿Qué mejor elogio?

Personalmente, ahora que lo he releído con la distancia que da una primera lectura lejana en el tiempo, he tenido (tal vez) la mala suerte de notarle demasiado las costuras y los errores.

Algunos relatos pecan de sosos, y, la mayoría, de una mala terminación: con el sabor de cansancio, ese de no saber cómo diablos terminar mejor, algo que se había empezado muy bien.

*

No quiero ser injusto, porque es un placer leer a Pàmies:

Esa mayoría de relatos tienen tan magnífico inicio que habría sido toda una epopeya literaria mantener ese grado de excelencia hasta el final.

Pongo un ejemplo: el inicio de La otra vida, el relato que abre el conjunto:

«Tuve que morir para saber si me querían.»

Monterroso lo habría dejado así, en esa única línea.

No habría añadido más.

.

.

Continúa…

Hjorge 18-08-2013 

3 thoughts on “ESA COJUDEZ INCURABLE: Impresiones croatas (I)

  1. Hola Jorge,

    Coincidentemente estoy yendo para Croacia de vacas la próxima semana así que espero escuchar más de tus impresiones antes de mi viaje.

    Saludos y disfruta las vacas,
    Daniel

    Hola, Daniel. Mira, qué coincidencia. Croacia, por sus kilómetros de kilómetros de lindas e, incluso, paradisíacas playas, sus más de mil islas, poco turismo masivo y sus muy cómodos precios (la chela en el bar al pie de la playa me cuesta como en un quiosco en Alemania), se presta muy bien para unas vacaciones de pareja joven y reciente. Como casi no hay playas de arena, personalmente me ha costado un poco porque suelo jugar fútbol con mis hijos y correr por la orilla. En cambio, el mar es muy tranquilo, limpio, de muy bonito color y casi no se ven olas. También es ideal para comer pescado (el mejor que he probado a la parrilla en mi vida) y la carne cuesta muy poco, con una calidad parecida a la argentina. El pan me ha fascinado también. Hay precios y diferencias de precios increíbles en todo. Por otra parte, las temperaturas (muy altas) han sido constantes como un reloj suizo y los croatas me han parecido muy simpáticos y abiertos (además de serviciales y honrados: mezcla cada vez más rara en Europa). Tanto, que he empezado a aprender el idioma. Magnífica experiencia que, personalmente, no repetiría. Saludos y suerte. HjV

  2. Leí tu escrito porque mencionaste Croacia, y ese será nuestro destino en pocas semanas.
    Preguntas si alguien escribió novelas a base de películas. Si, lo han hecho. Parece que hay escritores que eligen películas taquilleras, basadas en guiones, y se lanzan a la aventura. Las novelas que leí, llevada por el título del libro, no me incitaron a leer más de diez páginas. Saludos desde Holanda

    Hola, Merlinda. Gracias por tu comentario. Qué pena que no menciones los títulos a los que haces referencia. En la Red (me desplazo un kilómetro para poder tener conexión gratuita) hasta ahora no he podido encontrar nada bajo “novelas basadas en películas”. Por lo demás, Croacia es un país que ofrece posibilidades muy diferentes de hacer vacaciones comparándola con España e Italia, por ejemplo. Saludos desde Podstrana. Hvala lijepa! HjV

  3. “la chela en el bar al pie de la playa me cuesta como en un quiosco en Alemania” No hay más que decir. Vamos para allá! Buenos datos, gracias!
    Daniel
    Hola, Daniel. Eso fue al pie de la playa y las cervezas son de medio litro, ojo. Ayer pedí una en un bar lejos de la playa y mi amigo pagó 24 kunas (3,40 euros) por las dos. O sea, menos que en la playa. En la zona turística de Split cuesta 15 kunas (dos euros). Eso, para hacerse una idea de los precios. Saludos y bonitas vacaciones. HjV

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