TODA (UNA) DERROTA

Caer es fácil.

La derrota es sencilla, común. Acecha en cada esquina. Muchas veces a cada paso que damos.

Lo difícil es levantarse, volver a caminar.

*

El arte no es caer.

Un golpe en la nariz, un empujón, una ofensa, un codazo (reales o metafóricos), es el arte -la acción- de otro, de su poder, de su sinsentido o de su prerrogativa.

Nuestro arte tiene que ser levantarnos, limpiarnos la sangre de la nariz y seguir caminando, avanzando.

Con la vista puesta en el siguiente reto. No en la caída pasada.

Es un arte el saber levantarse. El querer y atreverse a levantarse.

Un arte que debería ser el de todos.

*

«Todo lo que sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol», dicen que dijo Camus.

No es cierto, solo muy parecido.

La frase original es otra:

«Ce que je sais de la morale, c’est au football que je le dois.»

O sea, literalmente: «Todo lo que sé de la moral, se lo debo al fútbol.»

*

El equipo juvenil de fútbol que entreno perdió ayer su segundo partido.

Es un grupo de 22 muchachos entusiastas.

En la edad en la que todo muchacho se cree -ya- capaz de comerse al mundo.

Aunque muchas veces su única reacción ante el peligro sea correr a esconderse debajo de la mesa como cuando era niño.

*

Un partido se juega con once jugadores.

De modo que tengo preprogramado el estrés con los siete que no jugarán.

Porque todos saben que solo once más cuatro suplentes pueden jugar por partido cada vez.

Y, sin embargo, cuando le toca a uno de ellos la falsa lotería, la ofensa es mayúscula.

Me los imagino lanzando proyectiles de fuego hacia el cielo con sus meras manos de la pura rabia.

Escupiendo lava y fuego al espacio sideral por no haber sido convocados.

*

El fútbol puede sacar a la superficie lo peor y lo mejor de una persona.

Me refiero al balompié, al deporte grupal, comunitario.

(El espectáculo comercial de los llamados profesionales es otra cosa, un tema aparte.)

En este juego, que es muy parecido a un ajedrez bailado (y elevado a la potencia 11), hay que saber ayudar y dejarse ayudar.

Saber pensar como una sola mente inteligente. 

(Mi sospecha de que el narcotráfico es mucho más inteligente, más capaz administrativa y organizativamente que los gobiernos de muchos países sigue aumentando cada día.)

En el fútbol hay que ser contagiantemente entusiasta y altamente solidario porque la derrota acecha en cada jugada, en cada esquina, a cada paso.

*

Los padres de los jóvenes adolescentes de mi equipo son ingenieros, profesores, jueces, empresarios, empleados de grandes y medianas empresas.

Gente que no ha pasado hambre ni frío en sus vidas y viven en cómodas casas familiares con jardín anterior (y posterior) y dos automóviles en el garaje.

Gente con educación, o lo que se suele entender por ello.

Son cristianos que predican cada domingo el amor entre los hombres e invocan el perdón de los pecados.

Ciudadanos que pagan puntualmente sus impuestos.

(Sus automóviles modernos y eficaces nunca son de más de cinco años de antigüedad por el qué dirán, por el desprestigio que les ha inculcado la industria automovilística con bellas imágenes y potentes mensajes diarios.)

*

Perdimos el partido al final, después de haber estado adelante en el marcador.

Antes de retirarme del estadio, me acerco a darle la mano a uno de los padres, uno que siempre ha sido especialmente cordial conmigo.

Dos de sus hijos están en mi equipo.

A uno de ellos no lo incluí esta vez en la nómina.

Lo saludé como siempre. Pero esta vez me quedé con la mano en el aire.

Inocente, como solo puede serlo un adulto que suele olvidar que sigue viviendo un niño en su interior, me quedé observando unos instantes mi mano suspendida en el aire.

«Vamos, F., es un simple juego», tendría que haberle dicho, dándole una palmada en el hombro.

Mi estupidez fue tan supina que le pregunté qué sucedía.

No tendría que haberle preguntado nada, porque era simple.

Uno de sus hijos no había jugado y eso lo había convertido de pronto en mi enemigo.

*

Si así funcionan las cosas, las relaciones entre la gente; si así se olvidan los modales, las buenas costumbres.

En suma, si así funciona una simple célula de una parte -aparente, supuestamente sana- del tejido social.

¿Qué se puede esperar entonces de ese conglomerado atolondrado, agresivo, adictivo, drogado (la televisión, la Red también son drogas), atontado (la función de la caja tonta; el trabajo desfallecedor), infantil, caótico, inhumano, despistado, risible, altamente estafable que puebla este mundo?

*

Rescatar solo lo positivo.

Concentrarse en lo que se puede cambiar y mejorar.

Evitar las luchas inútiles que solo desgastan las energías disponibles y empeoran la moral.

Luchar contra molinos de viento consume energías y concentración que son necesarias para el trabajo constructivo y productivo.

La teoría es clara, precisa. Asesina.

Fácil de dominar. De aprendérsela. De enunciar.

*

Salir a gritarle a la lluvia en un día frío, oscuro y húmedo.

Continuar gritándole a la lluvia todo el día. Por llover.

¿De qué sirve?

La función de la lluvia es llover.

Tendríamos que salir a aplaudirle con entusiasmo su trabajo bien hecho.

.

.

HjorgeV 02-10-2013

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Un comentario sobre “TODA (UNA) DERROTA

  1. Esas reacciones son cosas que pasan en el calor del fútbol. A veces reaccionamos así y después de la resaca del resentimiento nos damos cuenta de nuestra acción. Saludos desde Ventanilla.

    Hola, Jorge del Sol. Qué gustavo. Gracias por tu presencia de ánimo. Saludos desde los márgenes de Colonia. HjV

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