POSTALES DE ALEMANIA: EL FRÍO

Soy de Lima y vivo en Alemania.

Llegué a este país de adulto, de modo que mi forma de ver (y sentir) el frío es diferente a la de aquellos que nacieron y crecieron con él aquí.

Algunas observaciones de mi etapa alemana:

1) Pasé varios meses de un invierno especialmente gélido acudiendo a trabajar al centro de Colonia.

El verano anterior había visto a un sujeto sin hogar: seguramente (quién sabe lo de quién) un enajenado, un barbudo y melenudo que caminaba sin zapatos y sujetándose el pantalón con una mano para que no se le cayera.

Volví a verlo ese invierno en el casco viejo de Colonia.

Deambulaba perdido en sus pensamientos en medio de la nieve sin zapatos y sin mayor abrigo que un pantalón y una chompa gruesa.

(Chompa es jersey en España. Curiosamente, ambos términos provienen del inglés. Chompa de ‘jumper’.)

2) Entre los extranjeros siguen llamándome la atención los turcos (los mayores) porque visten casi igual tanto en invierno como en verano (que también puede ser candente en Alemania).

3) Mi primer invierno en este país, en Colonia precisamente, fue de -20ºC.

Una ‘suerte’. No podrá ser peor, pensé.

Un compañero de la universidad me ofreció por esos días, de regalo, unos zapatos usados de un tío suyo.

Le dije amablemente que no, aunque sonrojándome en cuerpo ajeno por lo que para mí era un atrevimiento. ¡Cómo se le podía haber ocurrido ofrecerme zapatos usados de regalo!

Con todo, un par me encantó por el diseño. Tenían una suela gruesa y continua, y parecían muy poco usados. Cuando mi amigo se fue, me los puse solo por curiosidad y me asombré de lo bien que se podía caminar en la nieve con ellos. ¡Y sin sentir frío!

Dejé mis mocasines limeños, acepté el regalo y empecé a ser feliz.

(Días atrás, caminando con mis mojados mocasines limeños por las calles de Hamburgo y viendo jugar a los niños en la nieve, no sentía envidia. Sentía pavor. Pensaba, ingenuamente, que ellos pasaban tanto frío en los pies como yo.)

4) No me disgusta usar una chalina o bufanda.

Pero sí, a veces, su incómoda presencia.

Descubrí un tipo tubular, una especie de bufanda-cuello, en la Red.

Desde entonces la llevo con gusto tanto en casa como en la calle cuando hace frío. Me gusta porque es discreta y efectiva.

Ahora bien.

¿Por qué el indigente sin zapatos no estornudaba ni parecía molestarle el frío glacial?

Lo ignoro.

Obviamente, se podría decir, los mecanismos de la percepción y del efecto del frío en nuestros cuerpos dependen mucho de la mente, de la psicología. Y hasta de las emociones.

Tal vez nuestro personaje no sentía frío, porque en su mundo interior no existía el frío. O simplemente porque había dejado de preocuparse de muchas cosas sin ‘importancia’, entre ellas el frío.

Lo de los turcos -creo que- es más fácil: comen mucho ajo y en invierno añaden una gorrita a su vestimenta.

(Me he vuelto un adicto al ajo ‘joven’, el fresco. Y cuando se los advierto a mis convivientes alemanes, solo se ríen. Un conocido dice que es el efecto placebo. Quién sabe.)

Lo de los zapatos debería haber sido lógico para mí (como ex estudiante de Física), pero descubrí la capacidad y la importancia de los materiales aislantes en la vestimenta bastante tarde en este país. (En eso se nota que soy limeño. Cuando en mi ciudad llueve, ¡sale en los periódicos!)

Un detalle más: se pierde más calor por las extremidades. Por los pies, las manos, por la cabeza, por las orejas y dedos.

Los indígenas de los Andes de mi país visten ojotas o llanques (¡sandalias!), pero, en cambio, siempre llevan la cabeza cubierta y el cuerpo protegido por un grueso poncho. Y deben esconder sus manos bajo este.

¿No se pasó ‘medio’ Occidente gran parte del siglo XX con un sombrero sobre la cabeza, como se ve en las películas de cuarenta y más años de antigüedad?

¿Divertirse a la intemperie?

Ayer nomás tenía un entrenamiento de fútbol y no tenía ganas de salir a mojarme en la lluvia y pasar frío a bajas temperaturas.

Me detuve un momento a cavilar.

¿Ya no me gustaba el fútbol? ¿No tenía la ropa adecuada? ¿No estaba haciendo la lluvia muy bien su trabajo? ¿No tenía la posibilidad, después del partido, de darme un duchazo caliente y quedarme en casa abrigadito?

Me mentalicé, sonreí ante la ‘adversidad’.

Me alegré de poder moverme al aire libre y jugar mi deporte favorito, me empaqué bien y me la pasé de la pitrimitri.

¡Y sin sentir nada de frío!

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.

HjorgeV 08-11-2013

One thought on “POSTALES DE ALEMANIA: EL FRÍO

  1. Notas ajustadas y simpáticas, enhorabuena. Por cierto, ahora que lo mencionas, en realidad la humanidad se ha pasado toda la historia, hasta 1965 aproximadamente, con la cabeza cubierta. ¿Qué consecuencias tendrá para nuestra evolución esa quitada de sombrero? Es pronto para saberlo.

    Hola, Antonio. Mira que me he puesto a pensar en eso varias veces: ¿por qué nos descubrimos la cabeza? Aparte de por cuestiones de moda, se entiende. Veo un par de explicaciones: paredes mejor aisladas, mejores calefacciones en los edificios y automóviles, mejor ropa y mejores zapatos. Especialmente esto último, creo, hará imposible la vuelta del sombrero. (Ver el caso de los indígenas de mi país.) Y, claro, es muy pronto para saberlo (risas aquí). Gracias por tus comentarios. Que estés bien y escribiendo. Saludos desde los arrabales de Colonia y que prolifere tu empeñosa bitácora. HjV

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