STEPHEN KING: SOBRE EL OFICIO DE ESCRIBIR

1

Cada quien tiene por lo menos un recuerdo que le duele particularmente, pero del que, a la vez, no se arrepiente.

2

Una vez, fisgoneando entre los «tesoros» del ropero de mi madre (ahora puedo decir «antiguas fotografías, algunas joyitas de la abuela, un par de condones»: una de las ventajas de una bitácora anónima), me topé con un ejemplar de la desaparecida revista Life.

Así, medio cuerpo metido en ese antiguo mueble y atosigado con el rancio olor de la madera y con otros olores y perfumes -contradictorios todos-, «descubrí» el asesinato de Kennedy.

3

La carátula de Life mostraba a Jacqueline Kennedy en el funeral, de la mano de sus dos pequeños hijos: John-John (otro Kennedy fallecido a deshora) y Caroline.

Mi madre fue, para casi todos los efectos prácticos, una madre soltera.

La portada en la que aparece Jackie con sus dos hijos era, por lo tanto, una especie de retrato de su propia media familia. Una proyección ‘documentada’ de su propia vida.

Tal vez ella había tenido que matar a mi padre; en su mente; a su manera.

Y Kennedy se convirtió por ese cauce en un concepto o término recurrente en nuestras vidas.

4

(Y el asesinato de Jack Kennedy, para mí, en la gran novela del siglo XX:

La historia del gran poder del sexo y de cómo un carisma específico -el sexual- puede servir para encumbrarse al poder político; y no solo.

También la historia de la tendencia humana a formar sociedades inevitablemente corruptas y criminales, y sostenidas por el dinero.

¿O hay otra forma de explicar el crimen organizado, las mafias estatales y privadas -nacionales e internacionales-, el poder de las grandes corporaciones, la industria armamentística, el narcotráfico, la prostitución y el comercio de personas, el esclavismo moderno, la fatídica geopolítica de los países más poderosos, las guerras en general?)

5

Navegando en la revista Ñ, me topé no hace mucho con una reseña sobre 22/11/63 una de las últimas novelas de Stephen King.

Nunca había leído nada de El Mago del Terror, pero como la novela trataba de un viajero del tiempo que intentaba detener a Lee Harvey Oswald, la nota me compelió a buscar más información en la Red.

Llegué, así, a un artículo de título sensacionalista.

Y también al comienzo de la novela de marras (de decepcionante traducción, para variar).

6

Esa noche soñé que escribía una historia de terror en la que yo rejuvenecía.

Pero a cambio de envejecer a mi madre.

Un año ganado para mí, era un año perdido para ella. Y así sucesivamente.

Al comienzo no era nada especialmente notable para ninguno de los dos; mas, alcanzado el lustro, las cosas (nuestros cuerpos y aspectos) empezaban a cambiar notable y dramáticamente.

7

En el fragor de su particular batalla por ‘triunfar’, al personaje le/me daba por la avidez.

¿Qué le importaría envejecer un par de añitos más a quien ya parecía mi abuelita, a cambio de que su ‘nieto’ (yo) fuera más joven y fuerte y pudiera ‘gozar más de la vida’?

¿Qué haría cada uno -me pregunté, ya despierto- de tener realmente esa posibilidad?

8

La pesadilla en la que yo le robaba (le traspasaba, en realidad) años de vida a mi madre, hizo que mi curiosidad por el King escritor creciera.

¿Tan terrible podía ser su influencia?

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Removiendo entre los escombros de la Red, di así con una entrevista en la que le preguntaban si alguna vez había pensado en visitar a un psiquiatra.

«No creo necesitarlo. Lo que haces en un psiquiatra es pagar 70, 90 dólares por hora para deshacerte de tus miedos. Yo los pongo sobre el papel y la gente me paga. No está mal.»

10

En otra no dudaba en criticar a su país y abordar ciertos aspectos políticos: «Me avergüenzo de ser estadounidense.»

«Todo el mundo debería pagar impuestos según sus ingresos. A mí me gusta pagarlos solo para buenas causas, y no para sufragar guerras en Irak, que fue la más estúpida del mundo. En ese sentido, encarno el sueño americano, aunque sin un Cadillac.»

«Es vergonzoso que se vendan [armas semiautomáticas], pero el lobby de la Asociación Nacional del Rifle trabaja para los fabricantes de armas y se basa en la fantasía de que EE UU es como hace 50 o 60 años. Dicen que las muertes de niños son el precio a pagar por la seguridad. La cultura pistolera forma parte de la cultura americana, pero odio eso, me repugna. Luego dicen que por qué nunca vengo a Francia o Alemania: porque son civilizados, y yo siento vergüenza de ser estadounidense. Amo a mi país, pero está lleno de basura.»

Y se mostraba como un tipo llano y sencillo:

«Crecí para contar historias y entretener. En ese sentido creo que he sido un éxito. Pero el día a día es mi mujer diciendo: “Steve, baja la basura y pon el lavaplatos”.»

11

Irremediablemente infectado, letra-herido, tuve la suerte de llegar a encontrar una descarga gratuita de Mientras escribo (pésima opción como título; el original es On writing).

Si Kennedy me había llevado al rey de la literatura chatarra («Soy el equivalente de un Big Mac con fritas»).

Mientras escribo me permitió descubrir al otro King que muy pocos conocen: un tipo humilde, inteligente, con los pies sobre el suelo, un genial humor y con mucho que decir sobre el acto de escribir.

12

Sería necio acometer un resumen o intentar exponerlo con mis palabras.

De hecho -salvo la sexual acaso- ninguna introducción debería ser tan larga. (Perdón por el símil ambivalente.)

Transcribiré por eso, simplemente, el inicio. El resto dependerá de cada quien. 

Que se diviertan.

Como me sigo divirtiendo cada vez que vuelvo a leer este raro, divertido y utilísimo libro.

13

«A principios de los años noventa (es posible que en 1992, pero la diversión no se lleva bien con la memoria) formé parte de un grupo de rock con mayoría de escritores. Los Rock Bottom Remainders eran una idea de Kathi Kamen Goldmark, publicista editorial y música de San Francisco.»

[…]

«Tocamos por amor a la música, pero también a la amistad. Nos llevamos bien y agradecemos la oportunidad, aunque solo sea de vez en cuando, de hablar del oficio que compartimos, el de verdad, el que nos aconsejan constantemente que no abandonemos.

Somos escritores, pero evitamos preguntarnos mutuamente de dónde sacamos las ideas. Sabemos que no lo sabemos.

Una noche, cenando comida china antes de una actuación en Miami Beach, le pregunté a Amy si había alguna pregunta que no le hubieran hecho nunca después de la típica conferencia; la que no hay manera de que te hagan estando delante de un grupo de admiradores y fingiendo que, a diferencia del común de los mortales, tú no te pones los pantalones primero por una pierna y luego por la otra.

Amy se lo pensó mucho y contestó:

Nunca me preguntan nada sobre el lenguaje.

Le estoy enormemente agradecido por la respuesta. Yo entonces llevaba más de un año dándole vueltas a la idea de hacer un librito sobre la escritura, pero no acababa de lanzarme por falta de confianza en mis motivaciones.

¿Por qué tantas ganas de escribir sobre el acto de escribir? ¿A santo de qué me creía capaz de decir algo interesante?

La respuesta fácil es que alguien que ha vendido tantas novelas como yo tiene que tener alguna opinión interesante sobre su elaboración, pero las respuestas fáciles no siempre son verdad.

El coronel Sanders [el fundador de Kentucky Fried Chicken] vendió cantidades ingentes de pollo frito, pero no estoy muy seguro de que a nadie le interese saber cómo lo hacía.

Yo tenía la sensación de que querer explicarle a la gente cómo se escribe era una impertinencia demasiado grande. Lo diré de otra manera: no quería escribir algo, corto o largo, que me diera la sensación de ser un charlatán literario o un gilipollas trascendental. No, gracias; de esos libros (y escritores) hay ya bastantes en el mercado.

Amy sin embargo, tenía razón: nunca te preguntan por el lenguaje.

A un DeLillo, un Updike, un Styron, sí, pero no a los novelistas de gran público.

Lástima, porque en la plebe también nos interesa el idioma, aunque sea de una manera más humilde, y sentimos auténtica pasión por el arte y el oficio de contar historias mediante la letra impresa.

Las páginas siguientes pretenden explicar con brevedad y sencillez mi ingreso en el oficio, lo que he aprendido acerca de él y sus características. Trata del oficio con que me gano la vida. Trata del lenguaje.

Se lo dedico a Amy Tan, que me dijo con palabras sencillas y directas que valía la pena escribirlo.»

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HjorgeV 02-02-2014

http://biblioteka.teatr-obraz.ru/files/file/English_cinema/Stephen_King_On_Writing.pdf

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