ROGER SMITH: «DIABLOS DE POLVO»

POR SUERTE, NIETZSCHE

Me suele pasar de vez en cuando que, así como hay otros días en que me exige una cerveza bien helada o un buen cebiche, el cuerpo me exige una buena novela.

De ser posible, del género negro.

Pero, ¿qué decir de un prometedor ejemplar de 338 páginas que empieza muy bien y se desinfla en la página 24?

Con una frase de Nietzsche mal traducida en el colofón, además.

Me ha sucedido con Diablos de polvo de Roger Smith (Johannesburgo, 1960).

Pedí la novela por correo tras toparme con un más que magnífico adelanto en PDF.

(De la editorial Es Pop, ‘El Pulpo’ en castellano: también una alusión a la cultura pop, interés confesado de esta interesante editorial mallorquina.)

Diablos de polvo, tercera de las seis novelas que lleva escritas Smith, empieza con sexo infiel, un hombre asesinado y una mujer que se salva de morir en el mismo ataque a su amante.

Aparece luego su esposo, Robert Dell, hijo del captor de Mandela en la novela:

-Yo metí en la trena el negro culo de Nelson Mandela. Tienes delante de ti el motivo de que fuera a la cárcel. Cambié el curso de la historia y ni una sola palabra de las que he dicho es una puta mentira.

Pronto el automóvil en el que viajan los Dell con sus dos pequeños hijos es embestido por otro vehículo en la ladera de una montaña y se precipita al vacío.

Robert Dell se salva por no llevar puesto el cinturón de seguridad justo en el momento de la embestida y queda colgando al borde del precipicio.

Hasta allí, la lectura es trepidante y de una prosa precisa, cautivadora. 

Pronto, también, la novela se convierte en una persecución múltiple: una caza del hombre.

Ocurre alrededor de la página 24 y se mantiene así -como una caza y muy poco más- durante más de 300 páginas.

Una pena para un comienzo tan prometedor.

Bien.

El humano es un ser ávido de saber cómo viven y piensan los demás.

Lo demuestran las cifras de ventas de las revistas del corazón. Nos guste o no: la curiosidad por la vida de los demás es un hecho universal.

Las novelas de Roger Smith nos permiten adentrarnos, de la mano de un narrador nato, en Sudáfrica, un mundo que (los demás) solo podemos intuir.

Lo anuncia el reclamo de la contraportada:

La distancia entre Ciudad del Cabo y Zululandia no se mide en kilómetros, se mide en siglos.

Ahora bien, ¿puede sostenerse una buena novela solo en sus excelentes primeras páginas y en el hecho de que nos pasemos un tercio de nuestras vidas fisgando (con mayor o menor recato, elegancia o sinvergüencería) en las vidas de los demás?

Obviamente, no.

Y más aún (o menos) para un autor como Smith, ganador del Krimi des Jahres (‘Novela negra del año’) del 2009 acá en Alemania.

Y segundo en el Deutscher Krimi-Preis (‘Premio alemán de novela negra’) del 2010. Ambos, por Mixed Blood (2009), su primer novela.

Como lector, poseo un gran defecto: no suelo poder con otros escenarios que no sean los de Chandler, Grisham, Scarpetta, Connelly o Ellroy.

(Stieg Larsson lidera una corta lista ‘disidente’ en la que también están Le Carré, Markaris y un escaso puñado de novelistas en nuestra lengua.)

De modo que agradezco el descubrimiento de cualquier buen autor que me permita olvidar ese defecto ‘escenográfico’.

Obviamente, no es una cuestión de escenarios, de país, gentes o modos de vida.

Un buen escritor no tiene patria, para empezar.

Me lo acaba de demostrar otro autor que conocí a través de esta misma editorial:

Neil Cross (Bristol, 1969), el creador de la serie Luther, gran éxito de audiencia de la BBC, y autor de la novela homónima.

Por Cross me he sentido ‘cómodo’ en Londres.

Con Smith he podido ‘pasear’ por los paisajes y siglos que menciona el reclamo de la contraportada.

Tal vez este sea el mayor logro de Smith. Turístico, en el fondo; si se quiere.

Por lo demás, me quedo (contento) con esas 24 páginas iniciales y con una frase de Nietzsche que aparece como colofón y, curiosamente, con una errata (‘Pero ningún privilegio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo’), aunque sin ella en el portal de la editorial:

«El individuo ha luchado siempre para no verse absorbido por la tribu. Si lo intentas, a menudo estarás solo, y a veces asustado. Pero ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo.»

.

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HjorgeV 23-02-2014

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