¿Y SI HITLER VIVIERA HOY?

Acabo de escuchar uno de los discursos de Hitler (de casi una hora).

He llegado a ello tras leer una entretenida reseña de:

Hitler, 1889-1936, la primera parte de la biografía de uno de los mayores asesinos en serie de la historia, obra del historiador británico y hitlerólogo Ian Kershaw. 

(Formado originalmente como medievalista y profesor de Historia Medieval de Mánchester, Kershaw empezó a interesarse por el campesinado alemán durante la Edad Media y, en consecuencia, a aprender alemán para profundizar sus estudios.

Se dice que en una visita que hizo a Baviera en los años setenta, un anciano le reprochó amigablemente que su país no se hubiera aliado con los nazis:

«¡Hoy dominaríamos juntos el mundo!»

A raíz de esa experiencia, Kershaw habría cambiado entonces el rumbo de sus estudios.)

Mi personal interés por Hitler (además de vivir en este país que es el de mi esposa y de mis hijos, y mi segunda patria, aunque no fue el de Adolfo) radica en una serie de preguntas que conforman una cuestión principal:

¿Sería posible Hitler hoy?

¿Qué hay en la naturaleza humana y qué fuerzas o influencias en una sociedad podrían hacer posible la existencia de un fenómeno como Hitler?

De ser posible un Hitler hoy, y ya que conocemos su terrible efecto devastador, ¿a qué llegaría con toda la tecnología moderna, tanto bélica como de comunicaciones, a su disposición?

Lo que más me ha impresionado del discurso:

La serie de estupideces, mentiras e imposibles, simples inventos, pamplinas, lugares comunes, verdades infladas, contradicciones y hueca retórica que Hitler va sumando -a la vez que se inflama- con cada nueva frase.

Es, sencillamente, apabullante, increíble. Un discurso chiflado.

(No es casual que su figura siga siendo una de las más parodiadas de la historia.

Se haría lo mismo con los discursos de los religiosos de existir mayor libertad de expresión, me imagino.)

Inmediatamente me asalta una convicción:

La de que si Hitler se presentara en cualquier plaza o salón de Europa con más o menos el mismo atrevido -pero adaptado/actualizado- discurso, encandilaría a las masas hoy como lo consiguió entonces.

¿Por qué?

Porque son más o menos las mismas sandeces (solo que él lo hacía a pecho descubierto y sin pelos en la lengua) que propagan políticos, partidos políticos, diversos personajes y una ristra de energúmenos con acceso -y sin él- a los medios de comunicación.

Por lo demás, ¿las masas -el ser humano mismo- acaso han cambiado?

Hitler sería como todos esos demagogos, tergiversadores, simples mentirosos y populistas que pululan en las páginas de los diarios y de la Red, y que se presentan como salvadores del caos actual.

La diferencia radicaría en el carácter masivo y totalmente inescrupuloso de Hitler. 

Si la gitanofobia actual, por ejemplo, se encubre bajo el argumento “de que ni siquiera hay para nosotros”, además de cierta “natural” antipatía, Hitler propondría simplemente un referendo para dirimir en las urnas quiénes están a favor o en contra de los gitanos. 

Así de vago (¿qué es «estar en contra de los gitanos»?) pero contundente sería su planteamiento.

Y luego, de ganar la consulta popular, plantearía una “solución”.

«Tengo la suerte», dice en una parte del discurso de marras, «de que los ingleses hayan aceptado una guerra que ellos mismos decían detestar, y la fortuna de que yo sea quien la pueda dirigir». Siguen aplausos. 

Como si la guerra fuera un partido de fútbol o una pelea de boxeo sin mayores consecuencias, salvo alguna nariz rota o un hematoma.

¿Nos asombramos?

Con esa misma lógica, actúan muchos de nuestros gobernantes actuales: 

Los mismos que apoyaron las invasiones a países cuya suerte ha dejado de interesarnos.

Los mismos que mintieron y aceptaron las mentiras (aún impunes) de otros gobernantes para poder invadirlos.

Los mismos que siguen exportando armas que hace a Europa más rica, pero más peligrosas y pobres otras regiones y países enteros.

Los mismos que, luego, cuando los grandes negocios fallan o el fraude es masivo, arropan a los bancos como si hacerlo fuera lanzarles una flor y no millardos de euros de la caja nacional común.

Como si los bancos fueran patrimonio de todos.

Millardos de euros que luego faltarán para cumplir con objetivos y deberes elementales comunes como el fomento de la educación y la solidaridad con los desfavorecidos (desempleados, enfermos, nacidos con malformaciones, accidentados), para poner solo dos ejemplos.

La actitud de Europa (como Opinión Pública) respecto a la inmigración africana sería uno de los temas que Hitler aprovecharía hoy para hacer campaña. 

Solo que mientras los políticos y policías de hoy se limitan a usar pelotas de goma y vallas cortantes (como en Melilla).

Y leyes (como las italianas) que criminalizan la ayuda a moribundos en alta mar, contraviniendo el elemental deber de auxilio.

Hitler utilizaría directamente cañones y, de no servir esto, propondría sencillamente una invasión.

¿Exagero?

Me atrevería a decir que «Hitler hoy» ya no es una ficción de novela negra, negrísima. 

Está incubándose en la mente de millones de europeos pauperizados por gobernantes irresponsables, y cuya única capacidad de respuesta ante los problemas y la crisis es ceder acríticamente a la manipulación populista.

El asunto es mucho más complejo, pero sospecho que el caso de Francia no es casual. 

El partido de Marine Le Pen, por ejemplo, gran triunfador en las recientes elecciones municipales del país galo, ya ha propuesto «concentrar en campos» a los gitanos.

¿Algún gobierno o político mayor se ha quejado?

¿Por qué tendría que ser el nuevo Hitler necesariamente un hombre?.

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HjorgeV 11-04-2014

One thought on “¿Y SI HITLER VIVIERA HOY?

  1. Yo creo que Hitlers hay muchos hoy en día. De hecho, siempre los ha habido. La pregunta, como bien señalas, es si uno de ellos será capaz de encandilar a las masas como lo hizo el Hitler original. Mi respuesta es que sí, y ya lo están haciendo. Pero la diferencia es que los Hitlers de hoy saben muy bien lo importante de cuidar las formas: nada de uniformes militares, no exagerar el histrionismo, y lanzar discursos igual de vacuos y populistas, pero llenos de aparentes buenas intenciones. No creo que lleguemos a ver otro Auschwitz, pero persecución y violencia, sí. ¿Y cómo pararlo?
    Saludos.

    Hola, Bat Boy: Siguiendo la misma línea, los nuevos Auschwitz han seguido existiendo también, solo que mucho más discretamente y llenos de aparentes buenas intenciones, como bien indicas. Ahí siguen Guantánamo y la serie de campos para refugiados de guerras actuales y otras no tan lejanas. Sabra y Chatila se me viene a la memoria. La propaganda correspondiente los convierte en un gesto de salvación cuando le conviene a Occidente. ¿Cómo pararlo? Educación, educación, más educación. Cultura, más cultura. No se conoce mejor método. Saludos desde Alemania. HjV

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