LADRONES DE BICICLETAS

Entre el colegio de mis hijos y la cancha de mi club de fútbol (juego en los Alte Herren, ‘señores mayores’, y entreno dos equipos infantiles) existe una esquina con contenedores para botellas vacías y papel usado.

Es usual reciclar en este país. Cada hogar dispone de hasta cuatro barriles diferentes. Todos ellos colocados, por lo general, junto a la entrada de la casa.

La zona que menciono es un pequeño bosque a los dos lados de un arroyo.

Suelo usar esos contenedores para ahorrarme tener que hacer un desplazamiento mayor innecesario.

La última vez me asombré por la cantidad de basura no permitida que encontré, además de otros objetos.

Sucede que vengo de Lima.

Muchas veces tengo que escuchar comentarios sobre la pobreza y la suciedad de mi ciudad de origen.

Suelo replicar que no creo que la pobreza se elija. (Otro golpe de dados y los turistas serían los otros.) Muy pocos se muestran de acuerdo.

Por otra parte, creo que existe cierta generalizada creencia de que el ornato de una ciudad va de la mano o depende directamente del grado de ‘cultura’ de sus habitantes.

Bien.

Si es así, ¿cómo se explica que las calles del centro de Colonia estén -casi literalmente- tapizadas de chicles usados y colillas de cigarrillos?

Y, ¿cómo, que en ese rincón más o menos apartado, los vecinos (más del 95% de alemanes) suelan dejar basura y objetos de los que, simplemente, desean deshacerse?

(Un letrero anuncia que existe una cámara de vigilancia y que a los infractores les espera una fuerte multa.)

Se suele creer que en Alemania se respetan las normas.

Sin embargo, pocos saben que existen una serie de ellas que nadie respeta.

Los ciclistas, por ejemplo, incumplen las reglas de tránsito a placer y masivamente. A la vista de todos. En la zona netamente urbana donde vivimos, por otra parte, nadie respeta la velocidad reglamentaria de 7km/h.

Otro ejemplo: a diario desaparecen miles de bicicletas por toda Alemania; solo en Hamburgo unas 40. Cada día.

¿Es la ‘cultura’ de los habitantes de este país veleidosa, caprichosa, selectiva?

¿O sucede, simplemente, que la gente delinque en mayor o menor medida allí donde no se siente observada, como en el rincón que mencioné al comienzo?

Otro caso.

Los criminales de cuello blanco (y eso no solo acá en Alemania) suelen ser tratados con mayor permisividad que los delincuentes comunes callejeros.

Y eso, a pesar de que el daño causado por los primeros es inmensamente mayor.

Lo dejo para los estudiosos.

Me despido con:

1) un sueño que tuve: un tipo que se dedicaba a acumular las bicicletas que robaba cada noche al salir de algún bar.

Lo apunté alguna vez. Quedó como una historia para ser continuada: La ciudad de las bicicletas.

2) Mi primer paseo en Colonia -mi segunda patria- fue, precisamente, en bicicleta. Lo hice a comienzos de un octubre bastante lejano, en el otoño de este país y armado de un plano de la ciudad.

3) Acabo de leer que unos ingenieros chilenos han patentado una bicicleta inrobable:

http://www.nadiemelaroba.cl/

Y, finalmente:

4) Uno de los mejores filmes que recuerdo es Ladri di bicicletteLadrones de bicicletas de Vittorio de Sica.

Vi la película en un cine-club limeño, de esos a los que asistían una veintena o treintena de personas y a la semana siguiente ya no existían.

Qué tiempos.

¿Me fascina la bicicleta?

En mis tiempos de estudiante en Colonia (finales del siglo pasado) manejé unas dos horas diarias.

Con lluvia, granizo o nieve.

En bicicleta recorrí no hace mucho 12 kilómetros con mis dos hijos varones para ver un partido de fútbol.

La pasamos bien. Llovió solo un poco.

En el camino recogimos cebollas de un campo que acababa de ser cultivado.

Recordé mis días de adolescente sobre la bicicleta de mi primo (mi madre no podía comprarme una).

La guiaba sin manos, imaginando que volaba.

Completamente seguro de que no podía pasarme nada.

Qué días.

Qué ingenuidad.

.

.

HjorgeV 02-09-2014

One thought on “LADRONES DE BICICLETAS

  1. Fascinante post, yo siendo mexicano tenía la idea de que podría ser mejor que aquí en esos aspectos y, en efecto, creía que los efectos culturales se deberían ver reflejados en eso que comentas. Aquí me desagrada y me desanima tanto la deshonestidad y la burla que se hace de las leyes de todo tipo, desde las de vialidad, urbanidad, convivencia, hasta las de ortografía.

    Mi cuñada se va a Alemania con su marido (alemán) el siguiente mes y creo que debe tener una idea similar a la mía, espero no se de con un palmo de narices.

    PD: Gran idea la de “La ciudad de las bicicletas”

    Hola, Ezequiel. Tu mensaje me ha sorprendido. Gracias. De Alemania me interesa también lo que no se ve ni se conoce. Como con la gente, es usual juzgar a alguien por su apariencia. Sería interesante saber cómo le fue a tu cuñada. Que estés bien. Saludos para esa tierra mexicana que tanto admiro. HjV

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