STEPPENWOLF: «BORN TO BE WILD» (1967)

LOBO ESTEPARIO, NO TAN SALVAJE

Su verdadero nombre es Joachim Fritz Krauledat y ahora se dedica a filmar aves silvestres.

De niño, cuando vivía en Hanóver como refugiado de guerra y escuchaba la emisora de las fuerzas británicas, su ídolo era Little Richard.

De Hanóver la familia emigró a Toronto y allá Joaquín fundó Sparrows (el bajista era otro emigrante de su país, Karl Klaus Kassbaum), grupo que se convirtió en Steppenwolf (‘lobo estepario) cuando llegaron a California.

Eso fue en 1967, cinco años después de la muerte de Hermann Hesse, el autor de la novela El lobo estepario.

La banda de Krauledat se hizo mundialmente famosa apenas dos años después, con Born to be wild: el tema que abre, con Henry Fonda y Dennis Hopper sobre sus Harleys cruzando un puente de la histórica Ruta 66, la película Easy Riders.

Pura vida.

Con su chaqueta de cuero y sus lentes oscuros sobre el escenario, Joachim Fritz Krauledat (Tilsit, Alemania, 1944) corporizaba la imagen del rockero duro al borde de la ley.

Pero los lentes se debían a su acromatopsia: pues era y sigue siendo oficialmente ciego.

(El color de las aves silvestres se lo tiene que decir su esposa.)

Además, nunca ha manejado una moto (por su defecto visual, precisamente).

Y esa esposa es Jutta Maue, su novia desde 1965, también huérfana de padre por la guerra y emigrante como él.

Salvajísima vida. Para la que escogió otro nombre: John Kay.

Tras el ascenso meteórico gracias a Easy Rider, Krauledat/Kay tuvo que emprender una larga y tediosa marcha de conciertos a lo largo y ancho de EEUU con la banda repartida en dos automóviles.

Años de pasar solo dos semanas con la familia y el resto del año recorriendo cuchitriles y lamiendo escenarios miserables:

-¿Tú eres John Kay? -le gritaban-. ¡Ja!, ni hablar. ¡Kay nunca pisaría un hueco de mierda como este!

Lo redimió Little Richard, nadie menos, en un encuentro casual en Hollywood.

«Hey, ¿no eres tú John Kay?», le preguntó su viejo ídolo a la salida de un ascensor. «Hombre, déjame que te diga que tienes una de las mejores voces del rock and roll.»

Permítanme ahora un salto en el tiempo.

De niño (Joaquín tenía cinco años, cruzaba la frontera para escapar a occidente, tosía y gritaba cuando le daba el sol en los ojos) le dijeron una frase que se le quedó grabada:

-¡Baja la cabeza, sino te disparan!

Veinte años después, hizo una canción con esa frase.

Quiero imaginar que así reaccionó también a la salida del ascensor:

Bajando la cabeza, con el anillo del padre caído en la guerra aún puesto en uno de sus dedos.

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HjorgeV 12-09-2014

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