UN SOLO DE MANOS

Tal vez la escritura no sea mucho más que esto:

Pescar a las palabras en un momento determinado de su propio caos, como quien pesca -sin querer- a alguien desnudándose.

O su gesto al tomarse el último café o vino (o cerveza) de su vida, sin saber que será el último.

*

Sorprender a las palabras como se captura a alguien en una pose ideal, en una posición determinada, mágica: un algoritmo, la fórmula reveladora que nos conduce al elixir mayor.

Porque vuelves a buscarlas cuando ya ha pasado el instante exacto, y no puedes dar con la misma distribución o pose, como esa fotografía o idea que tienes en la mente y no puedes concretar.

*

Tal vez un escritor no sea nada más que un simple fisgón, aprendiz eterno.

Alguien que a fuerza de acercarse a las palabras para retratarlas, buscando sus mejores poses y composiciones, termina desarrollando cierto sentido de su orden y de su caos.

Como un fotógrafo: que dibuja con la luz y aprende a servirse de ella para retratar como lo concibe en su mente.

*

Me estoy dirigiendo, como cada fin de mes, religiosamente, a Ehrenfeld, un antiguo barrio de Colonia, para enviar dinero a Lima.

Parece de ‘ciencia ficción’, pero en plena era digital y de megamillonarios lavados de activos y transferencias de dinero negro por todo el planeta, quien desea enviar apenas un par de cientos de euros al otro lado del charco no lo tiene fácil.

Un cartel publicitario en una estación del tranvía llama mi atención.

Es un reclamo; linda palabra, porque eso es lo que hacen justamente esos carteles: reclamar tu atención, como si fuera tu obligación prestárselas.

«Si tuviera varias vidas«, dice el cartel, «las viviría todas en Colonia».

Primero pienso que alguna marca de cerveza (de las 30 que tiene esta ciudad) ha dado en el clavo. Pero, no, es el lema publicitario de un whisky.

Genial, me digo. Como estúpidos que somos, siempre pueden vendernos cualquier cosa con un buen cuento. Y este lo es.

*

Pero a mí no me gusta el whisky. O apenas.

En cambio, sí me place imaginarme otras vidas. Ese: «Qué habría sido si hubiera…»

Me fascina esta ciudad, pero dudo que volvería a repetir.

Una ciudad, me dijo un gran amigo muy temprano, es la gente que dejas y conoces en ella.

Y yo , como muchos, dejé varios vástagos, pequeños inicios truncos, en algunas ciudades.

*

Dejé uno en Múnich, por ejemplo, al pasar una sola noche allí y decidir continuar viaje a la mañana siguiente.

(Venía de París y esa anécdota es increíble, porque en una ciudad de un millón y medio de habitantes, me crucé con un conocido de Lima en una de las estaciones del metro. Esa persona que solo conocía de vista de la universidad terminó prestándome esa misma noche su departamento, mientras que él se iba al de su novia.

Tal vez no hice bien siguiendo mi camino. Pero sospeché que tanta suerte junta no podía volver a repetírseme en un mismo lugar.)

*

Dejé varias vidas en París, también.

La primera: cuando llegué por primera vez a la Ciudad Luz con más ilusiones que equipaje.

La segunda: cuando descubrí que existía un gran monstruo que la habitaba debajo y un indigente me susurró al oído con su aliento alcohólico que si alguna vez pasaba hambre podría dedicarme a recoger botellas para sobrevivir.

La tercera: cuando pude haber regresado después de dejarlo todo por un amor eterno que me había llevado a permutar París por Colonia, pero su eternidad solo duró un par de semanas.

*

Podría haber vivido también en Hamburgo, la ciudad natal de mi primera esposa y en la que recibí mi primer Año Nuevo alemán caminando por la nieve con mis mocasines limeños pelándome de frío.

O en Barcelona: una ciudad en la que me he imaginado escribiendo; que es como decir jugando al lado de Messi.

Estuve también hace mucho en Madrid, invitado por una germano-española (o hispano-alemana) que echó a perder todo el encanto de nuestro primer e inesperado encuentro erótico al prevenirme que tenía un forúnculo en el final de esta última palabra.

Tal vez ni lo hubiera notado con el bello cuerpo que tenía.

*

Berlín podría haber sido otra de mis ciudades.

He pasado un par de veces por ahí y en una de ellas, andante solitario, entré a un café y me topé con una chica con la que había (casi literalmente) aterrizado sobre dos colchones en el departamento de una compañera de estudios (la tercera en aterrizar) debido a una fuerte lluvia que nos había llevado a pasar la noche allí.

(Después supe que ese encuentro había sido planeado por ellas.)

-Ahora tengo novio -fue lo primero que me dijo al volver a vernos.

*

Al día siguiente, sintiéndome demasiado pequeño en la ciudad que dividía al mundo en dos, llamé a un número que me había dado alguien que sabía que me iba a Berlín a hacerle una entrevista al chileno Skármeta (algo que ni yo mismo me creía y que tampoco llegué a intentar).

Me contestó una berlinesa. Y terminó preguntándome si me gustaba el cine.

Unas horas después, en la oscuridad de un cinema de su ciudad, permitió que tomara sus manos: que era todo lo que yo me había deseado al verla.

*

Abrumado porque mi deseo se había cumplido instantáneamente, sentí temor de echar a perder cierto engranaje mayor si añadía algún deseo más. Así que le dije que me iba al baño y me levanté.

Ella tal vez ya no recuerde a ese desconocido que se contentó con un simple contacto de sus manos y se fue, además, cuando aún no había terminado la película.

No recuerdo la película ni la trama ni el bello rostro de la berlinesa. Pero sí ese contacto. Ese solo de manos.

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.

HjorgeV 24-11-2014

2 thoughts on “UN SOLO DE MANOS

  1. Me gusta el concepto de lo que podríamos haber sido, tal vez te copio y me hago una entrada similar en mi blog, tengo varias situaciones que se me ocurren. A París no lo tengo en mi lista. La ciudad de la luz no es de mi agrado, me recuerda a mis abuelos: clásica, católica y vieja. Los edificios antiguos y esta moda que no cambia nunca me llaman. Lo que sí estoy disfrutando son los vinos.

    Coincido totalmente con lo que dices “Parece de ‘ciencia ficción’, pero en plena era digital y de megamillonarios lavados de activos y transferencias de dinero negro por todo el planeta, quien desea enviar apenas un par de cientos de euros no lo tiene fácil.” Es un robo, debería ser muy barato hacer estas transferencias en la era digital.

    Saludos hasta Colonia.

    Hola, Dano. Gracias por tu comentario. Me gustó eso de “clásica, católica y vieja” como tus abuelos. Te apuesto que lo mismo dirán de nosotros nuestros hijos y nietos. Solo es cuestión de tiempo. Ja, ja. Que estés bien. HjV

  2. Me parece ingenioso el repaso que das a ciudades visitas por ti, más de una termina en un “interruptus”. Yo, de las que visité, (han pasado ya años y años de ello) recuerdo una ciudad que, aún hoy, me dan ganas de llorar cuando recuerdo el día en que a ella llegué: Augsburg. En Colonia me llevaron a la estación y me entregaron un papelito que indicaba donde había de bajarme del tren. Me apeo del tren justamente donde veo una escalera, encima de ella hay un letrero: “Ausgang”. El tren sigue su marcha y yo quedo hecha un valle de lágrimas en aquel andén de “Ausgang”. ¡Mi destino era Augsburg!
    Saludos desde Múnich.

    Hola, Grama. Me has hecho reír con tu anédota, a pesar de las lágrimas, las tuyas, de entonces. Parece un buen (y tierno) chiste. Y es que también existe ese chiste de cuál es la ciudad más grande de Alemania: ‘Ausfahrt’. Saludos por allanga y gracias por tu simpático mensaje. Que estés bien. HjV (Para algún/a interesado/a: Ausgang es salida. Y Ausfahrt salida de la autopista.)

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