CIUDADES, SERES, RAMIFICACIONES, CONVERGENCIAS

Releyendo El jardín de senderos que se bifurcan me he quedado pasmado frente al siguiente fragmento:

Creía en infinitas series de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempos divergentes, convergentes y paralelos. Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran, abarca todas las posibilidades. No existimos en la mayoría de esos tiempos; en algunos existe usted y no yo […] en otro, usted, al atravesar el jardín, me ha encontrado muerto […] El tiempo se bifurca perpetuamente hacia innumerables futuros. En uno de ellos soy su enemigo.

Dentro de poco, y después de varios años, visitaré mi ciudad de origen, al otro lado del Atlántico, en otro continente.

(Un alemán diría Ich fliege nach Hause: Vuelo a casa. Puede tener hijos, su propia casa y familia. Pero cuando un alemán va a visitar a sus padres, suele decir: Me voy a casa.)

Un escritor jerezano ya dijo que un viaje preparado meticulosamente no es un viaje, es una excursión. Y si te vas directamente, sin preparar nada, es una huida.

Suelo recorrer mentalmente mi ciudad ausente. Me imagino en sus esquinas y avenidas, contemplándome a mí mismo, en una especie de ejercicio de nostalgia-ficción.

Esta vez quiero caminar mi ciudad, simplemente caminarla: recorrerle los lugares de mi infancia y juventud como quien toma un antiguo álbum de fotos en sus manos o acaricia viejas muñecas y se deja llevar por sus recuerdos.

Imaginándome que he podido estar todos estos años por esas calles, avenidas y parques de haberme quedado en mi ciudad de origen.

Porque no solo en las ficciones, también en la vida:

Cada vez que una persona se enfrenta a diversas alternativas y se decanta (o su entorno y su historia la decantan, más bien) por una opción, está desechando todas las demás posibilidades.

En la cosmogonía usual, se supone un pasado cuyo origen es una muñeca rusa de misterios:

Porque se explica un misterio (la vida, el universo) con otro misterio (un dios).

(Curiosamente, así resulta que, mientras la ciencia -que aspira a la exactitud- acepta la incertidumbre y el desconocimiento sobre nuestro origen; la religión -filón mitológico por excelencia- se inventa una verdad absoluta.) 

Por otra parte, aunque el presente esté ramificándose permanentemente, también están las convergencias.

Tomemos a alguien que está decidiendo entre quedarse o marcharse de su país, por ejemplo.

Supongamos que escoge esto último y que, al empezar a elevarse su avión, este cae.

Esa persona regresaría a los elementos, a la tierra, al polvo del que provino y así su camino convergería, vamos a decir, con la versión que decidió quedarse.

Estamos hechos de todos esos diversos porvenires, caminos que proliferan y se bifurcan (y eventualmente se unen) aunque solo nos sea permitida una única ruta en la vida real.

Tal vez en uno de ellos, como en el cuento de Borges, incluso yo mismo resulte mi enemigo.

O quizá ese sujeto harapiento, greñoso y desaseado que me ha quedado mirando y descubre que se parece bastante a mí mientras me pide una limosna en la terraza del “Haití”, sea uno de los futuros que dejé al dejar mi patria.

Uno que bien podría haber sido yo de no haber tenido tanta mala suerte en su vida.

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HjorgeV 02-12-2014

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