EVASIONES COTIDIANAS

Primero tuvo que ser el sueño de poder llegar alguna vez hasta las lejanas colinas que se dibujaban en el horizonte y tener el valor de arriesgarse y perderse detrás de ellas.

Tal vez por los problemas que acuciaban en el clan o en la cueva. O por hambre. También de aventura.

El niño cree poder esconderse detrás de una hoja de papel. O cierra los ojos con el mismo fin.

A los adultos nos falta fantasía para escabullirnos de forma tan sencilla de la realidad. (O no somos tan canallas.)

Preferimos no contestar el teléfono. Caminar sin mirar a los lados. Encerrarnos en nuestra cúpula. Ignorar al desconocido.

Para otros, lo primero de lo primero tuvo que ser el mar. Llegar alguna vez hasta esa línea difusa y ondulante del horizonte.

Tal vez en la creencia de que se trataba de una línea concreta: una meta como las que nos trazamos a diario sin saber que todo es irremediablemente flotante y ondula.

Después el hombre -y menos la mujer- empezó a fumar y se hizo común salir a comprar cigarrillos.

Muchos lo aprovecharon como pretexto y no volvieron.

O, demasiado cobardes para huir, se resignaron a regresar e inventarse metódicamente sus vidas a diario mientras vivían la que les había lanzado el Dado Supremo.

Más contemporáneamente, el turista es el evasor, el fugitivo profesional por excelencia.

Pero también el más comodín o cobarde.

Porque su salto/fuga es con red: con tarjeta de crédito para los gastos y vuelta segura a casa.

Para engañarse y soportar mejor el suelo que tiembla bajo los pies, también están las evasiones que nos prestan el alcohol y otras drogas.

Préstamos -lo sabemos y lo ignoramos a la vez- que pueden llegar a exigir más de un ojo de la cara como forma de pago.

(No hay que ser expertos en taoísmo -en el yin y el yang- para entender por fin que a toda borrachera le corresponde su respectiva resaca.)

El hombre -o la mujer- paciente cierra los ojos cuando cae la noche, cuando lo peor del día ha pasado y cree respirar tranquilamente.

Entonces se inicia el reto nocturno de atravesar las tinieblas sin incidencias, sin el atisbo de los abismos cotidianos, sin lo feo de la lucha diaria.

Pero esas oscuridades pueden ser inmisericordes a pesar de pertenecer al patio propio y servirse de su dueño para sus emboscadas.

Y solemos olvidar que esa evasión diaria solo es parte de la principal, aquella que, muchas veces, recién más cerca de línea final que de la inicial, alcanzamos a vislumbrar como un gran viaje inútil.

El suicida se desespera, no lo quiere aceptar y, lanzándose a otra oscuridad aún más desconocida, opta por acortar su viaje.

El que se queda, permanece sin saber quién ordenó huir de qué ni de quién.

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HjorgeV 13-01-2015

One thought on “EVASIONES COTIDIANAS

  1. Feliz año Jorge! Me encantaron tus evasiones cotidianas. Otra evasión cotidiana de este viaje inútil es el trabajo, así no tenemos que plantearnos qué hacer con nuestra libertad. Pero si seguimos en este plan la vida entera es una evasión cotidiana para muchos.

    Ya estoy de regreso de París, oportunamente. Navidad y año nuevo estuve por Alemania, ahora de nuevo en Oxford en la chamba. Un abrazo y lo mejor para ti el 2015.

    daniel

    Hola, Eldano. Mira, qué lujo, poder agradar aunque sea a una sola persona con mis ‘oscuridades’. Gracias mil. En realidad, sigo buscando una forma de soltar todo el bagaje traído de ultramar. Por suerte, ahora me toca hacer limpieza en la casa, que también es una evasión, pero linda, porque los resultados de pasar el trapo son inmediatos (y míos). Saludos hacia Oxford. ‘Jo’é’, cómo te mueves por la naranja celeste, tío. Que estés bien. Un abrazote y un creativo 2015. HjV

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