UN DESEO CUMPLIDO EN EL «HAITÍ»

Había ocupado una mesita en la terraza del Haití

y cerré los ojos para hacer

el ejercicio de imaginarme

un mes después,

ya acá al otro lado del

charco, aquí

de vuelta en casa, y me deseé

poder estar donde estaba en

ese momento.

.

Me lo deseé profundamente, con

los ojos fuertemente cerrados y el fervor de

un niño en Navidad: poder estar en mi ciudad, en esa

terraza del Haití, concretamente. Por

favor.

.

Lo deseé hasta que los ojos me

empezaron a doler y el camarero

se acercó para preguntarme

si todo estaba bien conmigo.

.

Asentí, abriendo los ojos con cara

de estúpido. El 

deseo se me había cumplido.

Obviamente. Le di las gracias

al empleado. Sonrió confundido.

.

Y entonces pensé qué cierto era

aquello de

que bastaba desear profundamente algo

para conseguirlo.

.

Que la mente humana siempre se presta-

ba para todo tipo de

cojudeces después de un par

de buenas cervezas.

.

.

HjorgeV 14-02-2015

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