«UN HAIKU DESBOCADO»

.

Ya había oscurecido.

Por la ventana se asomaban

como animalitos tímidos o languidecientes

los restos de la última luminosidad

de la tarde.

.

Sobre mi escritorio,

caballos desbocados

trataban de encontrar un orden:

uno cualquiera, el que les permitiera

huir por la ventana.

.

¿Por qué no lo intentaban en mi cabeza,

allí donde sí necesitaba 

tanto de orden

como de caos

y toda la energía que emanaba por sus

crines?

..

Finalmente,

olvidé los caballos.

.

Empecé a escribirle a mi

amor imposible,

pensando en que tal vez todo amor

lo sea por naturaleza:

.

como el pasado:

que nunca

termina pero tampoco

existe en el presente.

.

Le escribí imaginándome a alguien

que no

puede escucharnos o ya

cerró su mente para nosotros.

O quizá, sencillamente, nunca existió.

.

«¿No son solo sombras

las que confundimos con

nosotros mismos?», probé.

.

«Ahora sonrío porque

tal vez le estoy escribiendo al

fauno de la Luna

o al pájaro de fuego que

debería habitar esta habitación

ahora que ya han huido

los caballos desbocados.»

.

Pensando en un haiku demasiado

largo y caótico, cerré el documento.

Una ventanita me preguntó si

deseaba guardar lo que acababa

de escribir. 

.

Pulsé «Cerrar sin guardar»,

.

aceptando que un amor imposible

es muy exigente,

que bastan un par de palabras

para insuflarle vida,

para hacerlo posible, real,

tangible.

.

Y no es lo que deseamos,

¿no?,

ni lo más conveniente

para cualquier amor que

quiera presumir de imposible.

.

.

HjorgeV 13-04-2015

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