«CARTA DESDE LA CIUDAD DE LOS ATASCOS»

Estimado Ray A.:

Sonreí con tu último mensaje, en el que me cuentas que los embotellamientos se han vuelto legendarios en tu ciudad.

Lo que no pude contestarte directamente (por miedo a la censura: no tengo ganas de que me confisquen el teléfono o que me corten la línea por meses, pues el gobierno ha empezado toda una fuerte oleada represiva últimamente) es que acá los atascos ya se han vuelto monstruosos, para decirlo de la manera más benigna.

Mencionaste La autopista del sur, ese cuento de Cortázar que ahora parece prehistórico. Recordé el bello comienzo:

Al principio la muchacha del Dauphine había insistido en llevar la cuenta del tiempo

Lo volví a leer. Debo confesarte que queda como un simple cuento de hadas comparado con lo que sucede acá.

Con decirte que llegan a formarse barrios enteros al pie de la carretera. Y lo mismo ocurre dentro del mismo metro, donde se crean comunidades autosuficientes en cada nivel, pues la espera llega a durar varios meses y la policía no permite que los usuarios abandonen las instalaciones subterráneas por miedo al caos en la superficie.

Al comienzo el gobierno no sabía qué hacer con estas nuevas formas de AST (agrupamientos sociales temporales) y solo se concentraba en solucionar los problemas más acuciantes: la falta de comida y agua, la higiene y posibles casos de rebelión.

Mas, cuando el caos se generalizó, los dirigentes de la ciudad permitieron que los supermercados cumplieran sus pedidos por medio de helicópteros, pasando a concentrarse en el control del espeso tráfico aéreo desatado por esos aparatos.

Lo bueno ha sido que lo malo ha traído inesperadas cosas buenas (algo que ha empezado a interesar a una serie de empresas privadas, no solo al gobierno).

Pienso especialmente en las nuevas formas de vida común, ya no concebidas para décadas o “toda” la vida como antes, sino solo para meses o simples semanas, permitiendo a cada quien cambiar de vida sin necesidad de echarle la culpa ni reprocharle nada a nadie.

Las leyes tendrán que cambiar en ese sentido, porque uno ya no sabe cuándo todo puede terminar y simplemente acaba cuando el tráfico empieza a normalizarse y hay que empezar a moverse sin atender a ningún otro tipo de razones que el de aligerar la marcha.

En este punto el gobierno no hace ninguna concesión a nadie ni tolera retrasos.

Es alucinante.

Yo mismo he visto parejas, que bien podrían haber durado años, rotas en plena luna de miel, llorando al pie de la autopista y separándose de la forma más indignante y angustiosa.

Y hay que ver la bajeza humana: las denuncias y acusaciones mutuas, especialmente cuando se perciben sentimientos verdaderos.

Prefiero no hablar más de este tema en particular. Bien sabes cómo temo a la soledad y el gobierno se ha vuelto un estricto cumplidor de sus leyes en este punto.

Lo más difícil -permíteme que te cuente- es cuando sales con tu automóvil, digamos a comienzos del verano, y no llegas a tu destino sino hasta bien entrado el invierno. Eso requiere, no solo toda la logística que podrás imaginar (ropa, alimentos, combustible), sino también una buena relación con tus jefes y tus compañeros de trabajo. No digo ya con tu familia.

Podría continuar, pero prefiero contártelo todo personalmente cuando llegue allá. En todo caso, aunque él se refería a la literatura, debo reconocer que el gran Jorge Francisco Isidoro Luis tenía razón: el concepto de orden definitivo no corresponde sino a la religión o al cansancio.

Bastará decir que esta vez estoy saliendo con un año de antelación, por si tengo la mala suerte de que también me toque un atasco en el metro.

Mi cumpleaños lo pasaré en algún lugar de la carretera al aeropuerto. Piensa en mí ese día.

Es bueno saber que alguien lo hace cuando estás en medio de uno de estos monstruosos atascos, por decir lo más benigno.

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HjorgeV 03-06-2015

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