VIRGINIA WOOLF, NELLY BOXALL, VOLKSWAGUENEAR

Tal vez la verdadera Virginia Woolf fue ella: contestataria y sufriente a la vez, leal y rebelde.

Nellie Boxall: su criada o doméstica, además de cocinera.

Su Nelly.

*

Uno/una nunca es una/uno solo/a. Siempre hay alguien detrás.

Muchas veces es la figura materna o paterna. O un hermano, tía o abuelo.

Luego, cuando aparece una persona disfrazada de amor, esta puede pasar a ocupar ese lugar.

A veces es todo un grupo de personas quienes hablan y deciden por nosotros, y nos representan: entonces llevamos una vida vicaria, como por encargo.

Siempre es así.

El asunto es saber disimularlo. Hacer como si fuéramos nosotros los que dominamos las cosas, el universo, lo poco o mucho que nos rodea.

Las personas hacen planes -reza un proverbio judío- para que dios pueda carcajearse.

*

Nelly hacía unos pasteles fantásticos -entre otras maravillas- en la cocina.

Cuando T. S. Eliot llegó de visita a la casa de los Woolf, después de la excelente comida le rogó a la escritora que Boxall saliera de su lugar en la cocina para poder alabarla.

Nelly fue la criada, doméstica, mucama o sirvienta de los Woolf a lo largo de casi veinte años: desde 1916 (un año después de la publicación de Fin de viaje, la primera novela de Virginia) hasta 1934.

En 1929 la dueña de la casa publicó Una habitación propia, un ensayo en el que concluía que una mujer debía tener su dinero propio, así como una habitación propia, si lo que deseaba era escribir ficción:

A woman must have money and a room of her own if she is to write fiction.

Uno de los textos más citados del movimiento feminista.

*

Virginia también escribía un diario, diarios, cuadernos personales.

Escribiendo en uno de ellos, un día de 1929, se descubre volviendo a hacer una anotación sobre Nelly.

If I were reading this, if it were a book that came my way, I think I could seize with greed on the portrait of Nelly, and make a story -perhaps make the whole story revolve around… her character- our efforts to get rid of her -our reconciliations.

Traduzco a mi manera:

«Si yo estuviera leyendo esto, como si fuera un libro caído en mis manos por pura casualidad, creo que me lanzaría con verdadera avidez a hacer un retrato de Nelly. Y escribiría una historia, tal vez la haría girar toda en torno a su carácter, a nuestros esfuerzos por deshacernos de ella, a nuestras reconciliaciones.»

Los diarios de Adeline Virginia Stephen están llenos de referencias a la mujer que le hacía las camas, la limpieza de los cuartos y baños, que cocinaba y tenía que comer en su rincón de la cocina (y esperar allí sentada sus órdenes durante las largas veladas que organizaba su empleadora para sus conocidos y amigos).

En una de esas anotaciones, la del 6 de enero de 1925, deja constancia de que Nelly ha vuelto a presentar su dimisión. La número 165, se burla:

«And today, for the 165th time, Nelly has given notice -Won’t be dictated to: must do as other girls do.»

Porque Nellie era una mujer que no soportaba dictaduras -por así decir-, como otras mujeres tampoco.

Y luego Virginia añade:

«Anyway, the servant question no longer much worries me.»

*

Quien se tome la molestia de revisar las entradas de la Wikipedia con la biografía de Woolf (por lo menos en nuestra lengua, alemán, inglés, italiano, francés y portugués) comprobará que Nellie Boxall no existe para la -por antonomasia- enciclopedia del Segundo Milenio.

Por suerte, Boxall, haciendo honor a su apellido, boxeaba todo. (Su particular feminismo.)

Y así, un día que había vuelto a reñir con su patrona, retirándose a su habitación para concluir la discusión, Woolf, una mujer crecida en un hogar de siete sirvientes, la siguió hasta su cuarto para pedirle explicaciones.

-Estoy nerviosa y no quiero hablar más -habría respondido Nelly-. Eso es todo. Por eso me he retirado a mi habitación.

-No hay ninguna habitación que sea tuya aquí, Nelly. Esta es mi casa.

Entonces Boxall se habría acercado a su empleadora y, mirándola fijamente, le habría dicho:

-Trabajo aquí y parte de mi sueldo es esta habitación, señora. Y lo seguirá siendo mientras trabaje aquí. ¿Quiere hacerme el favor de salir ahora?

Nelly, está de más decirlo, perdió su habitación.

*

Vueltas caprichosas que da la vida:

Muchos años después, el 29 de agosto de 1956 (su despedidora ya llevaba quince años fallecida), Boxall participó en un programa de la BBC dedicado a Virginia Woolf y que incluía «impresiones y reminiscencias de sus amigos».

*

Mona Simpson ha anotado que Woolf criticó duramente a la escritora Edith Sichel, veinte años mayor que ella y victoriana:

Pobre habitanta («poor peopler»), incapaz de mencionar «copulations or w.c.’s» en sus obras.

Al parecer, Woolf misma apenas incluye cópulas en las suyas y, según Simpson, en sus libros no aparece ningún retrete (w.c. por water closed) o excusado.

*

Es que es así.

Cuando las cosas (el comportamiento de los demás, los acontecimientos, los días, el mundo, la realidad, un gol, una línea, un pastel) no salen como queremos o calculamos, tenemos que adaptarnos si no queremos correr el riesgo de levantarnos un día y no reconocer como nuestros los pies de allá abajo, al final de nuestros cuerpos.

Otra posibilidad es no adaptarnos, sino adaptar la realidad a nuestros deseos, caprichos o expectativas:

Volkswaguenearla, como ha empezado a decirse este año acá en Alemania.

O no mirar, simplemente; como los niños, que, con solo cerrar o taparse los ojos, creen volverse invisibles. (Qué envidia.)

*

Woolf no escribió ninguna novela sobre la servidumbre, a pesar de haber visto en Nelly un potencial personaje novelístico y de la intensa relación amor-odio que se prodigaban:

Como imanes obligados a juntarse una y otra vez por su lado inestable.

*

Boxall -por su parte-, tras ser despedida de la casa de los Woolf, siguió trabajando en otros hogares, pero sin llegar a casarse.

Tal vez para no tener que servir a otra persona -hay que suponer- sin retribución económica.

Pasó sus últimos días en un asilo de ancianos, con otras mujeres de su misma condición.

*

Virginia -por la suya- se dio un último baño en el río Ouse, muy cerca de su casa:

Sin una criada que le calentara el agua.

Pero con los bolsillos de su abrigo llenos de piedras:

Sus particulares (y últimos) boletos de ida (sin vuelta).

*

Adapto a modo de oración final, ateo de mí, un fragmento del final de Las horas, novela de Michael Cunningham, con la que ganó el Pulitzer de 1999 y que recrea la vida de tres generaciones de mujeres woolfianas.

Oremos, pues:

«Sí, piensa, Clarissa, es hora de que el día termine. Damos fiestas; abandonamos a nuestras familias para irnos a vivir solos a Canadá; luchamos por escribir libros que no cambian el mundo a pesar de nuestros talentos y nuestros generosos esfuerzos, de nuestras extravagantes expectativas.

Vivimos nuestras vidas, hacemos lo que sea que hagamos, y después dormimos.

Es tan simple y ordinario como eso.

Unos pocos saltan por la ventana o se ahogan, o toman pastillas; muchos mueren en un accidente; y la mayoría de nosotros somos devorados lentamente por alguna enfermedad, o, si somos afortunados, por el tiempo mismo.

Solo nos queda un consuelo: una hora aquí y allá en la que nuestras vidas, en contra de todos los vaticinios y expectativas, se abren en una explosión y nos ofrecen todo lo que jamás habíamos imaginado»

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HjorgeV 16-10-2015

https://it.wikipedia.org/wiki/Nelly_Boxall

http://textualities.net/tag/alison-lights-virginia-woolf

http://www.difusioncultural.uam.mx/revista/nov99/lugo.html

http://genome.ch.bbc.co.uk/dc3b5393e74746849ba308453aca691d

http://acommonreader.org/review-mrs-woolf-and-the-servants-alison-light/

http://www.theatlantic.com/magazine/archive/2009/01/imperfect-union/307221/

http://wwwconuqueando.blogspot.de/2015/10/una-cocinera-en-los-diarios-de-virginia.html

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