«CADA VEZ QUE DECIMOS ADIÓS»

.

Amarnos por última vez como se

construye

un árbol, empe-

zando

por

la raíz.

.

Detenernos sobre una

simple hoja

a discutir el rumbo

de las nubes, el nombre

de los

frutos y bayas,

mientras se enhiesta

el

tronco como una promesa

apresurada,

vana.

.

Dormir luego la pequeña

muerte

sobre las hojas

de los

árboles vecinos

que han

observado todo

impertérritos.

.

El verano es un

fluido espeso que se cuela

por cada uno de nuestros

poros.

(El punto más lejano

de tu cuerpo

no es alcanzado por el

menor esfuerzo mis

brazos miopes

ahora que me he quedado

dormido y 

entiendo que la vida

es un profundo y continuo

despertar

ignoran-

do.)

.

El olvido no tiene raíz

.

Luego negarse a

reconocer cualquier vestigio de lo

ocurrido:

grave ejercicio

de ontomólogo y guardia

forestal.

.

Despertar cada

mañana después:

asombrado de haber dormido

de pie, como los

árboles, resguardando

las compuertas de la

memoria.

.

Y descubrir que bajo la sombra

más cercana

alguien ha estado cuidando de ti:

el ser que te dio carne,

sangre, leche, dolor y

verbo.

La mujer de las canciones de ausencia.

.

Si un extraterrestre

te pescara en este

instante no sabrías

si estás luchando por

quedarte o 

saltar de esta 

rama del árbol de

tu vida.

.

.

HjorgeV 21.06.2016

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