LA MUJER DE ABAJO

Una de las primeras imágenes es como el fotograma de una película.

Podría ser, incluso, una del género negro:

Una mujer y su pequeño hijo escondiéndose detrás de un automóvil, mientras arriba, en la ventana de una habitación del segundo piso de un hotel, un hombre besa a una mujer.

La mujer de abajo, la que sujeta al niño por los hombros para que no vea el beso, quiere saber quién es la mujer de arriba, la que besa a su hombre.

El niño está junto a su madre, la mujer de abajo, sin entender del todo lo que hace, sus intenciones, sus planes (tal vez no los tiene, pero eso tampoco lo puede saber el niño y acaso ella tampoco).

Solo percibe su nerviosismo y tensión.

Sabe que algo sucede y que es importante (y el hecho de tomárselo en serio y no llorar, como le ha pedido su madre, lo demuestra), pero no sabe qué sucede, en realidad.

El escenario es el centro de una gran ciudad, a pocos metros de una de sus calles principales.

Es de noche. La mayoría de niños ya está en la cama. El futuro no existe en ese momento porque duerme. O es lo que vislumbran sus sueños.

El futuro siempre está durmiendo, o sea, soñando que es.

El hombre acaba de llegar de una estadía de cinco años en otro país y, a pesar de que en todas las cartas que le ha enviado regularmente a la mujer de abajo le ha seguido hablando de amor como si no sucediera nada, la de abajo ya sabe que su matrimonio se ha roto.

Para empezar, él ya ha regresado y sigue sin comunicarse con ella ni preguntar por sus dos hijos.

Uno de ellos es el que sujeta la mujer de abajo por los hombros para poder empujarlo hacia abajo, detrás del automóvil que les sirve para parapetarse, para que no vea todo lo que hace su hombre con la mujer de arriba, en la ventana.

(Muchos años después, cuando mi ciudad ya se había descompuesto considerablemente y parecía inevitable la caída al abismo insondable, pasé varias veces por ese lugar. El automóvil -un Packard del año de la pera- y el hotel seguían flotando en la calle, o sea, en mi memoria, pero casi todo el resto, salvo la base apenas visible por la mugre y el olvido, había cambiado.)

La imagen, repito, es como la de una fotografía: el tiempo congelado en un instante, atrapado, cazado, detenido. No te vayas.

Durante gran parte de mi vida regresé a esa foto, al momento que capta de mi vida: mi madre no está llorando ni parece presa de grandes emociones, solo está en extrema tensión, como una combatiente.

Y siempre regresé a esa foto con la misma pregunta: ¿cómo podía o pudo ser que mantuviera ese control extremo de sus emociones, ella una mujer plena de ellas?

¿O se mantenía todo lo serena posible por mí, un niño de cinco años?

(¿Por qué me llevó entonces a vivir esa escena?)

Me acerco a mi madre, finalmente, después de décadas, dispuesto a preguntárselo, porque necesito saber más sobre ese fotograma.

Lo hago con la ansiedad y deseo con que un niño busca la figurita que le falta para completar su álbum, sabiendo que esas cosas hay que hacerlas con cara de póquer, pero sin saber que he llegado demasiado tarde.

Después de besar su frente y de los saludos, me pregunta por mi hermana.

-Está bien -le digo, sin mencionar que viene a verla a diario.

Entonces me pregunta por su edad, como si se tratara de una vecina que no ve hace muchos años.

Calculo. Le menciono la edad de mi hermana.

-¿Qué? -espeta la mujer de abajo, abriendo sus ojos como ante una nave extraterrestre, pero solo porque está estropeando el jardín de la residencia de ancianos que la acoge-. ¿Ya me pasó? 

Me quedo mirándola.

Sus ojos son miles de historias pugnando por salir. Pero ella está serena, como la vez detrás del automóvil, debajo de la ventana del hotel.

Para ella el tiempo se ha detenido y nosotros, sus hijos, somos ahora mayores que ella; como si la educación que nos dio, hubiera apuntado a eso:

A conseguir que nos hiciéramos mayores, pero sin que ella tuviera que abandonar esa imagen primera: la de la mujer de abajo, la que pugna por saber quién besa a su hombre allá arriba.

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HjorgeV 01.09.2016

One thought on “LA MUJER DE ABAJO

  1. Cuando saldrá el sol…..parece un relato autobiográfico .Da igual es un buen relato .Un abrazo. Viola

    Hola, Violísima. Es autobiográfico. O sea, tiene mucho de ficción. Cuídate mucho. Gracias mil. HjV

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