EL PADRE QUE NUNCA TUVE

.

Salir a la superficie

tras

una larguísima inmersión sub-

marina y encontrarse con

que allá arriba también suceden

cosas.

.

Acabo de perder

al padre que nunca tuve.

Me lo comunicaron cuando

salí a tomar una necesaria bocanada de aire

a la superficie.

.

El que fue mi padre

ya se fue.

.

Arrojamos sus cenizas al

Pacífico, o sea, al mundo que

moraba yo

sumergido.

.

Ahora debo vivir con la sensación

de que ocupa el lugar que

yo tuve que abandonar

para enterarme de su muerte.

.

Qué putada:

como vivir de alquiler

sin saber que uno era el dueño

de todo.

O al revés.

.

La vida es especialista en

este tipo de bromas

infinitas.

.

Lo malo es que siempre

termina acabándose

y sus libros de

reclamaciones no conocen otro

destino que el 

extravío constante.

.

Todo lo que puedas

incluir en ellos es

sobre lo sucedido en el pasado, que,

bien se sabe, es más fácil de

predecir que

el futuro.

.

Escribir, por eso,

como quien pone una cicatriz

comprada en la

farmacia sobre una herida

que nadie ve

salvo

tú mismo:

.

Tu padre muerto:

una herida cerrada/abierta;

tan particular

que no

podrás llegar a entenderla

jamás.

.

HjV Lima, 11.11.2016

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