MAGNÍFICA IDEA

Le cuento a mi editor que he decidido cambiar el comienzo de mi historia. Ahora comenzará con un sueño: que puedo volar, que sé cómo hacerlo y cómo transmitir ese conocimiento apenas despierte.

-Volar es muy fácil en el sueño -le explico-: una mezcla de intuición, relajación y cierta práctica.

Solo deseo despertarme para poder correr a dar la buena nueva a la humanidad.

-El comienzo anterior me gustaba más -me dice el editor.

-Lo mismo me dijo la última vez y terminó aceptando el nuevo comienzo.

El editor me mira como diciendo: «¿Y qué me quedaba?»

-No sé de dónde ha sacado la idea del sueño -me dice-, pero no creo que sea el momento para complicar innecesariamente la trama de su historia.

-No es ninguna idea que he sacado de ningún sitio. Fue un sueño que tuve.

Llevo diez años escribiendo mi última novela y mi editor cinco al borde de la histeria porque aún no se la entrego lista.

-¿No cree que este sería el momento de mostrar madurez y entregarme por fin el manuscrito?

Controlando mi voz, le digo:

-No pienso terminarla solo porque a usted le interesa que la termine.

-Me dijo que la terminaría en un año.

-Ya le he devuelto el dinero que me adelantó.

-Pero sigue tomándome el pelo: antes me dijo que solo sería un mes, luego seis.

-No pienso terminar nada solo porque a usted le interesa que sea así -le repito.

-Es parte del negocio vender una obra.

-No me interesan los negocios.

-Bien, ¿qué le interesa?, ¿qué desea? Deme una nueva fecha.

-No le pienso dar ninguna -no me reconozco-. Pienso pasarme el resto de mi vida corrigiendo mi novela. Me divierto después de todo.

-¿Le parece normal?

-¿Está insinuando que podría tratarse de una enfermedad mental? En todo caso sería mi enfermedad, ¿no cree?

-Reconocerlo ya es un paso importante para su recuperación.

Me está insultando, pero lo entiendo.

-No le hago daño a nadie -digo.

-A mí.

-Porque usted mismo se lo ha buscado. Olvídese de mí y de mi novela. Obsesionarse con algo tampoco es muy sano que digamos.

-No me hable así. Llevamos quince años trabajando juntos.

-Cinco. Los otros diez no cuentan. Además, acaba de llamarme loco.

El editor se queda mirando el vacío. Es un magnífico actor. Lo de editor es uno de sus varios destinos posibles: esas casualidades que depara la vida.

-Hagamos un trato -me dice por fin.

-No quiero ninguno más.

-Escúcheme, por lo menos.

Asiento.

-Escriba la historia de un escritor que decide pasarse el resto de su vida corrigiendo su última novela. El tipo se ha vuelto loco y no es capaz de salir del bucle. Cada día cambia el argumento y como el tiempo pasa y los personajes van envejeciendo, tiene que ir alterando su aspecto, además de que van adquiriendo más experiencia. ¿Qué le parece?

-Magnífica idea.

-¿No se lo dije?

-¿Sabe que suele tener magníficas ideas?

-Volvemos a entendernos.

-¿Por qué no se dedica a escribirlas usted mismo?

.

.

HjorgeV 26.02.2017

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