LIBROS CONTRA UN AVIÓN EN CAÍDA LIBRE

¿Es posible hacer feliz a alguien con un libro?

Hace poco, en la fiesta de fin de temporada de uno de mis equipos infantiles, recibí tres libros de regalo.

Se trataba de un vale que podía hacer efectivo en una librería del pueblo vecino, más cercano a Colonia que el nuestro (que solo tiene una iglesia).

Acababa de leer una entrevista a Lorraine Fouchet, una escritora que, en su anterior vida como médica de urgencias, tenía que levantarse a cualquier hora para levantar actas de defunción.

Indagando en la Red, me topé entonces con una frase de su última novela:

«Si lloras en mi entierro, no volveré a dirigirte la palabra», o algo así.

Y enseguida quise leer el libro.

Empero, cuando recibí el vale, pensé en tres mujeres, familiares de mi esposa, a las que podría hacer feliz con su lectura.

*

Tal vez lo más problemático de toda vida sea/es que la vemos como un relato o película, como una novela.

Y, como partimos de que esta tiene que ser una buena historia (para empezar: es la nuestra) y queremos lo mejor para el protagonista, nos encontramos muchas veces con pasajes, sí, con capítulos enteros, que nos gustaría corregir, reescribir o reinventar.

Eso no es posible, bien sabemos.

De ahí que abrir un nuevo libro es la mágica posibilidad de empezar una nueva vida sin tener que levantarse siquiera.

*

Cuando partes de que tu novela tiene que ser buena y al personaje principal no le pueden salir mal las cosas, no es infrecuente el deseo de arrancar algunas de sus hojas.

Tal vez por eso existen los suicidas:

Gente que no acepta su propia historia (acaso por simples cuestiones estéticas/literarias en alguno) y desea tirar, como un escritor frustrado, al tacho sus hojas.

*

Lo menciono, porque hace un par de días, corrigiendo un párrafo de la novela que estoy por concluir, me di cuenta de que lo hacía como si en ello se me pudiera ir la vida (o la muerte, más bien: espantándola).

Entendí que para los humanos cada día, cada hora de nuestra vida puede verse como una historia completa en sí misma.

De hecho, un solo minuto de muchas vidas dan para toda una historia.

*

Si el trabajo de un entrenador es como construir un avión mientras está volando, como ya dijo alguien, solemos no notar que así es la vida misma, en realidad:

Un avión que siempre está cayendo en picada, independientemente del paisaje exterior, de la temperatura interior y de la calidad y cantidad de la comida a bordo.

Aunque nos repugne la idea, cualquier avión (aventura o empresa humana) está condenado, más tarde o más temprano, a estrellarse.

Perecer es nuestro sino.

Lo más común que tenemos.

De ahí la importancia del vuelo mismo y no (o menos) de la meta.

*

Curiosamente, actuamos como si no lo supiéramos, como si lo nuestro fuera la eviternidad.

La muerte es la causante de la peor de las cegueras.

No pienso volver a hablarle.

Prefiero leer un libro.

.

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HjorgeV 19.06.2017

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