«OXÍGENO EN EL REFUGIO DE LA MOSCA»

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Atraviesa el refugio de la mosca

un rayo de luz:

la vida es solo un

suspiro más o

menos iluminado, su eco

un tambor perdido.

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Aquel tiempo tan nuestro

se deshizo en

mares, rostros, ciudades y

babiecas.

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Desde el espejo de los

días -un simple juego

de suma cero-,

el tiempo aquel

me mira desahuciado,

perenne en su mudez.

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Te escribo desde el café de la plaza San Martín

(hoy convertido en un verdadero

negocio donde venden cervezas como

antes queríamos escribir poemas) el lugar

que elegiste para despedirte

no de mí, «sino del país entero».

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El ateo entiende que hay muchos más

misterios que el del origen del

universo y el sentido de la vida.

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Entonces, la pulsión autodestructiva.

La imposibilidad de

aceptar el absurdo. 

Mi necedad universal.

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Las religiones existen porque no

aceptan entredichos ni críticas, dándole

un respiro a quien pregunta sin encontrar respuestas.

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Te ibas. Era así. Punto.

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El oxígeno de las masas.

Sí. 

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Pero no el del más simple y

complicado de todos mis

sentimientos.

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HjorgeV 18.11.2017

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TRES HIPERBREVES

.u

«EL VENDEDOR»

Vendo urgentemente casa deshabitada. Preguntar a partir de mañana en el pueblo por la vivienda del vecino que acaba de saltar al vacío.

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«AMOR ETERNO»

Desde su cama, le dio a entender que su corazón sería suyo para siempre. Insistió hasta que terminó llorando por no saber expresarlo con palabras. Él también lloró, pero porque no entendía nada. Se quedaron dormidos luego, cada uno en su cama. Hasta que los despertó la enfermera para darles el primer biberón de la mañana y sus medicinas infantiles.

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«CÓDIGOS»

-Yo entiendo -le dice ella, mientras él lucha por zafarse con los ojos desorbitados-, por supuesto que te entiendo. Ahora solo falta que entiendas tú -agrega terminando de hundirle el cuchillo.

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HjorgeV 14.11.2017

«LA CASA COMPARTIDA»

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Sobre la mesa de trabajo el

cadáver empieza a presentar

problemas para ocultar sus

fluidos y efluvios, mientras cuadernos, hojas

sueltas, lápices, lapiceros,

plumas, libros, diarios y revistas parecen

esforzarse por dificultar el trabajo policial.

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Él querría haber tenido otra

vida. Ella considera que no supo

vivir. Cualquier discusión

al respecto sería ahora una ofensa al azar:

el verdadero dios de todo lo que ocurre.

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La importancia de no querer

tener la razón en todo es ahora decisiva

para ella, pues determina su

capacidad para sobrevivir al caos,

especialmente el surgido después de

la muerte de su hermano.

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Cuando la policía científica ha terminado

su trabajo y empieza

a retirarse, ella pregunta en voz alta si también

se investigará su propia muerte.

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¿Cuál muerte?, pregunta el jefe del escuadrón.

¿La mía?, dice ella.

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Los muertos no preguntan, le

responde el policía.

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¿Entonces por qué me han puesto las

esposas y me llevan detenida?

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El policía no responde y ella tropieza,

pues ha empezado a temer al

abismo que se abre

delante de sus ojos.

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Caer ya no es solo una posibilidad

de su imaginación:

toda caída podrá ser fascinante,

pero las propias siempre duelen más.

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Por fin abandona la casa compartida,

contemplando su propia desgracia como

una huérfana que mira un regalo ajeno, distante,

entendiendo por fin que nadie podrá

reemplazarla jamás en ninguno de sus pasos.

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HjorgeV 09.11.2017

«DEFORMACIONES Y DELIRIOS»

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Te observo a mi lado:

como un cazador de momentos que

ni siquiera existen en las

deformaciones del pasado, un

pescador que cree haber lanzado

su anzuelo al mar y solo es una

espesa niebla lo que tiene delante.

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En castellano la atención se presta,

en italiano se hace, en inglés se paga.

En alemán se regala.

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Ponme tu atención o házmela.

No tienes que regalármela ni

pagármela.

Solo prestármela:

ser por fin

habitante de uno solo

de tus

instantes.

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HjorgeV 31.10.2017

MARGARITAS AL MAR

El bote nos acercó a la isla que, desde la orilla, se veía como un mundo, un planeta aparte.

Y lo era: con sus lobos marinos, pingüinos, pelícanos, gaviotas, guanays y otras aves y animales marinos muy raros de ver.

Había una mezcla de ambiente festivo y de duelo en la embarcación, como si dos grupos muy diferentes se hubieran equivocado de fecha y no les hubiera quedado otra alternativa que juntarse para compartir el transporte hacia la isla. Y luego todo se les hubiera revuelto: el éxtasis, la pena, la alegría, el dolor.

Fue muy difícil no sentir el peso de la muerte, de esa parte inseparable de la vida que tanto nos cuesta tematizar, mencionar siquiera.

Cuando lanzaron al agua las cenizas de mi padre, seguidas de las flores de los arreglos florales funerarios, sentí que eran solo dos preguntas las que se lanzaban al mar, como deshojando una margarita: ¿Moriré yo también? No moriré. Moriré. ¡No moriré!

En eso, una repentina onda marina zarandeó la embarcación y esta se elevó notablemente, cayendo luego con un golpe como el de una bofetada gigantesca.

Pasado el susto, ya nadie se atrevió a lanzar más margaritas al mar.

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HjorgeV 17.10.2017

«DECRÉPITA»

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Ahora ella está soñando:

que es su forma de

burlarse del mundo,

de sacarle la lengua a

los reveses.

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(Cuando no sueña el espejo es su

mejor metáfora,

pero ahora duerme y

no puede preguntarle

nada a su imagen

al otro lado de la

pecera.)

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Detrás de

la ventana -su ojo

al mundo exterior-

las hojas de octubre se

desprenden de los

árboles como cartas

que no llegarán jamás a su

destino.

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Sin pensárselo dos veces

salta por el hueco.

A sus pies la naturaleza parece haberse

derramado 

y teme avanzar con rapidez por

miedo a tropezar y

volver a su vida

anterior.

..

Pero continúa,

decidida:

y ya es muy tarde cuando voltea y ve que

todas las siluetas

que ha dejado atrás

han decrecido y pronto

desaparecerán en el horizonte

como ideas en una mente

decrépita.

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HjorgeV 08.10.2017

«LA CIUDAD A TUS PIES»

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Necesitabas el otoño

para escapar:

retroceder para avanzar.

Perderte para encontrarte.

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Delante de ti la línea de los

tejados y edificios seccionaban

el cielo sobre el

océano.

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Alcanzar la meta para entender

que todo siempre es en vano,

puede doler.

Llegar, pero solo como prueba de

que has partido, aunque sigas

sin saber por qué, también.

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Con todo, por fin aterrizas.

Por el intercomunicador hablas

con frases entrecortadas,

entresangrantes.

Con un gesto de domingo (que

aturde, precisamente, porque

hoy es domingo y has acertado

por fin con nuestro primer día)

me anuncias tu decisión.

Pulso el botón y empujas la puerta.

..

(Como sabías que no serías aceptada

habías corrido a toda prisa para que las

miradas no te alcanzaran,

convencida de que un gesto

de indiferencia bastaría

para derribarte.)

(Evitabas a tus demonios

interiores sin saber que así

los alimentabas.)

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¿Miedo al futuro

que nunca existe porque

siempre es una masa transformándose

en presente?, me preguntas.

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Miedo al presente, te

respondes a ti misma, sentada sobre el sofá

con un vaso que elevas

como una medicina eterna

hacia tus labios.

Pero más miedo al pasado:

los puentes, los caminos

destruidos. Los amigos caídos. Los pasos

no dados. Las traiciones a

ti misma.

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¿Quién eres?

.

No respondes.

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Lo intenta tu pasado

desde su eterna

máscara cotidiana:

apenas dos o tres gestos

mal aprendidos.

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Lo noto desde la silla que

he escogido para escucharte.

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Pero pareces no entenderlo

y miras hacia afuera y

es como si el cielo

se hubiese caído de pronto

a tus pies:

.

Pero solo es nuestra

ciudad, la húmeda y

silenciosa compañera de todos

nuestros

ruegos y elevadas

desgracias

la que nos mira en busca

de respuestas.

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HjorgeV 04.10.2017

«SOMBRAS AJENAS»

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En el camino

de la entrada a la finca de tu tía

yo buscaba en la oscuridad

tus ojos: los

faros que me permitían

aceptar lo

absurdo e imposible.

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Apenas te reconocieron,

los perros guardianes saltaron

hacia nosotros

como si hubieran estado ocupando

otras sombras por error

y no supieran qué hacer

para recuperar ahora las suyas.

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Apenas entraste en la casa

apareció la gata

cuerda y remolona de tu tía loca.

Luego ella misma delante de

una ventana: con el gesto de quien

ya no sabe quién es

ni dónde está, pero ya poco

importa de todas

maneras.

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Detrás de ella, dos palomas cruzaron el marco de

la ventana como escapándose

de un cuadro

inacabado.

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Yo vi en ese momento un

resplandor fugaz en tus ojos.

Lo seguí con la mirada

esperando encontrar por fin una

guía en mi camino.

.

Pero cuando volví la cabeza

ya no estabas.

Solo tu tía. Y su gata

remolona.

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Y también había desaparecido

la ventana

detrás de ella y, fuera, de los perros

solo habían quedado

sus sombras

ajenas.

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HjorgeV 27.09.2017

«LADRONES DE CREPÚSCULOS»

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En la tarde gris ella pronto

aparecería.

Llevaría el abrigo

de moda encima: el que nos

iría a permitir conocer el calor de

nuestras manos ocultas.

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De la neblina previa al crepúsculo

ella pronto surgiría.

Con sus

labios haría un mohín que

sería un beso dibujado en el aire.

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(Nunca entendí por qué le gustaba yo.

Por mi parte, adoraba sus labios, su boca,

esa forma de besarme que era como

un salto a la eternidad, que en ese entonces

era pasear con ella.

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Sus dos manos posadas

sobre mi nuca como sujetando

un niño recién nacido:

la muerte no podía existir.

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O era eso, precisamente.

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Luego el encuentro de los cuerpos, aún

sin entender de penetraciones ni

desnudez.)

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Saberte mío, decías.

Miarte saba, te respondía yo.

Saber que me perteneces.

Pertener me que sabereces.

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Todo intento de apropiación

termina en el primer juzgado

de Marte, me advertías.

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Pertenencia. Posesión.

Propiedad.

Dominio.

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Ningún color

que lo disimule: como

las palabras que documentan

el asombro ante el misterio

de la conducta humana

(mayor que el del universo

y el de la vida juntos).

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HjorgeV 22.09.2017

TARDÍA ADULTEZ HACIA LA ESTACIÓN CENTRAL

Le dije que no podía ser creyente porque, de serlo, estaría endiosadamente enojado con El Tipo.

(Le molestó que lo llamara así, El Tipo: como si de verdad existiese y pudiera ofenderse con ese apelativo. ¡Que levante mi mano quien crea en la telequinesis!, como decía Kurt Vonnegut, a quien nadie nunca le hizo caso con ese pedido.)

Salí de la adolescencia a los treinta y tantos años.

Lo hice convencido de que hacía mucho que ya había empezado la adultez, pero sin saber en qué consistía esta, por lo que no podía afectarme.

Ocurrió en esa lejana época en la que todavía no se hablaba de la terrible extensión de la adolescencia hasta los treinta o cuarenta (alguna vez moriremos adolescentes): esa fase en la que no hemos terminado de independizarnos a pesar de que nuestro cuerpo ya ha empezado la cuenta regresiva.

Una vez, en la televisión alemana, le preguntaron a un niño cómo se imaginaba su futuro.

«Jubilado. Con una buena copa en la mano», respondió muy orondo.

El entrevistador se rio a mandíbula batiente.

A mí me dieron ganas de llorar. Quizá porque la frase retrataba a una familia entera, a todo un país.

Antes me había pasado largos años acompañando la vida de otros o viviendo la que ellos pensaban que me correspondía.

No fue/era fácil:

Vivir por otros, pero con el propio cuerpo como escudo y probeta.

(Tal vez siempre es así para todos, solo que nadie se atreve a decirlo o no lo nota.)

(O acaso la adultez tardía solo consista en saber pasar desapercibido como tal.)

De mi larga etapa de púber recuerdo especialmente la rigidez que muchas vidas podían adoptar desde muy temprana edad: seré médico, ingeniero, abogado, empresario (yo dije cura y presidente).

(En ese entonces no existía el prodigioso futuro de jubilado con una copa en la mano.)

Nadie decía: moriré. A pesar de que habríamos sido absolutamente certeros.

El poeta costarricense Luis Chaves (San José, 1969) lo dijo alguna vez así:

«Rodeando latas de cerveza, / los amigos discutían / cuánto dura la juventud. / Pensaste en voz alta / “qué me importa, si nunca fui joven”.»

Personalmente, me sigue resultando imposible arribar a la adultez.

Busco en mis días y en mis horas el recuerdo de una juventud que no puedo encontrar, tal vez porque miro desde ella, como en una oportunidad no pude hallar mis lentes porque los llevaba puestos.

O como no se puede entender la muerte desde la vida.

(Y seguramente tampoco esta desde aquella. Quién lo sabe.)

Siempre se muere de vida. Nunca de muerte.

La muerte es la llegada. 

La vida solo es el fallido y diario intento por llegar a la Estación Central Común.

(-Donde estará esperándote El Tipo -se burla el otro tipo, a modo de venganza conclusiva.

-De ser así -le respondo-, será porque también ya ha muerto.)

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HjorgeV 15.09.2017