«RECONQUISTAS»

.
Lenta comunión de
luz y sombras pluviales
sustentan el día
como a un
expósito
.
Gorjeos canoros
surcan el lomo
de la INMENSA mañana
.
Los campos
sonríen preñados
de mil verdes
.
A kilómetro y medio un
campanario propala
su fe acérrima
.
(de haber sido de
otra religión, ya habría
sido bombardeado)
.
La punta de mi
calzado empieza
a humedecerse:
.
La tierra ha iniciado la
reconquista de
mi cuerpo
.
.
.
HjorgeV
Colonia, 01-07-2020

«SE INCLINA EL TRIGO»

Me asomo al trigo

puntual de cada año

que se inclina como para

burlarse del

viento que intenta

derribarlo

¿Es el viento?

¿O son estos trigales los

que intentan correr

sin alcanzar a moverse un

ápice de su sitio?

HjV

Colonia 31.05.20

«INERMES»

.

Cómo se arregla un mundo de

palabras derrum-

badas,

espectros que deambulan

por la oscuridad de

las horas

.

Cómo atenuar la sensación de que la

noche anterior ha caído una

bomba molecular y eres de

los primeros en

salir al exterior:

.

El día

-aún intacto-,

.

la luz

-jugando a

probar colores y testándose a sí

misma: uno, dos, tres,

inventando-;

.

los sonidos

-como empezando a

renacer desde

los ecos más

lejanos-;

..

las aves

-acaso

sorprendidas con

su nuevo juguete canoro-;

.

mientras

allá,

más al fondo, como un rezago

coloidal,

comienza el trasiego de

artefactos y

seres, como si alguien acabara

de decir:

.

ya

pues, déjense de huevadas y volvamos

a reinventar el caos diario: el vero

sustento de esta luz

inerme

.

.

HjorgeV

Colonia, domingo 17 de mayo del año CV I

«LA MITAD DEL MUNDO»

.

Delante de mí un retrato

de dos de mis hijos

sobre la pared

que sostiene la mitad de

mi mundo sin

sospecharlo

siquiera.

.

Hacia la derecha una

ventana que es todo mi

recuerdo de lo que sucederá

mañana, cuando cunda

el olvido.

.

Hacia la izquierda, un

ejército de indumentarias

que aguarda la voz de mando

para lanzarse por la borda.

.

Detrás de mí, un trozo de

árbol muerto sostiene mi

cabeza, la causante,

mareante, porfiada.

.

Debajo, ya han empezado

a moverse mis hijos y mi

esposa en una

coreografía que recuerda

las ansias de una madeja

por salir a espantar

los laberintos de

sus últimos

sueños.

.

Después, todo volverá a

la normalidad. La pared que

nunca dice pío.

La madera que sostiene el

caos perpetuo. La ventana del futuro.

El suelo tenaz. El mundo

que retorna cada día

irrepetible, fiero.

Perfectamente

bello y

atroz.

.

.

HjorgeV

Colonia, jueves 14 del año CV I

«LA RECONQUISTA PACÍFICA DE LA LUZ»

.

Una gota derramada

sobre la mesa. Una cabeza

que desconoce el cuello, que

es su pedestal.

Un cuerpo

huérfano de

todo.

.

En tanto, la mañana surge, léntica,

menesterosa, esfera derretida,

inmutable,

ausente.

.

Tal vez porque soy que me

soy

-Piero dixit-,

igual me extraño de

que el mundo parezca la

creación de un dios

resaqueado.

.

Como consuelo,

me permito amar

la madrugada, la reconquista

pacífica de la

luz:

.

la mundana sensación

de haberme adelantado aunque solo

sea por un par de horas a ese todo aquel

que aún duerme su borrachera

celestial, eterna,

tierna y cruel en un solo

trago.

.

.

HjorgeV

Colonia, 13 de mayo del año CV I

MUNDIALES

A lo largo de mi vida he conocido a muchas personas de un tipo bastante especial, que llamaré «mundiales».

Eran, han sido, fueron abogados, médicas, ingenieros, cocineras, gastrónomos, profesoras, carpinteros, empresarias, gerentes de banco, amas de casa.

Su característica era la de dominar hasta tal punto su oficio, que podían ser considerados verdaderos maestros y maestras en sus respectivos ramos.

*

El padre de un amigo y vecino mío, por ejemplo.

Se dedicaba a recaudar impuestos para el Banco de la Nación.

Su sección se ocupaba de las empresas de espectáculos, por lo que solía tener entradas gratuitas para conciertos, óperas, corridas de toros, cines, circos.

Gracias a él, pude asistir, por ejemplo, a una función del Gran Circo de Moscú y ver al genial Oleg Popov, el equivalente circense de Chaplin.

(No podía saber, por supuesto, que Popov terminaría afincándose al sur de esta mi segunda matria, en Franconia, después de quedar abandonado a su suerte por un empresario –dicen que argentino- en 1990. Al parecer, lo ayudó una admiradora, Gabriela Lehmann, una alemana a la que le llevaba 32 años y con quien se casó y convivió hasta que fue enterrado con su uniforme de payaso, tal como fue su deseo póstumo.)

*

Don Favio, el recaudador de impuestos, tenía un convertible, de los pocos que existían entonces en Lima (y aún hoy, debo suponer) y con el que le gustaba salir a pasear con el talante de un gran dignatario extranjero.

Recuerdo su gesto altivo y patricio, aunque cansado, cuando llegaba de trabajar y arrojaba su maletín sobre un sillón, como un gladiador desprendiéndose de su pesada indumentaria.

Tenía unos ojos tan saltones que una vez, sin querer, lo llamé Saltio, en vez de Favio; algo que, felizmente, no notó.

Con sus saltios solía mirar a los demás por sobre el hombro, apenas sin esfuerzo, pues era bastante alto.

*

Famoso por su cualidades en su esfera laboral (su mundo particular), don Favio se creía capaz de poder ir mucho más allá y administrar ministerios, ciudades, acaso el país entero.

De preguntárselo, seguro que me habría dicho «¡El mundo, si me lo piden!» , tal era su convencimiento de que, con solo proponérselo, su capacidad específica podría convertirse en mundial (de ahí lo de «mundiales»).

*

Lo he recordado estos días, tras el anuncio de la desescalada, y el consiguiente regreso escalonado a la normalidad, hecho a regañadientes por Angela Merkel.

Lo noté especialmente en un paseo que hice con mi familia el domingo pasado al centro de Colonia.

Recorrimos el Belgisches Viertel, barrio así conocido por llevar sus calles el nombre de ciudades y provincias belgas.

Después de recoger varios platillos en el Bonjour Saigon, continuamos a pie hasta la Uni-Wiese, el irreconocible prado de la universidad, pues antes solía usarse solo para partiditos de fútbol y ahora es uno de los más populares puntos de encuentro para pícnics y barbacoas.

*

Tal vez debido a la invisibilidad del virus y a que sus efectos tardan días en notarse, muchos parecían desplazarse como si llevaran en el bolsillo el certificado de inmortalidad o acabaran de enterarse de que su test había resultado negativo.

(Como si eso los eximiera de contagiarse alguna vez.)

-Mira, ¡no pasa nada! ¿No lo ves? -parecían decir.

Los pocos que llevaban máscara, lo hacían con claro disgusto o incomodidad; tal vez por creerse reconocidos como cobardes.

*

Luego leí que en Berlín, Múnich y Stuttgart había habido manifestaciones contra las medidas restrictivas, y tuve que pensar en los sueños de los que ya se habían imaginado en viajes espaciales, huyendo de este pobre y arrasado planeta.

¿Qué creerán -me pregunté- que un viaje a Marte debe ser cuestión de solo un par de semanas, y que, de estar hartos del estrecho confinamiento en la nave espacial, podrían salir a rebelarse y protestar al espacio sideral?

*

Tuve que pensar también en las pétreas afirmaciones de los responsables políticos, según las cuales era imposible decretar el uso obligatorio de mascarillas, pues Alemania (nada menos) no estaría en condiciones de fabricar las inmensas cantidades necesarias.

(Que sería como anunciar que se abolirán todos los impuestos, pues el ministerio correspondiente no es capaz de recaudarlos en su totalidad.)

*

Por lo demás:

¿Qué ha sido de todas las máscaras importadas y fabricadas en Alemania desde -por lo menos- el inicio de las medidas restrictivas?

¿Qué se han hecho?

Basta un simple paseo para notar que las pocas que se ven, han sido hechas por particulares, no en una fábrica.

*

¿Y qué se habrán hecho todos esos guantes que han dejado las correspondientes estanterías vacías en los supermercados y que desde hace semanas busco sin éxito?

Su escasez es tal, que, incluso la empresa para la que trabajo y que tiene proporcionárnoslos, tiene problemas para cumplir con su obligación.

Sin embargo, basta echar un simple vistazo callejero, para notar que nadie lleva guantes, salvo algún abuelo o abuela en el supermercado. 

*

Mi paciencia llegó a su límite, cuando, mientras escogía bebidas en un quiosco, un joven con aspecto de universitario aprovechó que yo estaba manteniendo la puerta de la refrigeradora abierta con un pie, para sacar una cerveza al vuelo.

-Del equipo de los «mundiales», ¿no? -le reclamé.

-No sé a qué te refieres -me respondió con su acento acaso del norte.

-A que debes dominar tu mundo, como don Favio.

Me quedó mirando como se mira a los orates y demás desplazados de la realidad, y enseguida apuró su paso hacia la caja registradora.

Me quedé en silencio, simplemente en silencio, contemplando su gesto altivo y patricio, y cerré con un pie la puerta de la refrigeradora.

.

.

HjorgeV

Colonia, 11 de mayo del año CV I

«EL PEINADO» (relato)

Esa mañana me había vestido con una extraña y absoluta calma, como no lo había hecho en ninguno de los largos días del último confinamiento. Me sentía óptimo después de haber corrido los 10 kilómetros que, antes de que nos cayera del cielo la pandemia, habían sido parte de mi rutina vital.

Había pensado que terminaría por los suelos, arrastrándome para llegar, pero, pasada cierta cresta poco antes de los cuatro kilómetros, el resto había sido una especie de oleaje rutinario recuperado del fondo de mi memoria.

Por primera vez después de varios confinamientos, el gobierno había decidido hacer el ASG (Anuncio de Salida General) a primera hora de la mañana, de modo que, antes de que la gente empezara salir a la calle, decidí salir a correr.

*

Estaba delante del espejo, a punto de peinarme, cuando oí en mi fono la señal de la Oficina Gubernamental de Sanidad, entidad que, para aplacar a la población e impedir que los partidos de ultraderecha se aprovecharan de su descontento, había empezado a rifar una segunda salida por día.

¿Me había tocado esta vez a mí?

Con mano insegura así mi fono.

Entonces vi la banderita verde y supe que sí, que era cierto, que podría salir por segunda vez ese día, que me había tocado ser uno de los pocos privilegiados.

*

Cada vez eran más los agraciados por el SLC (el Sistema de Lotería Corónica), algo que el gobierno había prometido ampliar poco a poco, escalonadamente, primero por días, luego por semanas y meses, siempre dependiendo del desarrollo de los nuevos focos infecciosos. No solo el nuestro, numerosos países habían vivido ya en carne propia lo que podía significar romper las reglas del confinamiento demasiado temprano.

El virus podía volver a brotar por aquí y por allá, más incontroladamente aún. Ya no eran los esquiadores de Ischgl, gente venida de China o de la Lombardía el problema. Ahora cualquier hijo de vecino podía ser el supercontagiador de mañana.

Lo bueno era que bastaba pulsar un botón para que los SUC (los Sistemas de Ubicación de Coronados) te hicieran saber qué territorios, ciudades, zonas, distritos, calles y hasta qué viviendas había que evitar, enviándote la alarma respectiva.

*

Cuando bajé, en la entrada del edificio me encontré con Álex, el señor que vivía en el cuarto y último piso. (Se decía que era el dueño, pero que no deseaba que los inquilinos lo supiéramos.) Tras una corta cháchara guardando los tres metros obligatorios de distancia, le solté a través de mi máscara el saludo que me había inventado y llevaba semanas sin utilizar.

-¡Permanezca negativo! -le dije, pensando para mí: «Si todavía lo es…»

Álex había estado especialmente risueño desde el comienzo de nuestro encuentro, algo inaudito en él, lo que me hizo pensar en cómo habían cambiado las cosas en esos últimos tiempos corónicos.

*

Cuando en la esquina, de camino a la panadería, me crucé con una mujer que nunca había visto antes y que me saludó con una especie de grito de júbilo, me sentí orgulloso, contento de mi aspecto y especialmente confiado de que, aunque las cosas no mejoraran del todo pronto, por lo menos el nuevo talante de la gente haría todo más llevadero.

Enseguida, contagiado por el nuevo ánimo, empecé a saludar a todo aquel que se cruzaba en mi camino con mayor ímpetu aún, recibiendo miradas y palabras de verdadero entusiasmo y buen humor como respuesta.

*

Siempre había sido un tipo gris, un funcionario chapado a la antigua y, por eso mismo, entregado febrilmente a su trabajo, sin mayores ambiciones que formar alguna vez una familia, pero sin saber cómo ni cuándo. De modo que ahora, de pronto, me sentía como una especie de triunfador, alguien que acababa de encontrar botada en la calle la clave para romper barreras y conquistar imperios.

Quedó demostrado en la fila para comprar el pan, cuando la mujer que estaba delante de mí, giró para controlar si yo estaba guardando la distancia obligatoria, y, nada más ver mi sonrisa, soltó una carcajada de contento.

Me quedé tan pasmado con su belleza, que solo atiné a mantener una sonrisa boba, mirar hacia un lado y despedirme poco después muy tímidamente, mientras se alejaba con una bolsa muy pequeña, como la mía.

*

Cuando llegué a casa y me vi en el espejo de mi dormitorio, que había dejado sin arreglar por haberme concentrado en el mensaje de la Oficina Gubernamental de Sanidad, por fin entendí todo:

No había alcanzado a peinarme, de modo que las sonrisas, gestos de júbilo y ánimo de la gente con la que me había topado esa mañana camino de la panadería no habían sido de contento ni de admiración.

Esa mañana lloré como no había llorado desde niño y en algún momento me quedé dormido.

*

Cuando desperté, vi que tenía varios mensajes, emilios, llamadas y videoconferencias perdidas de varios compañeros y gente del trabajo, incluyendo un mensaje de mi jefe, quien quería saber cuándo podríamos revisar el plan en el que veníamos trabajando.

Enseguida me dirigí a la pieza que usaba como oficina, pero antes de sentarme, recordé que seguía sin peinarme. En ese momento vi que tenía una solicitud de videoconferencia de mi jefe y me dije:

«Al diablo. Que se ría hasta que le duelan las mandíbulas.»

-Qué moderno se te ve, Martínez -fue lo primero que me dijo-. Tendría que atreverme a ser igual de moderno- agregó, pasando enseguida a revisar la agenda en cuestión.

*

Al día siguiente sacrifiqué los 10 kilómetros y usé mi única SPO (salida permitida oficial) para dirigirme a la panadería, teniendo cuidado de llegar a la misma hora que la mañana anterior.

Entonces vi a tu madre.

Llevaba un vestido con unas raras, preciosas margaritas, que ella misma ya ni recuerda y que enseguida me hicieron pensar en una canción de Fito Páez. Todas mis llaves de mandala se quebraron cuando giró en mi dirección.

-¿Mandala?

-Después te explico. El hecho es que ella no me vio, a pesar de que yo iba ahora perfectamente peinado y muy bien trajeado.

-¿Qué hiciste entonces, papi?

-Volví a la panadería varios días seguidos, con peinados y ropa diferentes.

-¿Y entonces ella por fin se fijó en ti?

-No, para nada. Era como si mirara a través de mi cuerpo, como si yo fuera un fantasma, mero aire.

-Pero de alguna manera tuviste que llegar a conocerla, ¿no?

-Un día volví a la panadería despeinado, harto de todo. El resto te lo puedes imaginar, hijo. No te rías, pues falta agregar un detalle: el peine se me había quedado enredado entre el pelo, algo que tampoco había notado esa vez.

-¿Y cómo convenciste a tu jefe para que imitara tu peinado, o sea tu despeinado?

-¡No lo convencí! Un día me vio acompañado de tu madre y esa misma noche me llamó para pedirme la fórmula. Al día siguiente lo saludé con el mismo júbilo y admiración que otros me habían dedicado cuando lo vi con un gesto triunfal dibujado en el rostro. Pronto la compañía experimentó un extraño y sorprendente subidón, los demás empleados empezaron a imitar el peinado del jefe y el buen ánimo cundió, consiguiendo contagiar a toda la ciudad. Yo sigo creyendo que vencimos al corona, porque fue esa alegría la que nos permitió resistir.

-Y el despeinado.

-Que pronto empezaron a llevar todos.

-Hasta ahora, como yo.

.

.

HjorgeV

Colonia, martes 28 de abril del año CV I

TRIAJES NEANDERTALES

De los neandertales, una especie extinta del género Homo que habitó Europa y parte de Asia durante el Pleistoceno, se solía creer que eran unos cavernícolas primitivos, más cerca del hombre mono que del Homo Sapiens.

Ese experimento fallido de la naturaleza fue coetáneo de nuestra especie, con la que llegó a aparearse, hasta el punto de que el 2% de la población actual lleva sus genes.

*

Un neandertal sordo, sin un antebrazo y cojo:

¿Qué probabilidades tenía de sobrevivir en un eterno estrés ambiental, el típico de los cazadores y recolectores, en el que podía ser presa fácil para los carnívoros de su entorno?

¿Y cuáles un neandertal adulto con displasia acromesomélica y una altura máxima de 120 centímetros, dedos muy gruesos, brazos cortísimos y hasta una veintena de anomalías en las vértebras?

*

Diversos estudios, entre los que se incluyen los dos casos mencionados, muestran que el neandertal no solo fue tolerante y supo cuidar a sus discapacitados, sino que también cuidaba a sus ancianos y rendía culto a sus muertos.

En los dos casos mencionados, no solo su mera supervivencia, también sus necesidades primarias -comer, beber, dormir y abrigarse-, dependieron obligadamente del interés, la solidaridad y la ayuda de sus familiares y demás integrantes de su clan.

**

La historia de los humanos está repleta de ejemplos inversos.

Se dice que en la antigua Grecia, concretamente en Esparta, por ejemplo, los recién nacidos, catalogados previamente por un consejo de ancianos como inútiles y, por lo tanto, como una carga para la ciudad, eran arrojados al barranco del monte Taigeto.

Probablemente esa historia solo sea un mito, pero Esparta inspiró, mucho después, a todo un grupo de gobernantes de este país.

*

Remontémonos primero al 30 de enero de 1943, sábado.

A las doce en punto, Hermann Göring, a quien Hitler había nombrado como sucesor en caso de su muerte, debía dirigirse a la nación desde el salón de honor del Ministerio del Aire del Reich.

Su intención era aprovechar la conmemoración del 10º aniversario del nombramiento de Hitler como canciller para anunciar la derrota en Stalingrado, anuncio que se venía procrastinando desde hacía semanas y que, seguramente, no quería hacer el mismo Führer.

*

(Como el discurso había sido anunciado en la radio, los ingleses tenían conocimiento de ello y un par de sus bombarderos sobrevolaron Berlín a las 11:50, provocando el colapso vehicular al empezar a sonar las sirenas antiaéreas.)

(Esa misma noche, Goebbels, ministro de Propaganda del Reich, aprovechó para burlarse de su enemigo íntimo, al mencionar que un par de mosquitos habían conseguido que Göring retrasara su discurso una hora.) (En realidad, para no tener que hablar ante un auditorio desierto).

(Los aviones en cuestión fueron los Havilland Mosquito D.H.98, hechos de madera.)

*

En su discurso, Göring no solo citó la Batalla de los Nibelungos.

También se permitió adaptar un conocido epigrama del poeta griego Simónides de Ceos, dedicado a los espartanos caídos en la Batalla de las Termópilas.

Hitler ya se había referido a Esparta en su discurso del 4 de agosto de 1929, como ‘el estado más claramente racial de la historia’.

Su fascinación por la Grecia clásica era tal, que llegó a comprarle a una familia italiana una escultura, réplica de una de las obras de Mirón de Eléuteras.

*

Para Hitler la idea de progreso estaba encarnada en ese Discóbolo de Lancellotti.

Un progreso que se alcanzaría, no solo al lograr esa belleza, sino al sobrepasarla:

El cuerpo ario perfecto, blanco y bello del hombre ideal de la raza superior a la que aspiraba.

Todo lo demás era «lebensunwertes Leben» (‘vida indigna de ser vivida’) y, en consecuencia, sin derecho a ella.

*

Acaso inspirado por un padre que lo habría visitado para solicitar la eutanasia para su hijo nacido deforme, Hitler puso en marcha la Kindereuthanasie (‘eutanasia infantil’) con la siguiente autorización:

Berlin, den 1. Sept. 1939

Reichsleiter Bouhler und Dr. med. Brandt

sind unter Verantwortung beauftragt, die Befugnisse namentlich zu bestimmender Ärtze so zu erweitern, dass nach menschlichem Ermessen unheilbar Kranken bei kritischer Beurteilung ihres Krankheitszustandes der Gnadentod gewährt werden kann.

A. Hitler

*

Traduzco, ya que la traducción de la Wikipedia es en un punto incorrecta y contiene varios errores gramaticales:

Berlín, 1 de septiembre de 1939

Se encarga al Reichsleiter Bouhler y al Dr. med. Brandt que, bajo su responsabilidad, amplíen los poderes de los médicos que sean designados por su nombre, de manera que, según el juicio humano, se pueda conceder a los enfermos terminales una muerte misericordiosa tras una evaluación crítica del estado de su enfermedad.

A. Hitler

**

Me puse a revisar todo lo anterior esta mañana, tras leer un artículo de Die Zeit (uno de los medios más serios de este país, junto al Spiegel) titulado:

Was hat Frankreich mit den Alten gemacht?

«¿Qué ha hecho Francia con los ancianos?»

El subtítulo lo decía todo (el plural de la traducción es mío):

Sediert statt gerettet: In Frankreich mehren sich die Indizien dafür, dass Patienten auf dem Höhepunkt der Pandemie nach Alter selektiert wurden.

«Sedados en vez de salvados. En Francia se acumulan los indicios de que los pacientes fueron seleccionados por edad en los momentos más álgidos de la pandemia.»

*

El triaje, trillado o cribaje (del francés triage: ‘cribado’, ‘clasificación’) es un método de priorización de pacientes, especialmente en casos de emergencias y catástrofes.

La idea es optimizar el uso de los métodos, medios y recursos disponibles según la gravedad de los casos.

En caso de catástrofes y emergencias, la prioridad siempre es la vida.

*

El problema se da cuando una catástrofe pasa a convertirse en un desastre y el sistema sanitario a colapsar.

Entonces no son pocos los casos en que hay que decidir entre (esforzarse por) salvar la vida de alguien con escasas probabilidades de sobrevivir o concentrar los recursos en aquellos con mejores perspectivas de lograrlo.

*

Si en el caso de las «vidas indignas de ser vividas», era obvio que eran los líderes nazis quienes definían qué era una vida ‘indigna’ y decidían sobre su continuación.

En el caso de los triajes corónicos hay muchas nebulosas.

En EEUU, por ejemplo, donde el sistema sanitario es un negocio más, ha llegado a invertirse el principio básico del triaje, como se desprende de una comunicación interna del Sistema de Salud Henry Ford:

Patients who have the best chance of getting better are our first priority. Patients will be evaluated for the best plan for care and dying patients will be provided comfort care.

«Los pacientes con los mejores pronósticos de recuperación serán nuestra prioridad. Se evaluará a los pacientes para que reciban el mejor tratamiento y los moribundos recibirán cuidados paliativos.»

*

Algo que bien podría entenderse así:

Si cuento con un solo respirador y tengo equis pacientes que podrían necesitarlo, aplico cuidados paliativos a los más ancianos y me concentro en:

Los más jóvenes.

Los más fuertes.

(Y solventes, en el caso gringo.)

(De los pobres me olvido, simplemente, ya que no podrán pagar, de ninguna manera, los gastos.)

*

Esto último podría explicar (como no se ha visto en Italia ni España en los peores momentos -por lo menos hasta ahora- de la pandemia), los masivos enterramientos en fosas comunes efectuados en la isla Hart, en el estuario del Bronx neoyorquino, cerca de Queens.

La elección no es casual.

Desde 1869 se entierran allí (y ya van más de un millón) a todos aquellos cadáveres no reclamados, no identificados o cuyos familiares no pudieron costear su entierro. Por lo general, afroamericanos y latinos.

**

Hace muchos años, cuando yo era nuevo en Colonia y los carriles para bicicletas eran muy raros, se anunció un plan vial que consideraría su creciente importancia como medio de transporte.

Poco después, la ciudad empezó a contar con ciclovías convenientemente demarcadas y nuevas posibilidades de circulación.

Sin embargo, los estudiantes, que eran entonces los usuarios usuales y mayoritarios, empezaron a quejarse:

Demasiadas vías absurdas, desvíos inútiles, señalizaciones deficientes y tramos peligrosos.

¿Quién los había diseñado?

A pesar de que no existían las redes sociales ni los fonos de hoy, enseguida se supo:

Un funcionario que nunca había usado una bicicleta ni se había preocupado de comprobar la idoneidad y practicabilidad de su plan.

*

Por eso, Nassim Nicholas Taleb, el autor de El cisne negro, recomienda en su último libro, Jugarse la piel, fiarse solo de aquellos que, al decretar o recomendar algo, también se exponen a las consecuencias.

Su idea la resume así:

«Si alguien quiere quedarse con una parte de los beneficios, también debe estar dispuesto a compartir los riesgos.»

*

Los partidarios, defensores e ideólogos de la inmunidad grupal, por ejemplo:

¿Estarían dispuestos a ofrecer sus familias como conejillos de Indias?

(Y lo mismo podría preguntarse a los políticos de profesión -blindados de por vida por leyes que ellos mismos han inventado-, cuando pretenden decretar leyes que no les afectan en absoluto.)

(Su mascarofobia podría haber llevado a los políticos de este país a esperar tanto para decretar el uso obligatorio de protección buconasal en espacios públicos, por ejemplo.)

**

Volvamos, para despedirnos, a los espartanos y neandertales:

Dado el caso de elegir entre si deben morir los más jóvenes o los ancianos primero:

¿Quién lo decidiría?

¿Cuál sería la edad límite?

¿Importarían el color de la piel, la ‘posición’ social, la profesión, el sexo, la belleza, la estatura, la identidad sexual, las adicciones, la orientación política?

¿Debería salvarse a un niño antes que a un sexagenario, director del mismo hospital?

*

Y dos últimas preguntas:

Puesto que en Alemania viven hoy más de 30 millones de personas mayores de 50 y se calcula que alguna vez serán la mayoría de la población:

¿Podrán decidir entonces alguna vez los ancianos (democráticamente, no como en Esparta), quiénes deberían morir en un triaje?

*

Cierro estas interrogaciones y mareos dominicales volviendo a nuestros parciales antepasados.

En el hipotético caso de no haberse extinguido y llevaran una existencia similar a la nuestra:

¿Cómo habrían tratado los neandertales a sus ancianos en los peores momentos de esta pandemia?

¿Cómo habrían cuidado los neandertales a sus semejantes en una pandemia como la actual?.

.

HjorgeV

Colonia, domingo 26 de abril del año CV I

.

Fuentes:

BBC, ElPaís, Wikipedia, DieZeit, Die Zeit, Wikipedia, Flugrevue, BBC, Wikipedia, Aktion T4, DGDB, Infobae, LaVanguardia

«MADE IN GERMANY»

El ingenio suele ser grande cuando la necesidad agobia.

Este país ya lo demostró, cuando el 23 de agosto de 1887 la Corona británica, harta de que productos alemanes de baja calidad e incluso falsificaciones inundaran su mercado y el de sus colonias, decretó el uso de la etiqueta Made in Germany.

Era una clara estigmatización, con el objetivo de hacerlos desaparecer del mercado.

Pero el tiro les salió por la culata.

Entendiendo que solo una huida hacia delante los podría salvar, los productores alemanes empezaron a mejorar sus productos, y, ya a finales del siglo XIX, Made in Germany se había convertido en un sello de calidad.

*

Me topo con una viñeta en el Spiegel:

«Depósito de máscaras y ropa de protección» dice el letrero de una puerta que un sanitario ha abierto.

El depósito está vacío.

Solo hay carteles amontonados, que dicen:

Gracias, Nuestros héroes, Aplausos a las ocho, Canciones.

Sí.

Alemania también está sufriendo de importantes desabastecimientos en estos días.

*

Lo malo es que, luego de la Fase 2 -la del regreso a la ‘normalidad’-, seguirá la Fase 3:

El cómo hacer para que el virus no vuelva a propagarse.

¿Lo habrán entendido mis convivientes?

*

Uno de los grandes problemas de la era moderna, es que, boquiabiertos ante el vertiginoso avance de las nuevas tecnologías, nos hemos olvidado de algo esencial:

Para resolver un problema, primero hay que entenderlo.

*

¿Hemos entendido de qué va esta pandemia?

O sea:

¿Hemos entendido, para empezar, cuál es el problema?

*

Muchos creen que consiste en encontrar una vacuna, un antídoto, un procedimiento que permita volver a la ‘normalidad’.

Otros, que la economía no se vaya al garete.

*

¿Es así, realmente?

¿Es ese el problema?

Curiosamente, el mismo término lo indica: pandemia.

Que afecta a todos los pueblos o, por lo menos, a una gran cantidad de ellos.

*

El historiador y autor Yuval Noah Harari, lo ha expuesto así:

«No podemos protegernos cerrando de forma permanente nuestras fronteras. Recordemos que las epidemias se propagaban con rapidez ya en la Edad Media, mucho antes de la era de la globalización. Por tanto, aunque situáramos nuestras conexiones internacionales a la altura de las de Inglaterra en 1348, eso no bastaría. Si queremos un aislamiento que nos proteja de verdad, no basta con la época medieval. Tendríamos que volver a la Edad de Piedra.»

«Lo más importante que tiene que saber la gente sobre las epidemias es quizá que la propagación de la enfermedad en cualquier país pone en peligro a toda la especie humana. El motivo es que los virus evolucionan.»

«En los años setenta del siglo pasado, la humanidad consiguió derrotar al virus de la viruela porque se vacunó a todo el mundo, en todas partes. Con que un solo país no hubiera vacunado a su población, podría haber puesto en peligro a toda la humanidad, porque, mientras el virus de la viruela existiera y evolucionara en algún sitio, siempre podría propagarse a todas partes.»

*

El problema actual no es encontrar una vacuna lo más antes posible.

(También. Claro.)

Consiste en que el corona podría haber venido para quedarse, y la absoluta mayoría de quienes nos gobiernan y toman las decisiones, además de la población, no parecen haberlo comprendido aún.

Ahora que han reabierto muchos negocios (los de una superficie menor de 800m²), las zonas peatonales y comerciales alemanas han vuelto a llenarse hasta un 50%.

Por otra parte, la misma población exige el retorno a la ‘normalidad’.

Como si lo normal no fuera el cambio permanente, tal como entendió muy temprano Heráclito.

*

Tal vez lo peor no sea eso, sino la ausencia de una actitud crítica, la necesaria para enfrentar crisis de todo tipo.

Que el ministro de Economía alemán haya presentado como argumento antimascarilla un número supuestamente inalcanzable para las capacidades industriales de este país, por ejemplo, no solo debería llevarnos a comprobar esa cifra:

Debería alertarnos a todos.

*

Pues, al margen de lo absurdo de la cifra, el ministro de marras olvida algo importantísimo:

Que podrían ser hechas por la misma población.

Por lo menos en parte.

De hecho, ya hay numerosísimas iniciativas, grupos de vecinos, costureras, sastres, aficionados y simples ciudadana/os que han empezado a producirlas sin la bendición del bendito ministro.

*

Si algunas grandes enseñanzas debería dejar esta crisis, una de ellas sería la siguiente:

Los grandes problemas no tienen por qué tener ‘grandes’ soluciones.

Pero estas siempre deben ser inteligentes.

Llenas de sentido común.

Y amor por lo simple.

.

.

HjorgeV

Colonia, jueves 23 de abril del año CV I

Alemania se enmascara (por fin)

De pronto, este país despierta y se enmascara.

Jena, la primera ciudad alemana en exigir el uso de mascarilla en los supermercados, edificios y en el transporte público desde comienzos de abril -siguiendo el ejemplo de Austria-, anunció ayer que no se han registrado nuevos casos en los últimos 9 días.

Entonces, de pronto, a las poquísimas ciudades que la habían imitado -tímidamente-, empiezan a sumarse otras.

Fráncfort, Potsdam, Münster, Hamburgo.

*

En toda Sajonia es ya, desde ayer lunes, obligatorio el uso de mascarilla en las tiendas, supermercados y en el transporte público.

Berlín planea implantarlo pronto, aunque solo para el transporte público.

En Dresden y Leipzig, los respectivos ayuntamientos ya han empezado a repartir mascarillas gratuitas.

Seguirán en los próximos días Bavaria, Hessia, Mecklenburgo-Pomerania Occidental, Turingia y Schleswig-Holstein.

*

Una curiosidad mencionable:

El uso de un protector bucal y nasal es obligatorio (puede ser una bufanda o un chal), pero no punible su desacato.

*

Pero hay también más curiosidades:

Si antes el argumento era que las mascarillas no servían como protección (como le pasó al cinturón de seguridad), para luego pasar a que solo servían en caso de ya estar uno contagiado (para reducir la posibilidad de contagiar a los demás).

Ahora el principal contrargumento es otro:

No habría suficientes mascarillas para todos.

De ahí que no se pueda obligar su uso.

*

Podría tratarse de un chiste, de no tratarse de una de las primeras potencias industriales del mundo y pionera en muchos rubros.

Pero no lo es.

*

Que este país se declare incapaz de fabricar naves interestelares en el término de un mes: vaya y pase, perfectamente.

¿Pero que no pueda fabricar simples mascarillas para toda la población?

*

(Ojo que el tema no son las especiales que necesitan el personal médico y sanitario, entre otras pocas salvedades.

Estamos hablando de simples pedazos de tela u otro material que dificulte o disminuya tanto el paso de gotas de Flügge o microgotas al ambiente por parte de su portador, como en sentido contrario.)

*

El ministro de Economía, Peter Altmaier, se ha sacado del bolsillo una bárbara cifra para justificar esa tenaz renuencia nacional:

12 millardos (miles de millones).

Ese sería el número de unidades que se necesitarían por año para satisfacer las necesidades de toda la población.

*

Si se suele decir que la epidemia es un asunto de virólogos y que el resto de la población no debería meter su cuchara en el tema.

¿Qué hacer cuando alguno comete un error de bulto o demostrable?

*

Una de las ventajas de una democracia es que existe el derecho a la libre información y libre formación.

Y los virólogos no son perfectos: uno de los más famosos actualmente, Hendrik Streeck, fue pescado recientemente por las cámaras mientras se pasaba la mano por la boca y la nariz, justo cuando esperaba su turno para hablar sobre el corona.

Pueden equivocarse, como cualquier otro ser humano.

*

Ahora bien, si dividimos 12.000.000.000 entre la población de Alemania mayor de (vamos a decir) 5 años, que serían unos 80 millones:

Se obtendría 150.

¿Necesita cada uno de esos 80 millones 150 mascarillas al año, más o menos una nueva cada dos días?

¿Acaso toda la población va a trabajar en el transporte público, al banco o a hacer las compras?

¿No podrían, en todo caso, reusar, reutilizar sus mascarillas?

*

(Yo tengo dos, de tela de algodón, que voy alternando en mis salidas a mi trabajo y al supermercado.

Espero que me duren meses, aunque ya estoy pensando conseguirme un par más, para no tener que estar lavándolas y secándolas todo el tiempo.)

*

Obviamente, el problema es otro.

*

Ya lo planteó un periodista de la revista Bento:

Sind wir zu cool für die Maske?

Algo así como:

¿Somos (los alemanes) demasiado vanidosos/soberbios/engolados como para llevar una máscara?

*

Un médico chino ya lo expresó mejor:

«No llevar mascarilla en los países afectados por la pandemia, no es una cuestión cultural.

Es simple estupidez.»

.

.

HjorgeV

Colonia, martes 21 de abril del año CV I