«EL TIEMPO QUE TODO LO PUEDE»

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El tiempo que todo lo puede

y las cosas cambia me sorprende

con una foto tuya agostada entre

las hojas de un viejo libro.

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En ella sacas la lengua:

irreverente y divertida:

tu anacrónica forma de

despedirte de tan disímil unión.

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Te disgustaban

mi pausado silencio (pleno de

gestos siempre inútiles), las

contradicciones de la historia

universal, la ductilidad de la moral

humana, la poesía de Borges.

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Te debo aún mi salud mental, incontables

caminatas en ese invierno inhóspito,

la longitud del adiós, el

poder de una noche.

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HjorgeV 14-12-2017

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OCUPACIONES Y CONSENSOS

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Primero fueron los miedos y las grandes preguntas.

Después las creencias: una forma de aprender a vivir y superar los miedos.

Las creencias condujeron a las religiones: el barrido institucional de las Grandes Preguntas debajo de la alfombra.

Pero la alfombra seguía ahí.

Y, paralelamente, no habíamos cesado de querer saberlo todo:

Cómo funciona esto o aquello. De dónde proviene. Cómo cambiarlo, alterarlo. Qué pasaría si. Para qué. Podríamos cambiar esto y aquello.

Los porqués no interesaban tanto cuando se trataba de comer, vestir o tener un techo sobre la cabeza.

Pero sí, cuando se ocupaban de temas más profundos, mientras los administradores de los miedos y temores iban probando sus nuevos poderes, detrás de sus púlpitos.

De ese modo, ciencia y religión pronto colidieron.

Tú podías creer lo que quisieras (que el mundo se iba a acabar al día siguiente o no, que al morir las almas se iban al purgatorio o no), empero, puesto que cada uno tenía esa prerrogativa (la de tener sus propias e intangibles creencias), se hacía necesario un consenso.

Ese consenso fue la ciencia, en la que se acepta solo lo empíricamente comprobable, no las creencias.

Las religiones, por su lado, no tenían que esforzarse por demostrar nada, pues, por definición, se basan en dogmas: en verdades o principios que hay que aceptar y punto.

La solución a esa colisión fue la fuerza: a partir de ahora vas a creer como yo o mueres (por no creer como yo).

Magnífico negocio.

Pero ni la ciencia ni la religión podían tener respuesta para la Gran Pregunta.

Pues de demostrarse la existencia de un Ser Supremo o Creador (por medio de una aparición o revelación, una nave interespacial o la demostración del Big Ban como origen del universo), entonces la siguiente pregunta seguía siendo tan válida como la primigenia:

¿Y quién creó a ese ser supremo o creador?

El detalle está en que el ser humano no puede soportar las preguntas sin respuestas.

Como tampoco los problemas sin solución.

Preferimos una solución cualquiera aunque esta termine empeorando el problema inicial:

Ahí siguen Irak, Afganistán, la llamada guerra antiterrorista o la antidrogas, tal vez pronto Corea del Sur o Irán.

¿Por qué existe el Mal?, fue una de las grandes preguntas primitivas.

Para el cristianismo, el Mal es el precio a pagar por el pecado original.

Una construcción mental que es, en realidad, también un magnífico negocio:

Hacer un mal producto (el ser humano) y obligar al mismo producto a pagar por el error de su fabricante.

Un dicho judío plantea que el hombre hace planes para que dios pueda carcajearse.

Convengamos en que tal vez esa podría ser su ocupación actual.

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HjorgeV 02-12-2017

«EL GRAN CAÑÓN»

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En el principio fueron las hormigas:

huéspedes sorprendentes de mis preguntas

infantiles (padre me regaló un solo un tomo de

una enciclopedia animal y yo lo leía y

releía imaginando que cobraban vida).

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Mis ojos niños buscaban entender:

cómo se organizaban en silencio,

sin letras ni sonidos y podían sobrevivir.

Si sentían y pensaban, ¿por qué callaban?

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Mucho después (mucho más allá de los perros,

de los humanos y demás animales confusos)

el descubrimiento del Gran Cañón:

el fondo de pantalla que

ahora me observa.

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Una forma como cualquier otra

de capturar el tiempo, de

detenerlo por un momento,

en sí mismo. Una redundancia,

obviamente (pero que a mí me ha servido).

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Un escenario pétreo que te refriega en el

rostro tu incapacidad

de volar: que

lo que abarca tu vista

suele ser engañoso y

muy lejano (ahí está

a diario el espejo amigo de testigo).

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Nada es plano en el Gran Cañón.

La geometría que

se aprende en la escuela no

existe en la naturaleza, como

no existen las verdades más allá

de quien las cree, pues toda verdad muere

con su emitente (sino no sería su verdad).

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Capturar el tiempo: lo que dura el

dolor, los mejores y peores

sentimientos, las más hondas derrotas.

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Un paseo con la mente en otro lado

mientras recorres la ruta que

te ha tocado debajo de los pies

(decir que la elegiste sería creer en

la lotería: y tú no crees ni en ti mismo).

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Pudor. Vergüenza. Nimiedades.

Vanas. O no. Quién lo sabe.

Pudor. Aquiescencia. Las tribulaciones

de las tías más recónditas de

la memoria.

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(Aceptarlo como

la sensación que podrá

volver a burlarse de nosotros

cuando menos lo esperemos.)

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Entonces abres la puerta y te

encuentras con que es tu destino

quien ha llamado a ella.

¿Asombrarse en la puerta del horno?

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Y ahí vamos, de captura en

captura: animales siempre inútiles

y mal domesticados, tras malas puertas,

peores o mejores decisiones.

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Arrebatando esperanzas, destruyendo puentes

y caminos, cercanías: como el niño que

decide jugar solo a la guerra ignorando

que se destruirá a sí mismo, a su

propio dios de todas las cosas.

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HjorgeV 30.11.2017

«OXÍGENO EN EL REFUGIO DE LA MOSCA»

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Atraviesa el refugio de la mosca

un rayo de luz:

la vida es solo un

suspiro más o

menos iluminado, su eco

un tambor perdido.

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Aquel tiempo tan nuestro

se deshizo en

mares, rostros, ciudades y

babiecas.

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Desde el espejo de los

días -un simple juego

de suma cero-,

el tiempo aquel

me mira desahuciado,

perenne en su mudez.

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Te escribo desde el café de la plaza San Martín

(hoy convertido en un verdadero

negocio donde venden cervezas como

antes queríamos escribir poemas) el lugar

que elegiste para despedirte

no de mí, «sino del país entero».

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El ateo entiende que hay muchos más

misterios que el del origen del

universo y el sentido de la vida.

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Entonces, la pulsión autodestructiva.

La imposibilidad de

aceptar el absurdo. 

Mi necedad universal.

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Las religiones existen porque no

aceptan entredichos ni críticas, dándole

un respiro a quien pregunta sin encontrar respuestas.

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Te ibas. Era así. Punto.

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El oxígeno de las masas.

Sí. 

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Pero no el del más simple y

complicado de todos mis

sentimientos.

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HjorgeV 18.11.2017

TRES HIPERBREVES

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«EL VENDEDOR»

Vendo urgentemente casa deshabitada. Preguntar a partir de mañana en el pueblo por la vivienda del vecino que acaba de saltar al vacío.

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«AMOR ETERNO»

Desde su cama, le dio a entender que su corazón sería suyo para siempre. Insistió hasta que terminó llorando por no saber expresarlo con palabras. Él también lloró, pero porque no entendía nada. Se quedaron dormidos luego, cada uno en su cama. Hasta que los despertó la enfermera para darles el primer biberón de la mañana y sus medicinas infantiles.

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«CÓDIGOS»

-Yo entiendo -le dice ella, mientras él lucha por zafarse con los ojos desorbitados-, por supuesto que te entiendo. Ahora solo falta que entiendas tú -agrega terminando de hundirle el cuchillo.

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HjorgeV 14.11.2017

«LA CASA COMPARTIDA»

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Sobre la mesa de trabajo el

cadáver empieza a presentar

problemas para ocultar sus

fluidos y efluvios, mientras cuadernos, hojas

sueltas, lápices, lapiceros,

plumas, libros, diarios y revistas parecen

esforzarse por dificultar el trabajo policial.

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Él querría haber tenido otra

vida. Ella considera que no supo

vivir. Cualquier discusión

al respecto sería ahora una ofensa al azar:

el verdadero dios de todo lo que ocurre.

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La importancia de no querer

tener la razón en todo es ahora decisiva

para ella, pues determina su

capacidad para sobrevivir al caos,

especialmente el surgido después de

la muerte de su hermano.

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Cuando la policía científica ha terminado

su trabajo y empieza

a retirarse, ella pregunta en voz alta si también

se investigará su propia muerte.

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¿Cuál muerte?, pregunta el jefe del escuadrón.

¿La mía?, dice ella.

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Los muertos no preguntan, le

responde el policía.

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¿Entonces por qué me han puesto las

esposas y me llevan detenida?

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El policía no responde y ella tropieza,

pues ha empezado a temer al

abismo que se abre

delante de sus ojos.

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Caer ya no es solo una posibilidad

de su imaginación:

toda caída podrá ser fascinante,

pero las propias siempre duelen más.

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Por fin abandona la casa compartida,

contemplando su propia desgracia como

una huérfana que mira un regalo ajeno, distante,

entendiendo por fin que nadie podrá

reemplazarla jamás en ninguno de sus pasos.

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HjorgeV 09.11.2017

«DEFORMACIONES Y DELIRIOS»

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Te observo a mi lado:

como un cazador de momentos que

ni siquiera existen en las

deformaciones del pasado, un

pescador que cree haber lanzado

su anzuelo al mar y solo es una

espesa niebla lo que tiene delante.

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En castellano la atención se presta,

en italiano se hace, en inglés se paga.

En alemán se regala.

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Ponme tu atención o házmela.

No tienes que regalármela ni

pagármela.

Solo prestármela:

ser por fin

habitante de uno solo

de tus

instantes.

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HjorgeV 31.10.2017

MARGARITAS AL MAR

El bote nos acercó a la isla que, desde la orilla, se veía como un mundo, un planeta aparte.

Y lo era: con sus lobos marinos, pingüinos, pelícanos, gaviotas, guanays y otras aves y animales marinos muy raros de ver.

Había una mezcla de ambiente festivo y de duelo en la embarcación, como si dos grupos muy diferentes se hubieran equivocado de fecha y no les hubiera quedado otra alternativa que juntarse para compartir el transporte hacia la isla. Y luego todo se les hubiera revuelto: el éxtasis, la pena, la alegría, el dolor.

Fue muy difícil no sentir el peso de la muerte, de esa parte inseparable de la vida que tanto nos cuesta tematizar, mencionar siquiera.

Cuando lanzaron al agua las cenizas de mi padre, seguidas de las flores de los arreglos florales funerarios, sentí que eran solo dos preguntas las que se lanzaban al mar, como deshojando una margarita: ¿Moriré yo también? No moriré. Moriré. ¡No moriré!

En eso, una repentina onda marina zarandeó la embarcación y esta se elevó notablemente, cayendo luego con un golpe como el de una bofetada gigantesca.

Pasado el susto, ya nadie se atrevió a lanzar más margaritas al mar.

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HjorgeV 17.10.2017

«DECRÉPITA»

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Ahora ella está soñando:

que es su forma de

burlarse del mundo,

de sacarle la lengua a

los reveses.

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(Cuando no sueña el espejo es su

mejor metáfora,

pero ahora duerme y

no puede preguntarle

nada a su imagen

al otro lado de la

pecera.)

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Detrás de

la ventana -su ojo

al mundo exterior-

las hojas de octubre se

desprenden de los

árboles como cartas

que no llegarán jamás a su

destino.

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Sin pensárselo dos veces

salta por el hueco.

A sus pies la naturaleza parece haberse

derramado 

y teme avanzar con rapidez por

miedo a tropezar y

volver a su vida

anterior.

..

Pero continúa,

decidida:

y ya es muy tarde cuando voltea y ve que

todas las siluetas

que ha dejado atrás

han decrecido y pronto

desaparecerán en el horizonte

como ideas en una mente

decrépita.

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HjorgeV 08.10.2017

«LA CIUDAD A TUS PIES»

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Necesitabas el otoño

para escapar:

retroceder para avanzar.

Perderte para encontrarte.

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Delante de ti la línea de los

tejados y edificios seccionaban

el cielo sobre el

océano.

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Alcanzar la meta para entender

que todo siempre es en vano,

puede doler.

Llegar, pero solo como prueba de

que has partido, aunque sigas

sin saber por qué, también.

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Con todo, por fin aterrizas.

Por el intercomunicador hablas

con frases entrecortadas,

entresangrantes.

Con un gesto de domingo (que

aturde, precisamente, porque

hoy es domingo y has acertado

por fin con nuestro primer día)

me anuncias tu decisión.

Pulso el botón y empujas la puerta.

..

(Como sabías que no serías aceptada

habías corrido a toda prisa para que las

miradas no te alcanzaran,

convencida de que un gesto

de indiferencia bastaría

para derribarte.)

(Evitabas a tus demonios

interiores sin saber que así

los alimentabas.)

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¿Miedo al futuro

que nunca existe porque

siempre es una masa transformándose

en presente?, me preguntas.

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Miedo al presente, te

respondes a ti misma, sentada sobre el sofá

con un vaso que elevas

como una medicina eterna

hacia tus labios.

Pero más miedo al pasado:

los puentes, los caminos

destruidos. Los amigos caídos. Los pasos

no dados. Las traiciones a

ti misma.

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¿Quién eres?

.

No respondes.

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Lo intenta tu pasado

desde su eterna

máscara cotidiana:

apenas dos o tres gestos

mal aprendidos.

.

Lo noto desde la silla que

he escogido para escucharte.

.

Pero pareces no entenderlo

y miras hacia afuera y

es como si el cielo

se hubiese caído de pronto

a tus pies:

.

Pero solo es nuestra

ciudad, la húmeda y

silenciosa compañera de todos

nuestros

ruegos y elevadas

desgracias

la que nos mira en busca

de respuestas.

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HjorgeV 04.10.2017