CARNAVAL DE COLONIA (narración)

...$.

Colonia, piensa y cierra los ojos. Estás cansado, piensa. De varias maneras. En una de ellas, el sudor sigue brotando por los poros de su cuerpo, a pesar de que ya está desnudo, con un pie apoyado sobre la bañera, que él llama tina, porque viene del Perú. Llama carro al automóvil y no coche. Cosas que te valen bien poco en este país, piensa.

Colonia, su carnaval, vuelve a pensar. Siempre es como terminar en una fiesta estridente y llena de gente borracha y desconocida, sin haber bebido una sola copa. Cuando, en verdad, todo lo que querías hacer, era leer a solas y en silencio un buen libro.

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Abre y cierra los ojos, procura concentrarse en lo que hace. ¿Cuáles son las otras maneras en las que estás cansado? Piensa y llega a varias conclusiones, mientras le da al cortaúñas y las paredes se empiezan a cubrir con una lámina de vapor de la cual parecen brotar lágrimas. Es como tu cuerpo. Pero las paredes no sienten. O eso te crees, piensa.

Ahora que ha dejado el bullicioso centro de la ciudad, ha recorrido el trayecto de media hora en su automóvil, se ha puesto los atuendos para su trote diario (los ha dejado esta mañana colgados detrás de la puerta de su pequeña casa, en la repisa donde lo esperan muchas cosas como duplicados de llaves, listas de compras y tareas, fechas importantes y anotaciones e ideas: es un hombre olvidadizo y distraído, necesita planear sus pasos para que lo lleven adonde realmente quiere), piensa.

Ahora que has pasado por la casa de tus vecinos, los Ernest, para recoger a su perro. Ahora que has corrido ganándole otra vez a los árboles de los campos, te has ha despojado de tu ropa ya empapada y te aprestas a entrar en la bañera. Ahora, que estás a punto de darse un baño caliente y reparador, te pones a pensar que el hombre es un animal reincidente. Y el único al que le gusta dar consejos.

Reincidente, sobre todo.

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Viene de haber trabajado todo el día. Se ha levantado a las cinco y media, como siempre, y ha estado todo el bendito día rodeado de payasos urbanos, condes Drácula, mariquitas, rubias con tetas gigantescas de goma plástica, mujeres con la ovulación, mujeres con la menstruación, hombres con niveles de adrenalina y testorena como para competir en unas olimpiadas, hombres con simple sed, amigables y brutos, más gente sedienta de la bebida color orina, brujas, jorobados y más payasos. De eso no estás cansado, piensa.

Trabajar no le cansa. Lo que le cansa es la gente que no se cansa de buscar un pretexto para poder litigar o para ponerle mala cara al día. A cada una de las horas del día.

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Después de bañarse se sienta en su escritorio y enciende su portátil. Mecánicamente, revisa su buzón postal electrónico y su agenda. Por un momento, se queda paralizado. Sabe lo que le espera en la lista de tareas del día. Lo acaba de recordar. La cita importantísima que recordamos cuando ya es irremediablemente demasiado tarde y solo el suicidio nos parece la solución más sensata. ¡Puffff!, exclamas.

Como quien es observado por alguien invisible o por alguna cámara oculta, hace como si no hubiera ocurrido nada y empieza a revisar las noticias del día. Se levanta y se sirve una copa de vino.

Normalmente prefiere una cerveza bien helada. Hoy ha sobrevivido al carnaval y la copa de tinto es una forma de celebración. Ha empezado a detestar el simple color de la cerveza. Siempre es así cuando llega el carnaval, te dices.

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Cuando está por terminarse la botella, ha respondido a todos sus emilios, ha revisado más diarios y más noticias del día. Cuando ya ha visitado las bitácoras de costumbre y pendejeado paseándose por páginas poco inocentes de la red, y se siente cansado. Después de haber hecho todo eso y acabado de cerrar todas las ventanas que mantenía abiertas en su pantalla, recién entonces revisa finalmente su agenda. Uffff, haces. Te ha costado.

Lo hace entre triste y acostumbrado. Desarmado, inerme, sin defensas. Sabe lo que le espera. Sabe lo que leerá. Es más o menos lo mismo de los últimos años. Por lo menos esta vez, se dice, no vas a borrar la tarea no cumplida. Que te dé una bofetada en el rostro leerla. Que te sientas como un excremento inútil hasta como abono ecológico.

No sabe si es por el vino o porque ha tenido la sensación de haberle ganado un día más a la batalla de la vida –de su vida- y eso debería ser razón suficiente como para alegrarse, ya no se siente tan desanimado. Empiezan las justificaciones, tu lucha interna, se dice. Juegas de local, por eso siempre ganas, te repites. Quieres reír, pero no lo consigues. Te burlas de ti mismo, piensa.

…$.

Duda un momento, luego se entristece aún más, dejando pasar la ola positiva. Ya le falta poco para revisar la tarea que ha escrito como la más urgente del día en su agenda.

La soledad, constata, ayuda poco en estos casos. Lo agrava todo. Qué diablos, se dice, mañana será otro día y podrás pensártelo otra vez. Por un prurito de fisgón lee lo que ha escrito esa misma mañana en su agenda (lo ha hecho rodeando la frase con signos de interrogación para disimular ¿qué?) y que ya no se puede tomar en serio porque lo peor del día ya ha pasado y el vino y el baño caliente lo han ayudado a olvidar cosas más urgentes, como su catastrófica vida sentimental, su incapacidad para organizarse de alguna manera sensata y para planear su futuro en su segunda patria. Para planear cualquier cosa en tu vida, se dice.

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“¿Piensas soportar un carnaval más en Colonia?” es el mensaje que borra rápidamente de la lista de tareas urgentes de su agenda, con un movimiento certero a pesar de los tragos, como el corte de bisturí que le haces al intruso que ha osado ocupar tu asiento en la última nave de escape del planeta Tierra (ha soñado que solo los que van sentados sobreviven al vuelo), antes de lanzarte cansado a dormir y mandar todo, simplemente, al carajo, al confuso espacio infinito en que se ha convertido tu cabeza embriagada y giratoria.

…$.

HjorgeV 07-05, 29-08-2008

ELECCIÓN DEL VIENTO (poesía)

Lo nuestro fue una estrella fugaz

Una de esas que se salen de su órbita

por vete a

saber tú qué razones

del perro escondido

O del gato inmundo


Y estuvo a punto de quemarnos

De arrasar con dos humanidades

hechas de días, hojas

y gaviotas


Lo exigíamos todo de

nosotros

Lo alto y lo bajo

Lo agudo y lo grave

La furia y la calma

El vendaval en la arena

intacta

El tacto de la araña en

el fragor de las olas

Despertar llorando para no dormir con

lágrimas antiguas

Retozar en la luz

perdidos

en la oscuridad

Amar el placer de amar

sin pedirle nada a nadie

Ni a nosotros mismos

siquiera

Algo imposible para conjurar

una cópula

Bien se sabe


En nuestro ímpetu olvidábamos

el simple medio

La moderación lejos de los extremos

La boca central succionadora de todo lo

bueno y lo malo

El sentido de la diana

El ojo del huracán

mientras nuestras almas vibraban

como dos pajaritos con corazones

trasplantados

y ateridos de frío

en la mitad del hambre

del hombre


Como si el centro real de las cosas

fuera un abismo que había

que evitar a cualquier precio

Incluso el falsificado

El equilibrio en una cuerda

-lo sabíamos-

presenta dos grandes riesgos

laterales


El borde de un precipicio

sólo un gran riesgo


Y nosotros

nos inclinamos por

él


Yo volteo a veces todavía el

Rostro en una calle

Cualquiera y en

Medio de la muchedumbre

Siento todavía el golpe

Del viento que sentíamos

Al caer

HjV 27-08-08

¿ESPECTÁCULO O DEPORTE?

PARTE FINAL DE LA ENTREVISTA A ÁNGEL HEREDIA

Hay quienes afirman que lo mejor sería liberalizar el dopaje.

¡Dopaje libre para todos!

Punto.

Es el método de cortarse un dedo del pie cuando aprieta un zapato.

¿Es una salida a considerar con seriedad?

Existen planteamientos parecidos respecto a las drogas en general.

Y no son del todo descabellados.

La heroína es peligrosísima, por ejemplo, porque si la dosificación falla, significa la muerte más o menos programada del cliente.

Los vendedores, los dealers o camellos de la calle, no pueden garantizar la pureza de sus productos y, por lo tanto, tampoco la dosificación a utilizar.

Legalizada la heroína, desaparecería la figura del yonqui, del heroinómano, que da pena por la calle porque se ha pasado de vueltas, se ha sobredosificado sin querer.

Pero una cosa son las drogas para satisfacción o uso personal. (Recreativo, dicen algunos.)

Y otra cosa son las drogas que se usan para sacar ventaja en el deporte.

¿DOPAJE PARA TODOS?

En simples términos prácticos, si en una disciplina deportiva todos estuvieran dopados o se pudieran dopar de la misma forma, ¿para qué se tendrían que dopar entonces?

El dopaje sólo tiene sentido si sirve para sacar ventaja sin que los demás lo sepan.

O, sabiéndolo, no lo pueden demostrar. Como sucede actualmente.

Y es que los controles antidopajes solo pueden detectar lo que se conoce de antemano.

Todo lo demás no.

Es una carrera con doble ventaja.

Porque los que se dopan con los métodos más modernos no pueden ser alcanzados ni por los demás atletas (menos informados o menos pudientes) ni por los funcionarios antidopaje.

Pongamos un ejemplo chabacano pero didáctico.

Supongamos que un grupo de cuatro atletas hace 8, 9, 10 y 11 segundos en los 100 metros, respectivamente.

Tras la ingesta de cierta droga, esos cuatro mejoran sus tiempos en un segundo: a 9, 10, 11 y 12 segundos, correspondientemente.

Es decir, vamos a suponer idealmente, que la misma droga suministrada permite a quien la ingiere bajar un segundo de su tiempo en determinada carrera.

¿Para qué doparse, entonces?

Mejor hacer correr a todos con zapatos de tacón o con los ojos vendados.

Estarían todos en las mismas condiciones, sería más barato y, según los gustos, más divertido.

Por otra parte, de permitirse la liberalización total, se abriría aún más el camino a competencias desiguales.

Los atletas de los países pobres estarían aún en mayor desventaja frente a los de los países ricos.

EL CUENTO DE LA PUREZA EN EL DEPORTE

Si hay algo que hay que dejar claro, es que la pureza en el deporte es un mito que sirve para ganar dinero.

Doparse es mentir.

Doparse es falsear la realidad.

Mentir, pero sin que los demás lo sepan.

Nadie participa y dice: yo me dopo. (Lo expulsarían, primero.)

Por un lado –el aspecto menos importante, creo yo- mientras no haya transparencia en las prácticas deportivas, no será posible saber qué tanto se está avanzando ‘realmente’ en el ‘desarrollo’ deportivo. Cuáles son los límites de nuestro cuerpo humano.

En cambio, se usa el deporte como una religión.

Como una religión con la que se puede hacer dinero.

Pero para hacer dinero es necesario ganar y para ganar es menester crear ventajas frente a los demás.

Hacerles creer a los demás que todos participan en las mismas condiciones.

Sin que se enteren de sus ventajas, está claro.

Si no, serían descalificados los tramposos.

Entonces, en la farsa se cuelan –participan- todos: deportistas, padres de familia, dirigentes, políticos, farmacéuticos, médicos, investigadores, intermediarios, comerciantes, periodistas.

Para poder seguir vendiendo el Engaño, pero como Producto Puro.

¿Alguien se animaría a pararse junto a unos tipos que no solo tienen mejores sistemas de preparación y mejores cualidades físicas, sino que además tienen cohetes ocultos debajo de los zapatos?

De liberalizarse el dopaje, se crearía una nueva competencia: la de quién tiene más medios para agenciárselos.

¿Cuál es la alternativa?

Por ahora, me imagino, seguir aceptando la trampa.

Pero por lo menos siendo conscientes de que todo no se trata de nada más y de nada menos que de un gran engaño, de una gran farsa.

Aunque hay gente que le gusta eso de las grandes ‘proezas’ atléticas a pesar de todo.

Por las carreras, la adrenalina, la pugna, el sudor. Es como en las apuestas.

El resto no les importa.

Están en su derecho, pienso yo.

El deporte se ha convertido en un Espectáculo. Un Espectáculo Comercial, que se rige por las leyes selváticas del mercado.

Llamémoslo por lo menos abiertamente así.

Y no más Deporte.

…$.

HjorgeV 26-08-2008

DER SPIEGEL: ÚLTIMA PARTE DE LA ENTREVISTA A ÁNGEL HEREDIA

http://www.spiegel.de/spiegel/0,1518,571031-4,00.html

EL DEALER OLÍMPICO

PARTE 4

“Altos rendimientos sin dopaje son un cuento infantil.”

SPIEGEL: La idea de que el deporte es una competencia justa en el marco de reglas predeterminadas, ¿es algo que ya ha muerto, en realidad?

Heredia: Pero, claro. Salvo que regresemos al deporte sin dinero de la antigüedad. Sin la televisión, sin Adidas ni Nike. Es algo totalmente claro: el que sale octavo en un torneo importante, recibe 5.000 dólares. El primero, recibe 100.000. El atleta se lo piensa y llega a la conclusión de que los demás están dopándose. En eso tiene razón. ¿Y a usted se le ocurre soñar que un deportista puede creer en la moral y en las ideas? Altos rendimientos sin dopaje son un cuento infantil, amigo.

SPIEGEL: ¿Preferiría apoyar la liberalización del dopaje?

Heredia: No, pero creo que la epo, IGF y la testosterona deberían dejar de estar prohibidas. Lo mismo para la adrenalina y la epitestosterona, que son sustancias que el cuerpo mismo puede producir. Simplemente por sentido práctico, porque la vigilancia es imposible y sobre todo por el juego limpio.

SPIEGEL: ¿Lo dice en serio? ¿Lo de juego limpio?

Heredia: Sí. Tomemos, por ejemplo, la droga más popular: la epo. La epo altera el nivel de hemoglobina y todos tenemos por naturaleza distintos niveles de hemoglobina. La liberalización permitiría alcanzar la igualdad y la justicia que muchos se desean. Se quiera o no, hay diferencias genéticas entre los atletas.

SPIEGEL: Que los seres vivos se diferencien entre sí, es lo que llamamos naturaleza. ¿Propone igualar a las personas a través del dopaje?

Heredia: Un atleta normal tiene un nivel de 3 nanogramos de testosterona por mililitro de sangre. El velocista Montgomery tiene 3, pero Maurice Greene tiene 9 nanogramos. ¿Qué puede hacer Tim contra eso? No es el dopaje el injusto. Injusta, es la naturaleza.

SPIEGEL: ¿Y qué prohibiría usted entonces?

Heredia: Todo lo otro que puede ser peligroso para la salud. ¿Anfetaminas? Prohibirlas. ¿Esteroides? Prohibirlos.

SPIEGEL: ¿Aún quedan disciplinas deportivas limpias?

Heredia: El atletismo, la natación, el esquí de fondo, el ciclismo, ya no se pueden salvar. ¿El golf? No es limpio. ¿El fútbol? Los futbolistas se me acercan y me dicen que tienen que correr de arriba abajo por la línea sin cansarse y jugar luego cada tres días. Los jugadores de baloncesto ingieren sustancias que ayudan a quemar las grasas, anfetaminas, efedrina. ¿El béisbol? Ja, ja. Esteroides en la etapa de preparación y anfetaminas en el juego. Incluso los que practican el tiro con arco ingieren los llamados downer, para mantener el pulso firme. Todos se dopan.

SPIEGEL: ¿Usted producía sus mismos preparados o simplemente los conseguía?

Heredia: Yo mismo no tenía un laboratorio. Pero, sí, tenía acceso a algunos laboratorios en la Ciudad de México. Hacía el pedido de las sustancias primas y luego organizaba el envío.

SPIEGEL: ¿Desde dónde?

Heredia: De todas partes. Australia, Sudáfrica, Austria, Bulgaria, China. La hormona del crecimiento la enviaba la empresa suiza Serono. Nunca había problemas al momento de hacer la importación a México. Las leyes no son tan rigurosas allí. También es posible comprar ciertas sustancias en las farmacias de mi país. Si nos enterábamos de algún medicamento que se encontraba en la fase de prueba, simplemente lo pedíamos. También combinaba sustancias. De vez en cuando elaboraba una crema propia.

SPIEGEL: ¿Alguna vez llegó a tomar a los controladores en serio?

Heredia: No. Nos reíamos de ellos. Hoy los que se ríen son ellos, claro.

SPIEGEL: ¿De qué vive ahora?

Heredia: Me queda un poco de dinero. He retomado mis estudios y quiero convertirme en farmacólogo. Ese es mi sueño. Pero no sé si encontraré trabajo, si seré condenado, si me expulsarán del país, adónde iré a parar. He dejado de tener una vida normal. Cuando camino, me cuido de que nadie esté siguiéndome los pasos. Pero en comparación con Jerome Young, me va bien.

SPIEGEL: ¿A qué se dedica hoy el campeón mundial del 2003?

Heredia: Tiene 31 años y reparte pan sentado en un camión. Se le acusa de haber quebrantado las leyes del deporte, pero eso no es cierto. Jerome no hizo otra cosa que regirse por esas leyes.

SPIEGEL: Señor Heredia, le agradecemos por esta entrevista.

Entrevista realizada por Klaus Brinkbäumer.

Traducción: HjorgeV/Colonia

Fotografía: AP

LAS OLIMPIADAS BIÓNICAS

CONTINUACIÓN DE LA ENTREVISTA HECHA A ÁNGEL HEREDIA

Una de las peores cosas que le puede suceder a una traducción confiable es que quede más o menos fiel al original, pero pierda ritmo y agilidad en el trasvase.

Lo contrario es peor: no se nota el trasvase hecho de idioma a idioma, ningún tropiezo; pero, en cambio, no se ha respetado honradamente el texto original.

Hay caminos que llevan a un traductor a callejones sin salida y otros que le muestran una puerta alternativa a cada paso. Y todo esto al margen de la mayor o menor formación que pueda tener ese traductor.

Cada idioma tiene sus formas de decir las cosas y ciertas estructuras férreas que se forman alrededor de esas formas o maneras de expresión, dificultando su traducción.

He traducido hoy la segunda y tercera partes de la entrevista que el semanario alemán Der Spiegel hizo a Ángel Heredia y que fue publicada el once del mes en curso.

http://www.spiegel.de/spiegel/0,1518,571031-2,00.html

Esperando que a alguien le pueda interesar este interesantísimo documento, sobre un tema que pronto y en los próximos años dará mucho que hablar. Y mucho para asombrarse.

¿Llegaremos a ser testigos de la Olimpiadas Biónicas?

(HjV)

DER SPIEGEL: ENTREVISTA A ÁNGEL HEREDIA

PARTE 2

De cómo Heredia pudo burlar a los investigadores y convertirse en el dealer –camello o narcotraficante- de los mejores deportistas del mundo.

SPIEGEL: ¿Existía una especie de ritmo de dopaje?

Heredia: Sí. Al final de la temporada en octubre, esperábamos un par de semanas hasta que el cuerpo quedara limpio. Luego, en noviembre, lo cargábamos con hormonas del crecimiento y epo, y hacíamos controles dos controles semanales, para asegurarnos de que no se formaran grumos en la sangre. A esto añadíamos los tiros de testosterona. Este primer programa duraba de ocho a diez semanas, luego venía una pausa.

SPIEGEL: ¿Y entonces se fijaban las metas a alcanzar en la temporada?

Heredia: Sí, pero eso dependía de cada atleta. Algunos querían mostrar buenos tiempos en abril, con el objeto de conseguir contratos para los festivales de atletismo. Otros no tenían otra cosa en la cabeza que las eliminatorias nacionales para poder competir representando a EEUU. Otros sólo pensaban en las olimpiadas. Entonces empezábamos la cuenta regresiva y así se iniciaba el siguiente ciclo. Siempre tenía que conocer bien a mis atletas y saber a qué federación pertenecía y cómo hacía esta sus controles.

SPIEGEL: ¿Cómo puede saber uno todo eso?

Heredia: Prestando atención. Con informantes.

SPIEGEL: Usted mismo llegó a ser un buen lanzador de disco.

Heredia: Muy bueno en México, bastante mediocre a nivel mundial. Había jugado fútbol, boxeado, practicado karate y lhabía terminado en el atletismo. Con 13, 14 años creía en el deporte limpio. El dopaje era un crimen para mí. A mi padre le preguntaba si estaba permitido ingerir aspirinas.

SPIEGEL: ¿Por qué empezó a doparse?

Heredia: El mismo argumento de todos los deportistas: porque los otros lo hacen. De un momento a otro, muchachos que acababa de vencer en las pistas, lanzaban diez metros más lejos que yo. Entonces, vino una lesión, pero no quería perderme las olimpiadas. El dopaje se convirtió para mí en lo que es para los demás atletas: parte del deporte. Si hoy entrenas doce horas y al día siguiente tu entrenador espera que vuelvas a entrenar doce horas, te dopas. Porque sino no lo consigues.

SPIEGEL: ¿Qué tomaba usted?

Heredia: Hormona del crecimiento. Testosterona.

SPIEGEL: A pesar de todo, no fue considerado para las olimpiadas entonces.

Heredia: Sí, pero empecé a leer todo lo que pude encontrar sobre medicina, conversé con otros atletas y pronto me hice de un nombre: Ángel conoce, Ángel sabe cómo pasar los controles. Los primeros sólo venían para que los aconsejara. Así empezó la cosa, hasta que un día el entrenador Trevor Graham me preguntó si lo podía ayudar. Le expliqué cómo funcionaba la epo y ya estaba metido en el negocio.

SPIEGEL: ¿Cuáles eran sus cualificaciones para convertirse en dealer de los mejores deportistas del mundo?

Heredia: Mi padre es profesor de química. Yo adoro la química. Y yo mismo era deportista. Me obsesioné con mi nueva función. Empecé a aprender, por ejemplo, todo sobre la testosterona. Aprendí que había un tipo de testosrena que daba resultados no inmediatos y otra que actuaba inmediatamente. Que se podía frotar, tomar e inyectar. Había aparecido una especie de nueva droga para mí: se me permitía trabajar con los mejores de los mejores y mejorarlos aún más.

SPIEGEL: ¿Y cómo se convirtió usted en el mejor de su gremio?

Heredia: Con exactitud. ¿Un ejemplo? Todos hablan de la epo. La epo está de moda. Pero funciona sólo a medias sino se combina con suplementos de hierro adicionales. Eso es algo que hay que saber. Hay portadores de oxígeno que hacen a la epo rapidísima y que son mejores que la misma epo. Yo llamo a mi producto Epo Boost, ‘multiplicador de epo’. Lo inyecto y libera muchas, pequeñas moléculas de oxígeno por todo el cuerpo. Así se decuplica el efecto de la epo.

SPIEGEL: ¿Tiene más fórmulas secretas?

Heredia: Por supuesto, claro. Hay pastillas para los riñones, que bloquean los metabolitos de los esteroides ingeridos. Al ser controlados los atletas, no permiten el paso de esos metabolitos y el resultado en la orina es negativo. O existen enzimas que devoran lentamente ciertas proteínas. Como la epo tiene estructuras proteínicas, esas enzimas se encargan de que la prueba B de los controles difiera de la prueba A (invalidando el control). También existen productos químicos que se pueden ingerir horas antes de una carrera para evitar la excesiva acidificación de los músculos. ¿El efecto junto con la epo? ¡Un verdadero milagro! Conozco unas 20 drogas que siguen sin poder ser reconocidas en los controles.

SPIEGEL: ¿Con qué entrenadores ha trabajado usted?

Heredia: Sobre todo con Trevor Graham.

SPIEGEL: Graham ha sido suspendido de por vida. Se dice que ayudó a Marion Jones, Tim Montgomery, Justin Gatlin y a muchos más en el chanchullo. ¿Con quién más?

Heredia: Con Winthrop Graham, su primo. Con John Smith, el entrenador de Maurice Greenne. Con Raymond Stewart, de Jamaica. Con Dennis Mitchell…

SPIEGEL: … que ganó una medalla de oro en los 4 por 100 y ahora es entrenador. ¿Cómo funcionaba el trabajo conjunto?

Heredia: Es como un pequeño mundo aparte. Se corre la voz sobre quién, qué y a cuánto lo puede conseguir, sobre quién es discreto. Los entrenadores se dirigían a mí y me preguntaban si podía ayudar y yo decía que sí. Entonces recibía el dinero, 15.000 dólares o una suma parecida. Luego hacía el primer envío y ya estábamos metidos en el negocio. En algún momento llegaba el contacto de persona a persona con los atletas.

SPIEGEL: ¿Había algo así como un esquema?

Heredia: Sí. Siempre he combinado varias sustancias. Conocía por ejemplo un producto llamado Actovison, que mejoraba la circulación de la sangre. No comprobable. Era bueno desde el punto de vista de la salud y mejor desde el punto de vista competitivo. A eso le agregaba lo factores de crecimiento IGF-1 y IGF-2. Y epo. La epo multiplica el número de glóbulos rojos y con ello el transporte de oxígeno, que es la clave para todo deportista: el atleta quiere regenerarse rápidamente, mantener la carga alta. Quiere rendimientos constantes.

SPIEGEL: Repítalo. ¿Rendimientos constantes a nivel internacional no son posibles sin dopaje?

Heredia: Así es. ¿44 segundos en los 400 metros? Inconcebible. ¿71 metros con el disco? Imposible. Puede suceder que alguien pueda hacer 9,8 en los 100 con el viento a su favor. Pero, ¿diez veces bajos los 10 segundos, con lluvia o calor? Sólo dopado.

PARTE 3

“Si él asegura que no se dopaba, sólo puedo responder: Eso es una mentira.”

SPIEGEL: Testorena, hormona del crecimiento, epo. Esa era su combinación.

Heredia: Sí, con variaciones individuales. Y entonces podían suceder milagros. Jerome Young estaba en el 2003 en el puesto 38 de los mejores del mundo en los 400 metros. Entonces empezamos a trabajar juntos y ganó casi todos los certámenes importantes del 2003.

SPIEGEL: ¿Cómo le pagaban?

Heredia: Recibía retribuciones anuales. Si había éxitos extraordinarios, recibía una bonificación de 40.000 dólares.

SPIEGEL: Sus atletas han ganado 26 medallas olímpicas. ¿Cuánto dinero ha ganado usted?

Heredia: Eso no se lo puedo decir, para no interferir con las investigaciones. Digámoslo así: de 16 a 18 atletas por año, a 15.000 y hasta 20.000 dólares por atleta. Tenía un buena carrera, una buena vida.

SPIEGEL: ¿No tenía que vivir a la sombra de este deporte, allí donde nadie lo pudiera ver?

Heredia: No. Si bien era cierto que no asistía a las grandes competiciones, no lo hacía por celos: los usamericanos no querían que trabajara con los jamaicanos, y viceversa. ¿Pero en la sombra? No. Se trataba de una cadena que empezaba con los deportistas, pasaba por los agentes deportivos, y terminaba con los patrocinadores. Y yo formaba parte de esa cadena. Pero todos sabían cómo era el juego. Todos lo querían así, porque se enriquecían con ello.

SPIEGEL: ¿A qué agentes se refiere?

Heredia: Los grandes intermediarios. Robert Wagner, por ejemplo. Los que se encargan de los atletas y tratan de ponerlos en forma, para poder comercializarlos en los eventos.

El austríaco Wagner, fundador de la empresa World Athletics Management, envió el pasado jueves un mensaje electrónico al Spiegel, afirmando que él “nunca había dopado a ningún atleta” ni había “apoyado o exigido” que se dopara alguno. Mientras tanto, Ángel Heredia, el testigo clave, vestido con una camisa negra, un hombre joven de aspecto deportivo y en forma, escribía en una oficina de Nueva York una lista. 41 atletas, afirmaba, habían sido sus clientes, además de boxeadores, futbolistas y esquiadores de fondo. Los jamaicanos: Raymond Stewart, Beverly McDonald, Brandon Simpson. De Bahamas: Chandra Sturrup. Un par de usamericanos: Jerome Young, Antonio Pettigrew, Tim Montgomery, Duane Ross, Michelle Collins, Marion Jones, C.J. Hunter, Ramon Clay, Dennis Mitchell, Joshua J. Johnson, Randall Evans, Justin Gatlin, Maurice Greene. Muchos de los nombrados por Heredia ya han sido interrogados, algunos han reconocido su culpabilidad, otros no.

SPIEGEL: ¿Maurice Green? La superestrella de los 100 metros es uno de los atletas ejemplares del movimiento olímpico. Green jura estar limpio.

Heredia: Hay una investigación en curso. Pero si él asegura que no se ha dopado, sólo puedo responder: Eso es una mentira.

SPIEGEL: ¿Puede concretarlo más?

Heredia: Recibió mi ayuda. Le creé un programa. Le hice suministros.

SPIEGEL: ¿Suministros?

Heredia: Sí. En el 2003 y el 2004 trabajamos juntos.

SPIEGEL: ¿Puede demostrarlo?

Heredia: Claro. Tengo, por ejemplo, una transferencia de 10.000 dólares.

SPIEGEL: Greene asegura haber regalado el dinero a amigos.

Heredia: Yo lo sé mejor.

SPIEGEL: ¿Qué ha podido recibir Greene, quien sigue negando haberse dopado, de usted?

Heredia: IGF-1 y IGF-2, epo y ATP, las siglas del adenosín trifosfato, que refuerza la contracción muscular.

SPIEGEL: ¿Imposible de hallar para los controladores?

Heredia: Imposible. También hemos usado cremas, que no dejan rastros y que incrementan continuamente el nivel de testosterona en los atletas.

SPIEGEL: ¿Existe el dopaje en todos los niveles del deporte?

Heredia: Sí. La diferencia está en la calidad del dopaje. Los que no tienen recursos usan los esteroides más simples y rezan para no ser controlados. Si perteneces a la élite de las estrellas, ganas 50.000 mensuales, además de contratos por el calzado que usas y las primas por participar en eventos deportivos. Si estás arriba, inviertes 100.000 dólares y yo te diseño una sustancia que no deja huellas.

SPIEGEL: Explíquenoslo.

Heredia: Las drogas de diseño se componen de varias sustancias químicas, que actúan obteniendo el efecto deseado. Luego yo altero al final de la cadena una o dos moléculas, de tal manera que toda la nueva estructura pueda escapar al rastrillo de los controladores.

SPIEGEL: Los investigadores cazando atletas…

Heredia: …es como un nuevo deporte. Una carrera. Adrenalina pura. Pero tenemos que estar siempre uno o dos años adelantados. Tenemos que saber qué medicamentos van apareciendo en las investigaciones o si ya se están utilizando en animales. Cómo los podemos conseguir. Y tenemos que conocer los métodos de control.

SPIEGEL: ¿Pueden los participantes de esta especial carrera todavía ganarla?

Heredia: En teoría, sí. Si todas las federaciones, patrocinadores, directivos y deportistas se unieran y todo el dinero que capta el deporte se utilizara para ello. Y si cada deportista fuera controlado dos veces por semana, entonces sí. Lo que ahora sucede es ridículo. Una coartada. El dinero se podría ahorrar. Dénmelo, para repartirlo entre los huérfanos de México. Mientras exista el carácter comercial del deporte, los contratos por uso de calzado ligados a los rendimientos atléticos, y los contratos televisivos, entonces seguirá existiendo el dopaje.

…$.

Continúa y finaliza mañana…

HjorgeV 25-08-2008

EL DEALER OLÍMPICO: ¿QUIÉN ES ÁNGEL HEREDIA?

Presento mi traducción de la primera parte de la entrevista prometida, hecha por Der Spiegel a Ángel Heredia.

El Dealer Olímpico lo llama Der Spiegel, el que es considerado el semanario más serio e influyente de este país, Alemania.

http://www.spiegel.de/spiegel/0,1518,571031,00.html

Ángel Guillermo Heredia es un ex lanzador de disco y preparador físico de nacionalidad mexicana.

Fue detenido por el FBI a raíz de las invesigaciones realizadas en torno al llamado caso BALCO, red en la que estaba comprometido -entre muchos más- Trevor Graham, el entrenador de Marion Jones.

Heredia se ha decidido a colaborar con la justicia y la Agencia Antidopaje de EEUU a cambio de cierta inmunidad.

Habría presentado –entre otras pruebas- recibos bancarios del 2003 por suministro de esteroides a Maurice Greene.

http://www.eluniversal.com.mx/internacional/57447.html

DER SPIEGEL

EL DEALER OLÍMPICO

PARTE 1

Ángel Heredia, ex traficante de sustancias dopantes y ahora testigo clave de la justicia de EEUU, habla sobre la impotencia de los controladores, la motivación de los atletas tramposos y las sustancias del futuro.

Dos años vivió escondido en un hotel de Laredo, en Texas, pero el FBI consiguió ubicarlo. Si conocía a un entrenador llamado Trevor Graham, si su apodo era “Memo”, qué sabía sobre dopaje, todo esto querían saber los federales.

Primero respondió todo con un claro “No”. Entonces, los agentes le presentaron la transcripción de más de 160 conversaciones telefónicas, mensajes electrónicos y cuentas bancarias, y Ángel “Memo” Heredia supo que había perdido. Se decidió a colaborar, sabiendo que sólo tenía una chance real si no volvía a mentir ni una sola vez. “Dice la verdad”, afirma hoy uno de los investigadores sobre él.

SPIEGEL: Señor Heredia, ¿verá la final de los 100 metros en Pekín?

Heredia: Por supuesto. Pero no presenciaremos un ganador limpio. Ni un solo participante limpio.

SPIEGEL: De ocho corredores..

Heredia: … ocho se habrán dopado.

SPIEGEL: Eso es algo que no se puede demostrar.

Heredia: No hay ninguna duda de que sea así. La diferencia entre 10,0 y 9,7 segundos la ponen las drogas.

SPIEGEL: ¿Pueden hacer las drogas de una persona cualquiera un plusmarquista?

Heredia: No, esa es una creencia equivocada: “Hoy tomas algo y mañana vuelas”. En la vida real tienes que entrenar muy duro, ser talentoso y tener un equipo perfecto de entrenadores y asesores. Recién entonces crean las drogas la diferencia. Es como una gran composición, como una sinfonía. Todo está relacionado entre sí, me entiende, y las drogas actúan a largo plazo: se encargan de que te puedas recuperar, que puedas evitar las fases catabólicas. Jugar voleibol en la playa puede ser muy sano. El deporte de alta competición, en cambio, no lo es. Destruyes tu cuerpo. Marion Jones por ejemplo…

SPIEGEL: …ganadora de cinco medallas en Sydney 2000…

Heredia: … entrenaba con una dureza que no tenía comparación. Las drogas la protegían de lesiones. Después triunfó y ganó medallas.

SPIEGEL: ¿Se puede hablar de orgullo?

Heredia: Pero, claro, hasta ahora. Sus grandes proezas quedan, y no crea que sus rivales eran unas pobres estafadas.

SPIEGEL: ¿No estamos hablando de un problema usamericano?

Heredia: Pero, por favor. No. Todos los países, todas las federaciones están involucradas, y hay que contar entre los responsables a las grandes firmas de calzado, Nike y Adidas. Conozco atletas que batieron marcas y que un año después estaban lesionados. Entonces, les llegaba una llamada: “Tenemos que bajarte un 50% en el escalafón”. ¿Qué cree usted que hacen los deportistas?

SPIEGEL: Explíquenos, qué era lo que usted hacía por sus clientes.

Heredia: Los deportistas escuchan rumores y se preocupan. Si los otros competidores conocen nuevos trucos, si pueden ser pillados cuando viajan. No hay márgenes para errores. Un error puede destruir trayectorias enteras.

SPIEGEL: ¿Entonces usted se convertía en una especie de terapeuta en asuntos de drogas para los deportistas?

Heredia: No, en un técnico, más bien. Juntos tratábamos de descubrir qué le iba a mejor a quién y cuáles eran los periodos de absorción. Ofrecía luego un programa de cócteles y curas, de acuerdo al dinero que me ofrecía el atleta. Drogas usuales por poco dinero, sustancias de diseño por varias decenas de miles. Generalmente lo enviaba todo por correo, a veces venían los mismos atletas a recogerlo.

SPIEGEL: En el caso de Marion Jones…

Heredia: … nos ocupábamos de las fases de recuperación. Como en el 2000 asistió a una competencia tras otra, necesitaba relajación. Recibió epo, hormona del crecimiento, inyecciones de adrenalina, insulina. La insulina ayuda después de los entrenamientos. Junto con las bebidas proteínicas acelera el transporte de proteínas y minerales a través de las membranas celulares.

SPIEGEL: Jones tenía miedo a las inyecciones.

Heredia: Por eso, su ex esposo C. J. Hunter y su entrenador Trevor Graham mezclaban tres sustancias en una sola inyección. Algo que desaconsejé, porque me parecía demasiado arriesgado.

SPIEGEL: ¿Qué clase de relación tenía con los atletas?

Heredia: De negocios. Nos concentrábamos en los resultados y en la dosificación. Con Marion apenas hablaba. Todo corría a través de los entrenadores.

…$.

Continúa mañana…

HjorgeV 24-08-2008

DE POSIBLES E IMPOSIBLES

ORO PARA ARGENTINA

Si hay algo que ha demostrado la selección olímpica argentina de fútbol que acaba de ganar hace unos minutos la medalla de oro en Pekín, es que sabe dosificar el juego.

Y con éste, el resultado.

Allí donde otras selecciones tratan de demostrar que son muy superiores y quieren reflejarlo en el marcador, Argentina tacañeó.

Le ganó a Costa de Marfil 2:1, a Australia 1:0 y a Serbia 2:0 en la primera fase.

En los cuartos de final se impuso a Holanda 2:1 con gol de Di María en el tiempo suplementario.

Nada de goleadas, nada de grandes demostraciones.

Sin embargo, en la semifinal, desempolvó la armería y le clavó tres goles nada menos que a Brasil.

A el país de los jugadores ahora más conocidos por fotogénicos, por su gran movilidad en las discotecas y por sus problemas de sobrepeso, que por su jogo bonito.

Batista, el entrenador gaucho, no lo tuvo fácil para formar su equipo.

Messi estuvo a punto de no llegar y a Demichelis el simpático Bayern de Munich le negó el viaje, por ejemplo.

Pero Lionel impuso su férrea deseo de defender la camiseta de su país en una olimpiada, declarándolo en voz alta y firme. Y a tiempo.

Demostró que le interesa su deporte y su país, y que después está el dinero.

Lo mismo no se puede decir del millonario Gordinho Lentinho Ronaldinho.

Ojo: genial el gol de Di María, tras gran pase de Messi justo cruzando la línea del medio campo.

Allí donde cualquier otro habría rematado con el empeine o la parte interior del pie, incluso bombeándola un poco, El Flaco le dio a la pelota con la parte externa del pie y medio empeine.

La cuchareó elegantemente hasta el Rincón de la Ánimas que decía Humberto Martínez Morosini, haciéndole describir una parábola alta con caída inmediata del balón.

Un gol de dificilísima ejecución.

Mas aún, teniendo en cuenta que se trataba de un contraataque, la velocidad a la que iba, la marcación inmediata de un defensa nigeriano y la gran responsabilidad que llevaba encima.

JAMAICA NO TIENE SISTEMA ANTIDOPAJE

Esperando el inicio del partido, me entero por Menéame de unos comentarios hechos -¡recórcholis!, ¡rayos y centellas!- nada menos que por Carl Lewis.

http://www.cooperativa.cl/prontus_nots/site/artic/20080822/pags/20080822091728.html

El gran atleta del país de los Árbitros Morales.

(Hace poco tuvimos a Bush exigiéndole a los rusos el fin de la Matonería en el mundo. Casi se me arruga el ombligo de la risa. Y de pena, también, claro. A los muertos no los resucita nadie.)

Lewis ha puesto en duda las proezas jamaicanas en estos Juegos Olímpicos, argumentando que Jamaica no dispone de un sistema antidopaje.

¿Nunca escuchó hablar de Bob Marley este hombre?

Bromas aparte, EEUU sí tiene una entidad antidopaje: el United States Olympic Committee.

Tiene razón Lewis.

Pero se trata del mismo organismo que se encargó de ocultar en su momento al Comité Olímpico Internacional que precisamente él –Lewis- había dado tres veces positivo en las eliminatorias nacionales previas a los Juegos de Seúl.

http://en.wikipedia.org/wiki/Carl_Lewis

El USOC le levantó la sanción de seis meses de inhabilitación, por entender que “se había dopado sin mala intención” y permitió su participación en 1988.

El resto lo conocemos.

SE EXIGEN PRUEBAS

Un lector ha resaltado, también, en un comentario hecho en esta bitácora (ver a la derecha, suelo publicar todos), que no presento pruebas al dudar de las hazañas de Bolt.

Es cierto.

Dudo.

Pero no presento pruebas.

Sin embargo, los varios (¿6?) metros de ventaja no los saqué yo ni fui yo el que levantó los brazos mucho antes del final de la prueba celebrando el triunfo

Y refrenando la carrera.

¿Qué habría sido si Bolt se hubiera esforzado hasta el final?

¿Por qué no lo hizo?

ATLETAS ALEMANES ABREN LA BOCA

Por su parte, el atleta alemán Tobias Unger se ha atrevido a decir lo que muchos solo se atreven a poner en duda.

http://www.spiegel.de/sport/sonst/0,1518,573160,00.html

Unger se pregunta cómo ha podido pasar un atleta de 21 años que hace un año sólo hacía 10,03, a los inhumanos 9,69 segundos actuales.

A esto, repito, hay que sumarle el frenado final de Bolt en los 100 metros.

Y todo esto sin el bañador que -dicen, aseguran- ha ayudado a batir 44 de las 48 marcas de la natación defenestradas estas olimpiadas.

Tobias Unger también ha resaltado algo que pasó desapercibido para el gran público: Bolt no habría hecho el calentamiento previo acostumbrado.

Por la ventaja que le sacó al resto, mucha falta -por lo visto- no le hacía.

En fin.

(Hay quien afirma que todo se debe al gran tamaño de los nuevos atletas y sus poderosas piernas, producto del entrenamiento. Como si las pesas y los atletas de la contextura de Bolt recién existieran desde este año.)

Los atletas alemanes también se han quejado con un ejemplo de sus filas.

La lanzadora de bala Nadine Kleinert ha sido controlada 29 veces desde enero de este año.

¿Y Bolt?

Basta mencionar el total de controles que han pasado todos los atletas jamaicanos juntos.

6.

(Sí. Seis.)

¿Algún comentario?

“Esto es una fea tomadura de pelo”, ha dicho el alemán.

¿LA SELECTIVIDAD NATURAL?

Otro lector menciona la selectividad natural.

Podría ser.

Soy de los que están convencidos de que los africanos y sus descendientes podrían llegar dominar todas las disciplinas olímpicas si las condiciones se dieran.

Pero no me refiero a ganar muchas carreras ni a ganarlas siempre.

Me refiero a la Gran Ventaja con que lo ha hecho Usain Bolt.

Si es cuestión de selectividad natural, ¿por qué esperaron los jamaicanos hasta el 2008 para dejar en ridículo y seis metros atrás a sus demás oponentes, los mejores del mundo, allí donde hasta hace poco era la nariz o la foto la que decidía?

La coincidencia con los albores de la ingeniería genética es demasiado patente para obviarla.

Es demasiado grande como simple coincidencia.

TESTIGO CLAVE DE LA JUSTICIA USAMERICANA

El mexicano Ángel Heredia revela en una entrevista hecha a Der Spiegel -que traduciré en esta bitácora- que existe una serie de procedimientos para evitar dar positivo en los controles.

Pero hay más métodos.

http://www.spiegel.de/spiegel/0,1518,571031,00.html

Existen pastillas que bloquean los metabolitos de los esteroides, de tal manera que en los controles de orina -en los que se trata de detectar justamente esos metabolitos- éstos, simplemente, no aparecen.

Y más sustancias dopantes.

Él mismo afirma conocer unas 20 drogas que siguen siendo imposibles de detectar con los métodos de control actualmente utilizados.

Él tiene que saberlo.

Dos años vivió escondido en un hotel de Laredo, Texas, hasta que fue ubicado por el FBI.

¿Conocía al entrenador Trevor Graham?

¿Sabía quién era un traficante de dopantes conocido entre los atletas como Memo?

Estas fueron dos de las preguntas que le hicieron los federales.

http://www.newstube.de/Wissen/interview-mit-angel-heredia-der-dealer-olympias/

Ángel Memo Heredia, antigua promesa olímpica mexicana en disco, no tuvo más remedio que decir la verdad y nada más que la verdad al FBI y colaborar con la justicia usamericana si no quería terminar en la cárcel.

Sí, conocía a Graham. Y muchos más.

Nueve años se había dedicado Heredia a hacer de dealer olímpico.

Trevor Graham, por cierto, fue entrenador de Marion Jones.

Esta última se encuentra cumpliendo una condena de seis meses en la cárcel, después de haber sido comprometida por la testificación de Heredia.

(Curiosamente, la condena fue por reiterado falso testimonio y no directamente por el dopaje que se le había probado.)

Dedicaré una entrada de mi bitácora a este personaje que hoy es testigo principal de la justicia de EEUU y quien afirma que de ocho corredores en esta olimpiada…

…ocho recurren al dopaje.

Él sabe de lo que habla.

…$.

HjorgeV 23-08-2008

TRAGEDIAS Y ESTRAFALARIOS

¿CUÁL ES LA FASCINACIÓN?

¿Qué es lo que nos hace seguir las noticias y las imágenes de una catástrofe?

¿Estar atentos al número de muertos, al número de los sobrevivientes?

Atentos a cada detalle, por más que los sirvan repetidos una y otra vez casi sin variaciones, como los del atentado contra las torres de Nueva York.

¿Cuál es la fascinación?

¿Contarlo?

¿Saber que uno sí ha podido burlarse de la muerte?

¿Saberse todavía de este lado?

Muchos de los atascos que suceden en las carreteras se deben a pequeños accidentes que logran concitar de tal manera la atención de los automovilistas pasantes, que estos se ven obligados -incapaces de poder controlar su curiosidad compulsiva- a disminuir la velocidad para ver qué pasa, qué ha sucedido, cuál es la magnitud de la posible tragedia.

De ser posible, ver a los heridos o muertos.

En este país, la figura del mirón de accidentes está penada.

La prensa alemana riza el rizo hoy dando a conocer la historia de Héctor y su pareja, quienes llegaron tres minutos tarde al chequeo previo al embarco y no pudieron subir al avión siniestrado en el aeropuerto de Barajas.

Algo parecido le sucedió a un tal Rafael, se dice, a quien primero se le anunció que no podía viajar porque ya no había cupo, luego se le ofreció equívocamente una plaza libre en primera clase que tampoco lo estaba; para, finalmente, anunciársele que lo sentían mucho, pero no podría viajar en el avión que minutos más tarde empezaría a arder.

Son las historias que fascinan a todos, sin distinción.

Salvarse por un pelo de la muerte.

Haber estado cerca del lugar de los hechos.

Ser el cómodo relator de lo que se ha sido testigo presencial.

Lo verdaderamente curioso es que muchas veces, cuando la tragedia es más cercana, menos televisiva y menos cruenta, simplemente le volteamos la cara.

SI NO LO CUENTA LA TELEVISIÓN

Un bombero ha relatado como un niño, al que salvó, le preguntaba cuándo iba a terminar la película y dónde estaba su padre.

La Caja Boba y los medios de comunicación masivos, ya está claro, han socavado nuestras mentes.

Ya no informan.

Ahora decretan y deciden por nosotros.

Primero lo tenemos que ver en la televisión o el cine, leerlo en los periódicos, para poder creerlo.

El resto, lo que vivimos, la vida real, poco importa ya. Para muchos.

Y ahora desde la niñez.

No es una broma.

ATENTADOS ESTRAFALARIOS

Lo anterior se podría resumir en una frase que me permito improvisar:

Dame un micrófono y te daré la verdad.”

O una columna de un periódico o un estrado.

Esto se lo ha tenido que creer el periodista –Carlos Arribas- de El País, que hoy, con su vibrante y bastante cantinflesco artículo sobre las dos plusmarcas de Bolt, me ha dado la nota humorística entre tanta tragedia.

Su artículo es un ejemplo del nuevo periodismo, me imagino, cuyo lema parece ser el siguiente:

“La noticia tiene que hacerte vibrar, sino no es noticia.”

La actitud del niño arriba mencionado proviene de esta misma actitud moderna, que, practicada hasta la saciedad y desdeñosa de la veracidad donde la haya, ha terminado por ser válida en sentido contrario:

Si algo te hace ‘vibrar’ de veras, es porque sólo se puede tratar de un producto de la televisión o el cine.

U otro medio de comunicación masivo.

Me permitiré transcribir el listado que me hice esta mañana con las perlas –las he puesto entre comillas, en itálica y en rojo- del artículo de marras, titulado Monstruoso Bolt.

Ustedes mismos lo pueden comprobar.

La negrita es mía.

Me refiero a la letra en negrita, claro.

1. el primero de la historia que gana el 100 y el 200 metros olímpicos batiendo ambos récords mundiales

¿”El 100 olímpico”?, me pregunté.

¿”El 100 metros”?

¿Desde cuándo se llama así a esa prueba central del atletismo?

¿Se llama así en España?

Existen la prueba, la carrera, la competición, la competencia, la pugna.

Todos sustantivos femeninos.

Sin embargo, este periodista de El País se saca de la manga uno masculino: “el 100 metros”. ¿El tramo, el trayecto, el carrerón?

2. Desde ese mismo instante, desde las 22h 20m 0,182s en Pekín, el plusmarquista mundial de los 200 metros sabía que a su récord mundial, que el 1 de agosto acaba de cumplir 12 años, le quedaba muy poco tiempo de vida.

Aquí hay varias perlas ensartadas de una sola puntada.

Dejemos de lado la hora –clavada- a la que supuestamente empezó la carrera en cuestión. Podrá ser estrafalario, pero válido como cualquier otro recurso.

Pero, ¿por qué ahora “el 200 metros” se convierte de pronto en “los 200 metros”?

Una explicación podría ser que otra persona –otro periodista profesional- fue el responsable de los subtítulos del artículo.

Lo que sí no se salva es la falta de concordancia en el tiempo.

El atleta mencionado, “sabía que su marca, que el 1 de agosto acababa de cumplir 12 años, le quedaba muy poco tiempo de vida”.

3. un chaval jamaicano que hoy cumple 22 años, (…) con una petulancia extraña en su alma juvenil

¿Qué edad tiene el periodista?

¿95 años?

Si bien es cierto que cada vez los hijos –e hijas- abandonan más tarde el hogar familiar, no por eso se ha atrofiado la naturaleza.

Una persona, hombre o mujer, de 22 años, ya no es, pues, en ninguna parte del mundo, un chaval.

Es un adulto para todos los efectos, deberes y derechos.

Lo dice la misma Academia de ‘juvenil’: ‘Perteneciente o relativo a la fase o estado del desarrollo de los seres vivos inmediatamente anterior al estado adulto’.

Se es joven o se es adulto.

Se puede ser un adulto joven. Por qué no. Pero, por favor, ya no un chaval.

Además, que da la impresión de que el periodista no ha visto a Usain Bolt ni por la televisión.

A ver, ¡que se atreva a espetarle “niño” en su cara!

4. Un rayo como un chico surgió de los tacos de salida de la calle cinco

¿Como un ‘chicote’ –látigo- habrá querido decir?

Curiosamente, esta es una de las definiciones que da la Academia para chicote:

chicote1, ta.

(De chico).

1. m. y f. coloq. Persona de poca edad, pero robusta y bien formada.

5. “y trazó una curva de 180 grados a la velocidad de la luz sin descarrilar

Vamos, que con ‘velocidad parecida a la de la luz’ habría sido bastante exageración, ya.

Pero, no, al parecer considerándonos ignorantes, habla de la simple velocidad de la luz que es de 299.792.458 de metros por segundo.

Casi 300 millones de metros por segundo. Una bicoca.

Una desdeñable diferencia, para este periodista, claro.

Lo de la ‘curva de 180 grados’, por otra parte, no es incorrecto.

En geometría, efectivamente, una línea recta es una curva de 180 grados.

Porque en matemáticas todas las líneas son consideradas como curvas.

Pero este ya es otro tema.

6. Dos más bajos que él (…) no pudieron ajustar su velocidad a las leyes de la fuerza centrífuga, por un lado, y a las del ciclón que les aspiraba a su paso, por otro

Se refiere a los dos descalificados por pisar las líneas.

Pero, ¿qué diablos tiene que hacer la fuerza centrífuga en una carrera así?

La llamada fuerza centrífuga se origina en movimientos circulares (notablemente en los rotatorios) y es la que hace que los cuerpos ‘traten de alejarse’ de su eje o centro de rotación.

Es el principio en el cual se basa el funcionamiento de las secadoras de ropa: el tambor gira a gran velocidad y la ropa quiere salir disparada, quiere fugar del centro, de allí el verbo ‘centrifugar’. Pero las perforaciones del tambor solo permiten el paso del agua, ayudando a secarla.

¿Estaban rotando acaso los dos atletas descalificados y no nos habíamos dado cuenta?

7. el campeón del mundo juvenil más niño de la historia

Esta es también divertida.

¿Se habla así en España?

¿Es usual esta variedad: “el más niño”?

Y ojo que no estoy refiriéndome a ese “campeón del mundo juvenil (¿qué “mundo juvenil”?) del cual sería campeón el atleta “más niño” mencionado, que no es otro que el terriblemente sospechoso Bolt.

8. zancadas, cortas y pegadas al suelo

¿Qué quiso decir?

¿Muy ‘bajas’?

¿Es decir, sin levantar demasiado las piernas, las rodillas?

Porque todas las zancadas, todos los pasos que se dan, sabemos, siempre son pegados al suelo.

Otra cosa es volar.

9. se permitió unos pasos de reggae dancehall, una música que haría estremecer hasta al perezoso Bob Marley

Comparación errónea, aunque suene muy bien.

Si alguien es perezoso, más o menos cualquier cosa movida lo puede hacer estremecer, vamos a aceptar.

Lo que tal vez quiso decir el señor Arribas, es que se trata de una música –reggae dancehall– que hasta a un entendido en reggae -como el finado Marley- podría sorprender.

10. “ya había absorbido la compensación a todos

Esta es una frase misteriosa.

Pero es correcta.

La incluyo para redondear la decena y porque, de verdad, no la entendí a la primera y me pareció misteriosa.

Pero no tanto como el hecho de que a El País –el diario que tanto admiro y leo- no se le ocurra hacer trabajar a sus correctores.

De estilo y de contenidos.

¿O no los tiene?

…$.

HjorgeV 21-08-2008

JOHN BANVILLE: POBRES Y FELICES ESPONJAS

EL MAR

Mi libro está marcado en la página 76 y entre sus páginas hay granos de arena.

No se trata de ningún aviso publicitario.

Comencé a leer El mar junto al mar, precisamente, en una isla española, sin ser consciente de esa coincidencia.

Recién ahora me doy cuenta de ello.

Tal era la capacidad de abstracción que te podía imbuir este libro (Anagrama, 224 páginas, 14,25 euros) que tengo entre mis manos y que parece rechinar por la presencia de los granos mencionados al pasar sus páginas.

Estoy refiriéndome a la versión en castellano, que, obviamente, es -tiene que ser- otro libro, diferente del original, The Sea, aparecido el 2005.

(La traducción –de Damián Alou- es correcta, pero menudo trabajo tiene que haberle costado.

Sigo extrañando la presencia de por lo menos tres personas en las traducciones: una concentrada sólo en el trasvase desde la lengua original y ayudada por una segunda persona, un nativo; y una tercera sólo comprometida en encauzar el resultado hacia la versión que se desea o pretende.

De nada vale un buen traductor si no tiene claro para quién se está traduciendo. Lo digo especialmente refiriéndome al ámbito español -de España-, tan dado a los tacos y groserías y a creer que las palabrotas que se emplean hoy serán eternas, pasando por alto ingenuamente que mañana nos harán reír, echando a perder la traducción entonces.)

Hay libros que se pueden terminar de una sola tacada, si las circunstancias lo permiten.

Tal es su poder de persuasión o el interés que pueden despertar.

Pero no son los mejores.

Los verdaderamente valiosos son aquellos por los que uno podría dejar todo lo demás que está haciendo para poder terminarlos de leer, concentrados en su lectura.

De entre ellos, los mejores de los más valiosos, hay ejemplares que -gran paradoja- trato de no terminar enseguida.

Los podría terminar de una sola lectura, sí, pero, en cambio, hago lo que hice con este libro de Banville.

Me obligué a dejar El mar a un lado en la página mencionada.

Junto al mar, dejé El mar para que supiera esperarme.

Noté enseguida que, sencillamente, pertenecía a otra categoría y que tenía que ir con cuidado.

Iba a ser una pena terminarlo de un porrazo sin haber saboreado su contenido página por página (poco más de 200), poro a poro de la superficie del papel utilizado.

Su poder de fascinación es tal, que una lectura corrida de verano habría sido una tonta herejía con esta obra, la decimoctava novela de John Banville (Wexford, Irlanda, 1945).

Me sucede con pocas novelas, porque, ¿se imaginan qué difícil tiene que ser poder decir “Basta” a algo verdaderamente bueno? ¿O decir “Espérate” a la felicidad?

Con otros libros no lo he conseguido. Pero El mar se presta perfectamente para este ejercicio que tiene mucho de masoquismo literario.

La idea es leerlo con calma necia, como quien saborea un vino añejo y supuestamente valioso.

(He probado vinos supuestamente buenos por su antigüedad y he llegado a expulsarlos violentamente de mi boca.)

O como quien saborea un fruto de esos que se deshacen en el paladar y despiertan, a la vez que terminaciones nerviosas que apenas usamos, una serie de recuerdos y posibilidades saporíferas tal vez inexistentes.

Con la obra de Cormac McCarthy -comentada aquí en una entrada anterior-, los críticos de su país se demoraron en calificarla de literatura, para, no mucho después, llegada la fama, apresurarse a compararlo con casi todos (!) los demás grandes escritores usamericanos.

Con Banville, en cambio, sospecho que no ha debido existir ninguna duda desde un comienzo.

Su escritura es la quintaesencia del término literatura.

El regodeo en las posibilidades expresivas del lenguaje humano.

La Academia apunta el significado de ‘regodearse’ como ‘deleitarse o complacerse en lo que gusta o se goza, deteniéndose en ello’.

Pocas veces ha mostrado tanta certeza esa misógina institución.

El mar es un placer asegurado como producto cultural.

Como lo puede ser la visita a un restaurante cinco estrellas (nunca he estado en ninguno) o una expedición al pasado.

Su prosa intimista, segura del entramado que va urdiendo, repasa los acontecimientos y descripciones como una aguja que recién en la doble puntada, en el refuerzo, encuentra el rumbo y la seguridad que necesita para seguir y guiarnos.

Tal vez, como quien retrasa un orgasmo masculino y vuelve una y otra vez a ese punto de partida que se desplaza acercándose a la meta, Banville vuelve a los días y a las experiencias de las vacaciones veraniegas de su niñez, refugiándose del dolor presente en el pasado.

Con El mar ganó el Premio Booker del 2005.

La novela tiene una historia (que yo aún no he terminado), pero este irlandés, radicado en Dublín, se pasea por entre las palabras y las líneas con una comodidad que hace dudar al lector sobre si verdaderamente desea llegar al final de la trama.

Un hombre mayor, que ha perdido a su esposa, víctima de una enfermedad incurable, vuelve al discreto balneario marino que frecuentaba de niño con sus padres.

Esta vez lo hace con su hija, ya una joven mujer, a la cual le une una especial relación de cariño y distancia en similares medidas. En esta joven reconoce, atormentado, ciertos rasgos de su esposa, tanto negativos como positivos, así como de su relación matrimonial.

Banville te atrae a la orilla de su mar verbal y cuando menos te das cuenta, ya estás metido hasta la barbilla y eres arrastrado a las profundidades por su corriente narrativa, que te regresa una y otra vez a salvo a la orilla de la playa, dispuesto, uno, a emprender la siguiente inmersión en esa masa informe y salada que cubre la mayor parte de nuestro planeta.

El mar como metáfora de la vida.

Las vacaciones infantiles como metáfora de la isla en la que nos salvamos de nuestro naufragio.

El verano como la celebración de la iniciación al amor y el final de la infancia.

Banville, su personaje -el historiador de arte Max Morden que se ha retirado a ese lugar de veraneo a escribir-, no lamenta la vida, por más que no haga otra cosa que exponernos una y otra vez su tormento como una herida abierta, sangrante y vergonzosa.

Pero lo hace con un sutil sarcasmo.

Algo que se agradece.

Es más, parece celebrar la irremediabilidad de las cosas y los sucesos.

La literatura tomada como tabla de salvación en el mar inconmensurable de la nada que es, nos guste o no, la vida.

No he terminado la novela porque la aparté de la veintena de libros que adquirí en España para poder gozarla página por página, lejos del trasiego veraniego.

La leeré. La terminaré y luego la dejaré en algún lugar especial hasta que le vuelva a tocar su renovado turno.

Sé que pertenecerá a ese conjunto de libros que pueden servirle a uno de compañía toda una vida.

El mar me ha hecho recordar esos veranos de mi niñez, que eran casi literalmente como el agua que llegaba a la orilla con las olas y se iba sin compasión, después de mojarla.

Pero siempre había algo de ese líquido -representante del conjunto mayor, el mar- que quedaba absorbido por la arena de la playa.

Irremediablemente.

Así éramos nosotros, pobres y felices esponjas infantiles de lo que nos acontecía.

…$.

HjorgeV 20-08-2008

PUTO BARCO II

-La próxima será la entrada número 400 de mi bitácora. La cuadringentésima, según el diccionario. Bonito nombre. Cómo corrió el tiempo.

-Che, ¿por qué no decís post como todo el mundo?

-Tiene su explicación. En alemán es una palabra antiquísima. En inglés, post tiene diversos significados: puesto (de trabajo), elemento de una lista, correo, columna, artículo. Pero llamar ‘artículo’ a una simple entrada de un diario o cuaderno de incidencias que a veces no pasa de ser un par de líneas y una fotografía es bastante atrevido, ¿no te parece?

-Atrevido o no, por lo menos la gente te entendería, nene.

-Yo creo que la palabrita sirve más como escondite o disimulo que nada. Suena a moderno, la gente habla de postear como si hiciera algo totalmente dificultoso y especial, supersónico, celestial. En realidad, lo que la mayoría hace es copiar y pegar. Me quedo con ‘entrada’ y con ‘escribir una entrada’ de mi cuaderno. ¿Aparte de ser mi idioma, para qué complicarlo innecesariamente?

-¿Y, pibe? ¿Cómo está el mar hoy?

La mar estaba serena, serena estaba la mar.

-Sereno está el mar. El mar es masculino, como el que habla, pibe. Seguro que te vas a hacer un lío con el género del sustantivo mar esta noche y sobre eso vas a escribir. Sos un obsesionado, pibe.

-Seguro.

-Ya ves.

-También escribo en las mañanas. Trato de hacerlo cuando se presentan las ideas. Creer que después van a seguir allí es bastante iluso. En mi caso es dolorososímo. Lo que pienso o se me ocurre una vez, si no lo amarro, no lo vuelvo a pescar como era nunca más.

-Sos un obsesionado, pibe.

-La última vez me dijiste que estaba mal de la cabeza.

-Ahora sos vos el que lo corrobora, ¿eh? Bueno, dejemos al mar sereno.

-Ahora con e.

-¿Coné? ¿El de Condorito?

-No. Con e. Con la letra, con la vocal, e.

-¿Sabías, pibe, que así nació el nombre del sobrino de Condorito, el tal Coné?

-¿Un argentino leyendo chilenadas?

-¡Pero se lee en toda Latinoamérica, nene! ¿Vos que te creés? ¿Conocés o no al sobrino de Condorito? ¿O era el hijo?

-En las revistas de historietas, en los chistes como decimos los peruanos, los protagonistas nunca tienen hijos. ¿Lo notaste? Ni Superman, ni Batman, ni el Pato Donald ni el Hombre Araña. Que yo sepa, encima, ningún niño se ha quejado.

-Bueno, pibe, pero si ni siquiera tienen sexo, actividad sexual quiero decir, menos van a ser padres, ¡qué querés!

-Lo que te digo. Una sarta de eunucos.

-Pero no me interrumpás con tus barcos, che. El caso es que Condorito lo lleva a bautizar a su sobrino y le dice al cura que la criatura se va a llamar Ugenio. ¿Con e?, pregunta el cura. Ugenio, repite Condorito. ¿Pero con e?, insiste el sacerdote. Ugenio, insta nuestro héroe. ¿Con e?, machaca el otro. Bueno, ya, ¡póngale Coné!, se rinde Condorito.

-Con e es así. Escucha: Le mer estebe serene, serene estebe le mer.

-¿Te gustá cantar? Pero parece francés, che. Y yo a los franchutes no los paso, para que sepás.

-¿Tú crees que eshos se mueren por los argentinos?

-Parala, parala, con tu xenofobia argentina, pibe. Tú que le pones velitas a San Maradona, el único santo vivo. No lo olvidés.

-Tú eres el que has dicho que no los pasas.

-Sí, pero tú de allí te inventás que los franceses nos odian y eso no lo ha dicho nadie, ¿eh?

-¿Cómo sabes?

-¿Ves? ¡Vos te inventás cualquier pretexto para crear un tema y después tener sobre qué escribir allí en tu puto barco!

-Es un lindo nombre, mira. Puto barco. Poético.

-Pero seguís sin decirme qué carajo escribís en tu blog.

-¿Cómo puedo saber qué pasará mañana?

-Pibe, te lo repito. Tenés que hacerte ver, tenés que hacerte ver.

Puto barco. No suena mal, en serio. Podría ser el nombre de una bitácora, mira. O hasta de una novela.

-Sí, sí, vení. Ahora, vos vas, te sentás a escribir una novela, ganás un premio y a este pibe que es el que te da las ideas, ni una hamburguesa.

-Estoy por terminar la segunda. Pero, de acuerdo. Si gano algo alguna vez, algún día, volverás a sentir alegría, te invito a un par de hamburguesas gringas a tu querido Mäcki. Palabra.

-No, no, no, pibe. ¡Dejate de pavadas, que después la gente va a pensar que solo me alimento de comida basura todos los días!

Comida cartón suena más bonito. Suena a desechable.

-Sí, pero el cartón por lo menos es reciclable, pibe. En cambio, esa eme del Mäcki

-Lo que comes, quieres decir.

-Che, che, che, parala, parala.

-¿Ya no vas a la cartonería?

-Sí, pibe, sí. Pero no tenés que estar haciendo de todo un tema. ¡Una discusión! Ya te lo decía el otro día, vos podés estar mal de la cabeza, pibe. Deberías hacerte ver.

-¿No es tu profesión?

-Yo soy psicólogo, pibe. No cirujano.

-¿Una lobotomía me recomiendas?

-No. Mirá. Vos lo que necesitás es una buena mina que te haga olvidar los días. ¿Viste? Olvidar el tiempo, el sentido de las cosas, la posición del planeta.

-Che. Soy casado, no lo olvides. Conoces a mi esposa.

-Ah, sí, sí, sí. Digo, ¡no, no, no, no!

-¿Sí o no?

-¡Ahora no pongás en tu puto barco que he dicho que tu esposa no es una linda mina, pelotudo!

….

HjorgeV 18-08-2008

PUTO BARCO I

-Me contaron que tenés un blog, pibe.

-Una bitácora, sí.

-Ah. ¿Y qué escribís?

-No sé bien.

-¿Es un blog literario, misceláneo, deportivo, qué?

-Es una bitácora, como te digo.

-Sí, ya está bien. Pero, ¿qué escribís, pibe? Sobre el acontecer mundial, sobre libros, sobre deportes, sobre lo que te pasa a ti. O sobre música. ¿Sobre qué? ¿Sobre minitas que te habés cepillado?

-Es una bitácora común y silvestre. Como cualquier otra.

-Parala, che, parala. Vos no me estás dando ninguna explicación.

-¿Una explicación? La bitácora era una especie de pequeño armario cilíndrico de madera que iba junto al timón en los barcos. Servía para sostener la aguja náutica y para protegerla magnéticamente. Dentro de él, se solía guardar el cuaderno de incidencias del viaje, simplemente para que no se mojara. El cuaderno de bitácora. Un cuaderno de incidencias, un diario de navegación. Es lo que dice la Wikipedia, en todo caso. Nunca fui capitán de barco ni tuve uno.

-Entonces escribís un diario personal. Un blog.

Blog viene de las palabras web y log. Originalmente se llamó así: weblog. Luego a un tal Peter Merholz se le ocurrió colocar we blog en su página personal, creando un interesante neologismo. Log es ‘diario’ en inglés, pero también ‘registro’ y ‘cuaderno de bitácora’. Bitácora es un término que encuentro más amplio y apropiado. Y es castellano.

-Vamos, pibe. ¡Un blog es un blog!

-Sí, sí, una bitácora. No hay discusión. Un cuaderno de incidencias. Originalmente quise llamar al mío Cuaderno Borrador. Pensándolo bien, creo que Caja Negra tampoco habría estado mal.

-Está bien, está bien. Decime por lo menos de qué escribís. Cuáles son tus temas.

-Qué quieres que te diga. La dirección del viento, quiénes se amotinaron, si se acabaron los víveres, qué tal con las tormentas, cómo la pasamos en el último puerto. Esas cosas.

-Creo que estás mal de la cabeza, pibe.

-Ah, mira. Sobre eso podré escribir esta noche.

-¿Que estás mal de la cabeza?

-¿Vas a cambiar de opinión?

-Sí, sí, che. Digo, ¡no, no, no!

-Mira, che, no creo que tus palabras puedan alterar mi constitución molecular. Es tu opinión. Respétala.

-Pero, pero no se te ocurra nombrarme, ¿eh?

-También lo mencionaré. Que no quieres que te nombren.

-¡¿Che, pero estás loco, vos?! ¡No quería ofenderte! Ahora te me vas a hacer el resentido y vas a terminar hablando porquerías de mí en tu blog. Cortala, pibe.

-No, no, no te preocupes. Como en una bitácora, solo registraré las incidencias sin caer en lo personal. Aunque también caigo a veces en lo personal, claro; pero en mis cosas. Por eso, me parece mejor la palabra bitácora. Además, me parece bella, interesante, misteriosa. Qué se scho.

-Che, entre nosotros, no lo vayás a poner, ¿eh?, pero creo que verdaderamente estás mal de la cabeza, pibe.

-Las repeticiones de opinión también son incidencias. Lo registraré en mi bitácora: que me lo has repetido. No te preocupes.

-Pero, no, pibe, no, no. No quería caer en esto. ¡Todo lo que quería era saber sobre qué carajo escribías en tu puto barco!

….

HjorgeV 17-08-2008