EL ESCRITOR BORRADO: ENRIQUE PROCHAZKA

Una cosa lleva a la otra.

Leyendo un artículo del escritor español Vila-Matas, llegué a un autor limeño del cual apenas conocía unas líneas, casi nada, y al que había vuelto a perder de vista, después de haber estado intentando seguir su rastro.

Si tengo suerte, pronto un amigo que viene de Lima me traerá un libro de Enrique Prochazka (Lima, 1960).

Se trata de un autor bastante insólito, alguien que declara sin mayor empacho no estar interesado por la luz pública.

Las palabras que más habían impresionado al catalán Vila-Matas y que produjeron un efecto aún más intenso en mí (porque sabía muy bien a qué lugares de mi ciudad se refería), provenían de una carta o mensaje que Prochazka había enviado a la bitácora de otro peruano (que también desconozco: una de las desventajas de mi ‘exilio voluntario’ alemán), Gustavo Faverón.

 

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Eran, entre otras, las siguientes:

“Vivo en una especie de distante Sydney del espíritu, que se llama Lima. Camino un sábado por la noche de Magdalena a Chacarilla, pasando por todos los sanantonios y centros culturales y cafés, y literalmente no conozco a nadie, y nadie me saluda ni conoce mi cara. Me borré en paz, hace años. Entro al Virrey lleno de clientes, compro un libro, dos libros, salgo del Virrey: nadie sabe quién soy. Me borré y ni siquiera por completo, como Pynchon.“

Qué lección, me dije, al terminar de leer la referida carta.

Me acuerdo que pensé y lo puse como comentario en la bitácora aludida:

“Ahora me tengo que sacar los zapatos para poder salir sin hacer ruido a la calle, y rogarle al primero que pase que me lleve al aeropuerto. En plena nevada.

Me creerán loco, porque aquí donde vivo, ¿quién sabe verdaderamente en qué sección del universo vive y respira Lima, la del Cielo Color Panza de Burro, marca registrada? Y sin embargo, con un par de certeros trazos de muñeca –que seguramente ni siquiera querían serlo-, Prochazka, Enrique, me ha hecho pasear a pie y descalzo desde Magdalena hasta Chacarilla, pero sobre lejana tierra alemana.”

En un simple mensaje, Prochazka había dejado varios fragmentos sencillamente de antología.

Empezando por ese altamente poético “Camino un sábado por la noche de Magdalena a Chacarilla, pasando por todos los sanantonios y centrosculturales y cafés, y literalmente no conozco a nadie, y nadie me saluda ni conoce mi cara. Me borré en paz, hace años.”

(Curioso que en el original haya escrito ‘sanantonios y centrosculturales’. Lo segundo lo intuyo a pesar de la ortografía. Lo primero lo ignoro. Solo sé que San Antonio es un barrio que está, más o menos, entre Magdalena y Chacarilla.)

A continuación, agregaba:

“¿A quién le hablo? Mi más reciente excusa es que hago literatura para extraterrestres. Un amigo mío dice que eso ya existe; se llama ‘plegaria’.”

Esta me pareció otra frase de antología: la ciencia ficción vista como una plegaria a los extraterrestres. O dios visto como un ser extraterrestre.

Sencillamente genial.

Más o menos el mismo sabor que me acababa de dejar días atrás una relectura de El centinela del recientemente trasladado –a otra galaxia- Arthur C. Clarke.

¿Que a quién le habla Prochazka?, me pregunté. ¿A los extraterrestres, dice?

Yo que ni siquiera soy extrapedestre, aunque no se había dirigido a mí, lo había ‘escuchado’ perfectamente.

EL ESCRITOR BORRADO

Me borré, dice Prochazka. 

Borrarse es una expresión coloquial que todavía debe usarse mucho en Lima. Uno no se va discretamente, uno se borra. Uno no desea que alguien se vaya o desaparezca, desea que se borre.

Alguna vez Prochazka debió darse cuenta de que no podría vivir de su literatura y se lo tomó como el deportista que es.

En realidad, es tan multifacético que no podría ir por la vida solo como escritor.

De hecho, es funcionario estatal y ha sido, entre otras cosas, según sus propias declaraciones, además, “guía de montaña, capataz, fotógrafo, confeccionista, editor, guionista, entrenador de una selección deportiva y modelo publicitario”.

Así como hay gente que se desespera por hacerse conocida (aunque fuera por los 15 minutos warholianos de rigor) entiendo a los que conocen el mismo terror que debe sentir una simpática e indulgente muchacha que hace la calle, cuando en plena reunión familiar, descubre a uno de sus clientes en ella.

La verdad, he llegado a conocer escritores que hubieran podido cambiar sin mayores remordimientos su propia producción literaria por un poco de fama.

Por ser conocidos. Reconocidos.

Aunque nunca más volvieran a escribir una sola línea.

La tentación por el éxito es grande, me lo puedo imaginar. Y no solo en la literatura.

ESQUIVANDO LA LUZ PÚBLICA

Otros, como Prochazka, evitan al público. Me imagino que porque sabe inteligentemente que así como eso puede tener de reconfortante, también lo puede tener de aniquilante.

Otras palabras prochazkianas:

“La mayor parte de este tiempo he logrado insistir en la producción de ficciones literarias y algún ensayo. Siempre me interesó más el procedimiento por el cual se crea un texto que su destino una vez que está listo; así, publico escasamente y, como escritor, más bien esquivo la luz pública”.

Es preciso prestar atención a estas líneas.

Allí donde cualquier otro diría que ha escrito ficciones y algún ensayo, Prochazka habla de haber insistido en la producción de lo mismo.

Es decir, habla de producir, de insistencia y sudor, que, considero, es una descripción más afortunada de lo que significa el trabajo con las palabras, el oficio de escribir.

En algo aparentemente tan trivial, sabe expresarse, sabe escoger las palabras apropiadas para lo que quiere decir: cumpliendo el primer requisito que otros también llamados escritores, pisotean con facilidad.

LA PEOR PELÍCULA: PESQUISA SIEMPRE FRUCTÍFERA

Tiene también una afición que comparte con otros amigos limeños, algo que yo conocía de mi adolescencia y que consistía en visitar cines de barrio más o menos vacíos para reírnos a patada limpia de las películas malas malísimas.

Solo que nosotros no lo hacíamos tan sistemáticamente como lo explica en un artículo llamado Elogio del mal cine y que no deberían dejar de leer, si les gusta divertirse.

(No se dejen confundir por el aspecto de la página ni por la fotografía de presentación. El autor del artículo es él, E. Prochazka. Diversión e inteligencia aseguradas.)

Le ha puesto, incluso, un nombre a esa afición que él llama ‘movimiento’ (para parecer elaborados, claro):

“La cacocinefilia, como bautizamos al movimiento para parecer elaborados […], se reduce a revisar con alegría la cartelera en busca de la peor película que pudiera haber. A diferencia de su contraria, esta pesquisa es siempre fructífera.”

Aquí uno de los fragmentos más ruiseños del mismo artículo:

“En otra escena de la misma película, un centinela (bad guy) vigila desde su nido de ametralladoras que, bajo los invernaderos de plástico, los esclavos (good guys) cultiven unas raquíticas verduras. Según se explica, sólo éstas pueden crecer bajo atmósfera controlada en aquella futura tierra radioactiva. Los fundamentos científicos, o la mera lógica de todo ello se nos escapa, en especial si consideramos que el vigía y su armamento están instalados en lo alto de un verde y robustísimo olmo.”

Me imagino que Prochazka es una de esas joyas casuales que uno encuentra a sus pies de pura casualidad en la vida. O nunca lo hace, simplemente.

La historia del mundo está llena de visitas y encuentros que tendrían que haberse producido y nunca se dieron ni se darán jamás y, sin embargo, la Función continúa.

Por eso, frente a un autor como este Enrique, y cuyo rostro me hace recordar a ese gran actor francés llamado Alain Delon (por si a alguien se le pudiera haber ocurrido remotamente que su decisión de borrarse tiene que ver con cierta característica de su aspecto físico), hay que saber decir Gracias.

Con mayúscula.

Palabra demasiado corta, pero nada infalible ni esquiva, en este caso.

HjV 01-04-2008

Fuentes y enlaces:

http://www.librosperuanos.com/autores/enrique_prochazka.html

http://cesarbe.blogspot.com/2006/01/elogio-del-mal-cine.html

http://www.elpais.com/articulo/cataluna/Interiores/elpepuespcat/20070617elpcat_8/Tes

http://www.ciencia-ficcion.com/opinion/op00963.htm

http://www.elhablador.com/resena7_4.htm

http://otrosdesvarios.blogspot.com/2006/01/ese-extrao-seor-llamado-enrique.html

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DOS ESCENAS DE LA VIDA REAL

No hace mucho tuve un encuentro poco agradable con la policía local.

Tuvo un final inesperado, que me hizo pensar en una de esas cajas que encierran otra y ésta a otra más, y que a veces son una buena metáfora de la vida, porque comprendemos que tal vez todo, al cabo, funciona así.

Como un encadenamiento perpetuo de hechos que vistos aisladamente no parecen tener mayor conexión.

Tengo que aclarar que tengo un amigo que es oficial de policía y que de las pocas veces que he tenido que ver con esos funcionarios del estado, puedo decir que guardo una buena impresión de la policía alemana.

Esta última vez no fue así.

Había salido de un establecimiento comercial y debía dirigirme a otro, a unas cuatro manzanas de distancia.

Cuando estaba por llegar a mi destino, por una de esas coincidencias a las que ya estoy acostumbrado y ni siquiera me llaman ya la atención, me di cuenta de que no me había puesto el cinturón de seguridad.

Lo noté justo cuando acababa de entrar a una rotonda de esas que se utilizan para ahorrar el uso de semáforos.

No pude colocármelo enseguida porque debido al trayecto de la circunferencia, mantenía mis dos manos sujetando el volante del automóvil.

Me faltaban apenas unos cien metros para llegar y todavía quería ponerme el cinturón, por simple costumbre. En eso, vi a unos cincuenta metros un patrullero.

Se tienen que haber dado cuenta de que no llevo puesto el cinturón, me dije.

Como me pareció que no me creerían eso de que ya estaba por ponérmelo a pesar de que solo me quedaban unos cien metros de recorrido, ya no lo hice.

Con suerte, pensé, no se han dado cuenta y siguen su camino. Luego miré por el espejo retrovisor y constaté que me seguían.

Mala suerte.

El lugar al que me dirigía es un comercio con una gran playa de estacionamiento, en la cual suelo dejar nuestra camioneta más o menos siempre en la misma zona. Esta vez solo había un lugar libre entre dos altas furgonetas de reparto.

Van a pensar que los he visto y trato de esconderme entre dos vehículos voluminosos. Mala suerte otra vez, pensé.

Me dije que tal vez solo habían venido a comprar como yo, pero cuando vi cómo estacionaban rápidamente después de ubicarme en mi ‘escondite’, descendían del patrullero y la pareja de policías se acercaba con prisa hacia mí, ya no podían caber más dudas.

Traté de relajarme.

Como, salvo para viajar, nunca llevo mi pasaporte conmigo, me preparé para recibir el sermón que suelo experimentar cada vez que debo pasar un control rutinario de tránsito. Cada dos o tres años, más o menos.

Entonces, recordé que estaba en la camioneta que está a nombre del hermano de mi esposa y que está registrada en otra ciudad y no a mi nombre.

Ajá. Otro punto en contra.

Me dispuse a esperar y respiré tres veces profundamente.

Momentos después, una mujer policía tocaba con los nudillos a mi ventanilla.

-Buenos días. Control de tránsito. Sus papeles y los del vehículo, por favor –me dijo ella, con ese tono de voz que tanto detesto precisamente en los policías y que solo lo tienen por su perfecta conciencia de su rango, su poder, el o las armas que llevan encima y por el hecho de estar en pareja.

Le entregué la tarjeta de propiedad y mi licencia de conducir en silencio.

-Su pasaporte –bufó ella.

-El brevete es un documento oficial estatal, funcionaria. Emitido por el estado alemán.

-La ley dice que debe llevar su documento de identidad.

-Soy extranjero. Y usted sabe bien que no existe un documento de identidad para nosotros en este país.

-Pero es su obligación llevar su pasaporte. Es la ley.

-Pues solo lo llevo conmigo cuando salgo de viaje. Y este no es el caso.

-¿Es su automóvil?

-Lo puede ver en la tarjeta de propiedad.

-¿De quién es?

-Lo puede leer –le repetí, sin muchas ganas de decir nada más. Luego, para que viera que no había nada raro detrás de todo, le dije el nombre de mi cuñado.

-¿Qué relación tiene con él? –me preguntó ella, colmando el vaso de mi paciencia.

¿Creía esta mujer, o quería hacerme creer, que podía tratarse de un automóvil robado?

-¿Qué relación? -le dije, sonriendo, sabiendo muy bien que se refería a otra cosa-. Muy buena.

-¿Dónde vive? -bufó la funcionaria, visiblemente molesta con mi respuesta.

Le respondí que a medio kilómetro de allí.

-Pues ahora lo comprobaremos –me dijo, y se marchó con su colega en dirección al patrullero para poder comprobar mis datos.

Al cabo de unos cinco minutos, volvieron.

-Se trata de lo siguiente –empezó a decir ella, balanceándose sobre sus dos piernas como yo creía que solo lo hacían los policías de las peores películas-. Usted no llevaba puesto el cinturón de seguridad.

-Así es –le dije.

-¿Tiene algo que decir al respecto? –bufó ella.

-Ya lo acabo de decir.

¿Qué le había molestado?

¿No haberse cruzado con un miembro de una banda de ladrones de automóviles? De ser así, ¿qué culpa tenía yo?

Podía haberle explicado que casi nunca me olvido de ponerme el cinturón. Que esta vez, incluso, a pesar de quedarme solo pocos metros por recorrer lo pensaba hacer de todas maneras.

También que no me hubiera costado nada esperarla en mi automóvil con el cinturón puesto y negar todo.

-¿No tiene nada más que decir?

Negué con un gesto.

¿Eso le molestaba? ¿Que yo no me defendiera ni tratara de mentir negando mi falta?

-Esto le va a costar una multa de 30 euros. La puede pagar en efectivo o con una tarjeta bancaria en este momento. O en los próximos siete días. ¿Qué prefiere?

Después de apuntar los datos correspondientes, me devolvió mis documentos y me entregó la papeleta.

-Y ya sabe. Usted tiene la obligación de colocarse el cinturón de seguridad.

La miré con pena. ¿No se daba cuenta esta mujer de que ya no estaba hablando conmigo?

-Que yo sepa no es su obligación recordármelo –le dije, porque estaba harto.

-¡Claro que lo es! Mi obligación es controlar que se cumplan todas las medidas de seguridad.

Controlar. Esa es su obligación, no recordárselo a nadie. Y menos en ese tono televisivo.

-¿Qué está diciendo usted? –me preguntó ella, elevando aún más el volumen y el tono de su voz, haciéndolo amenazador.

-Que usted –le respondí, en voz baja, lo más lentamente posible y pronunciando las palabras con especial esmero- le está gritando a un tranquilo ciudadano por haberle dicho que tiene las maneras de un policía de las películas.

-Ese es un atrevimiento. Y una ofensa –exclamó ella. Pude ver que le empezaban a temblar las aletas de la nariz.

-No. Es una simple constatación.

Cuando estaba a punto de replicarme algo, su colega la tomó del brazo y le hizo una seña para retirarse.

Esa misma noche, tratando de mitigar mis nervios, salí a correr muy tarde.

Recién cuando me encontré trotando por los campos vecinos, me di cuenta que había cometido un error porque la visibilidad era casi nula debido a la oscuridad.

Como siempre lo hago de día, no me había percatado simplemente de que hasta allí no llega el sistema de alumbrado público.

Como veo muy mal en la oscuridad, corría más o menos a ciegas y debía cuidarme sobre todo de no tropezar.

Por un momento, pensé que lo mejor sería regresar y salir al día siguiente por la mañana. A lo lejos se veían las luces de los dos pueblos más cercanos. Luego, me dije que no me debía rendir tan fácilmente ante la adversidad.

Continué mi trote.

En eso, vi aparecer las luces rojas traseras de lo que tenía que ser un automóvil, viniendo de un camino lateral.

Como acababa de decidirme por continuar mi camino, a pesar del miedo que empezaba a sentir, seguí corriendo automáticamente. Entonces, me di cuenta que el vehículo no tenía las luces delanteras encendidas. ¿Por qué?

Las traseras las había visto porque había tenido que frenar para dar la curva.

¿Qué diablos hacía un automóvil allí a las diez y media de la noche, en plena oscuridad, con las luces apagadas y desplazándose por un lugar prohibido al tránsito vehicular?

En ese momento escuché tres disparos. Pump, pump, pump.

Ah, cazadores, me dije. Y seguí corriendo, automáticamente.

¿Y si por la falta de luz no pueden verme y me disparan sin quererlo?, me pregunté. Esta vez no me lo pensé dos veces y regresé por donde había venido.

En casa se lo conté a mi mujer y me dijo que unos dos o tres años atrás, un tipo se había suicidado en su automóvil más o menos por la misma zona.

Esta es una historia real, no estoy inventando nada.

-Mejor llamamos a la policía –me dijo ella.

¿Ya saben quién llegó a tocar mi puerta, no?

-¿Cómo puede saber que se trataba de disparos y no de simples fuegos artificiales? -me preguntó más o menos toscamente el colega que por la tarde no había dicho nada, minutos después, mientras su colega trataba de pasar desapercibida.

Estaba tratando de denunciar un acto ilegal, pero este hombre me estaba tratando como si lo ilegal hubiera sido mi llamada.

-Sé cuál es la diferencia -le dije, fríamente, sin explicarle que había visto a más de uno caer muerto a mi lado por disparos en una huelga policial en mi país y que un par de años atrás, al salir a la puerta de nuestro antiguo departamento en un barrio colonés, había sido testigo de una balacera, entre otros ejemplos.

-Ya veremos -dijo el funcionario antes de despedirse, dejándome la impresión que les estaba haciendo perder el tiempo.

Sé que no vieron nada esa noche.

Al día siguiente mi esposa me contó que se había topado con dos grandes conejos muertos en su diario paseo matutino por los campos.

HjV 30-03-2008

DOS SEXOS PUEDEN SER DEMASIADO

-Papi, tengo que darte una sorpresa –le dice él-. ¡Vas a ser abuelo!

-¿Estás embarazado? –pregunta el padre, sin evitar un gran brillo en los ojos.

-No, otra vez es ella –responde él, apesadumbrado, pero abrazando cariñosamente a su esposa.

-A mí siempre me hizo ilusión la parejita compartida -dice la madre, haciendo un gesto de nostalgia irremediable, sobándole la barriguita a la nuera y dirigiéndole una mirada severa a su esposo-. Pero tu padre nunca se atrevió.

-¿Querías que perdiera el trabajo? –exclama él.

-Que no te atrevías físicamente, es lo que he querido decir –recalca ella, consiguiendo que su esposo se sonroje.

-Bueno, a partir del próximo año el gobierno castigará con la cárcel a los que se atrevan a tener un segundo vástago –interviene la nuera.

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No es el título de una película, pero así podría transcurrir una conversación o situación del futuro.

¿Qué tan cerca estamos de él?

Personalmente, como padre de cuatro niños, sufrí verdadera envidia al ver cómo durante los correspondientes meses de embarazo mi esposa podía estar con ellos todo el tiempo y en todo lugar.

Sinceramente, puesto hipotéticamente en la situación de tener que decidirlo ahora, no sé siquiera si me atrevería a gestar una criatura en mi propio cuerpo.

Pero la envidia fue real.

Existió.

Del país que, sin soportar los derechos de sus propios homosexuales, no me llamaría la atención que fuera capaz de atacar e invadir Irán por el maltrato a los homosexuales, nos llega una noticia que ha causado gran revuelo, levantado olas de indignación y sorpresa y cierta revolución mental tanto en hombres como en mujeres de todas las edades.

Se trata del caso de un hombre que se ha quedado embarazado.

Bueno, tan ‘exacta’ no es la expresión, si es que se puede hablar de ‘exactitud’ en este tipo de cosas.

Se trata de un transexual varón, tal como se anuncia en los medios de comunicación.

¿Transexual varón?, me pregunté, y me imaginé a un hombre más o menos ‘normal’ convertido (corregido, seguramente es la palabra correcta o mejor) quirúrgicamente en mujer.

Pero, no. Es al revés, porque es el caso de una mujer que ahora es un hombre.

Una de esas mujeres que decidió corregir su apariencia física para hacerla más a tono con su sexualidad, su forma de ver el mundo y de percibirlo, y se convirtió –oficialmente, además- en lo que las sociedades actuales consideran como ‘hombre’.

Creo que explicado como lo he hecho, es más fácil entender una decisión así, por más que nos parezca extraña y no nos pueda gustar.

¿Quién puede en su sano juicio oponerse a que una persona común y corriente como cada uno de nosotros recurra a la cirugía para alterar su fisonomía?

A mucha gente que lo hace se le admira y rinde pleitesía.

¿Quién en sus cabales puede oponerse a que cada quien tome las decisiones que crea convenientes para satisfacer su sexualidad y hacerlo en concordancia con su forma de ver y percibir el mundo?

Estamos hablando de gente que tiene deberes y derechos ciudadanos y, así como exige el respeto de los suyos, lo hace con los de los demás.

Estamos hablando del respeto de uno de los derechos consagrados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, pero que aún -por ejemplo- en la mayor potencia del planeta apenas se respeta.

Estamos hablando del derecho a creer libremente.

El derecho a creer en un dios o no, a creerse un hombre o una mujer. O un hombre-mujer o una mujer-hombre. Qué sé yo más.

Dentro de ese derecho –entre otros- también se enmarca el de Thomas Beatie a ser madre o padre o como se quiera llamar él mismo.

El hecho de que no exista un nombre para algo no significa que no pueda ni deba existir. Respetando, repito, la libertad y los derechos de los demás.

Sin embargo, la noticia ha levantado ronchas.

Me imagino que el primer ‘fastidio’, la primera dificultad, habrá sido la no poder enlazar o vincular dos conceptos: el embarazo y la concepción.

Si yo –heterosexual convencido y feliz- he pensado alguna vez que me gustaría llevar a mi hijo o hija en la panza como lo hizo mi esposa cuatro veces, eso no significa que quiero ser una mujer ni tener el cuerpo de una.

Habrá quien lo quiera, sí, pero, ese es otro tema.

Hablo aquí de hombres que desearían –sin abandonar su condición masculina ni su aspecto físico ni su historial anterior- quedarse simplemente embarazados.

Ver cómo les crece el abdomen durante nueve meses al cabo de los cuales verían nacer un vástago suyo.

¿Por qué no?

La ciencia está seguramente muy lejos de hacerlo posible, pero ¿por qué no?

En el país vecino de Austria se recuerda el caso de un atleta que al nacer fue considerado como niña, pero que tuvo que vivir más de dos décadas en un cuerpo y en una personalidad que no era la suya.

Que había sido además impuesta y en la que no se sentía cómoda como persona.

“Dos sexos eran demasiado” tituló jubilosamente la prensa austríaca la decisión de Erika Schinegger de convertirse quirúrgica y legalmente en Erik Schinegger.

¿Por qué no?, me vuelvo a preguntar.

¿No puede entrar en nuestras mentes?

Si un tercio de la humanidad actual acepta que la Virgen María pudo concebir sin haber tenido una relación sexual y esos mismos cristianos llaman Padre a un hombre que se supone nunca llevó a ninguna mujer a la cama ni, por lo tanto, nunca embarazó a ninguna, entonces lo de esta pareja es algo normalito.

Por lo menos no es la ciencia ficción de las religiones, sino realidad pura.

Es más, Thomas Beatie ya demostró, en su anterior vida, que es capaz de ser madre, porque este es su segundo embarazo.

Lo puede.

A mí me interesa el tema, más que por sus posibilidades fantásticas o cienciaficciónicas, por su capacidad para hacer despertar la conciencia masculina en esta Era que debería ser de grandes logros de la mujer, pero que eso más ocurre en el papel que en la práctica.

En la ley, pero no en la vida.

En la Constitución pero no en los centros de trabajo ni en la propia familia.

Pienso en las mujeres que son discriminadas laboralmente por su simple condición femenina, la cual incluye la posibilidad de quedarse embarazadas.

Pienso en la violencia de género, en la que se ve qué tan poco respeto y consideración tenemos la mayoría de hombres respecto al género de nuestra especie al que debemos directamente la vida: al femenino.

Pienso en lo poco conscientes que son las sociedades actuales de los derechos de esos sus integrantes, a quienes deben su conservación como grupo humano.

Pienso en lo fácil que se lo toma la humanidad en general con las mujeres, quienes son las encargadas y responsables de la perpetuación de la especie, pero entre los pobres y los más ignorantes de este planeta son las mujeres las condenadas a menos tener y menos saber, coartando su futuro.

Por eso pienso que un embarazo le podría caer bien al hombre y, por tanto, a la humanidad.

Por lo menos para que sepamos -los llamados machos: muchas veces sólo grandes cobardes que necesitamos de músculos y armas para expresarnos y hacernos sentir- qué es eso de cargar nueve meses con un nuevo ser humano.

Y podamos empezar a ver las cosas de modo diferente.

Con suerte, de modo más justo.

HjV 27-03-2008

Fuentes y enlaces relacionados:

http://guanabee.com/2008/03/meet-thomas-beatie-hes-pregnan-1.php

http://www.welt.de/vermischtes/article1838028/Thomas_Beatie_der_schwangere_Mann_aus_Oregon.html

http://www.welt.de/vermischtes/article718339/Unglaublich_aber_wahr_-_Der_schwangere_Inder.html

http://www.welt.de/sport/article1386268/Transsexuell__Yvonne_Buschbaum_tritt_zurueck.html

http://images.google.de/imgres?imgurl=http://www.lambdanachrichten.at/ln200501/img/kultur_erika_kleineztg.jpg&imgrefurl=http://www.lambdanachrichten.at/ln200501/kino.html&h=309&w=364&sz=46&hl=de&start=1&sig2=lu7raK3ZfohHU_LvbxuYNA&um=1&tbnid=nkt-s67ZXvIR0M:&tbnh=103&tbnw=121&ei=Q97qR4G3AoXywwG68r3xCg&prev=/images%3Fq%3Dschinegger%26um%3D1%26hl%3Dde%26client%3Dfirefox%26rls%3Dorg.mozilla:de:official%26sa%3DN

PALABRAS OCCISAS Y VIVAS

Hoy volví a visitar ese portal de bitácoras llamado El Boomeran(g) y caí, así, como quien no quiere la cosa, como en esas visitas o acercamientos que empiezan siendo periféricos, circunvalantes, y que se suele hacer a las cosas prohibidas, como quien dice solo para mirar u observar pero que al primer guiño o gesto nos lleva a querer darles una probadita más, la del estribo, maestro, la ultimita, como decimos los peruanos, diminutivando todo.

Pues sucede que justo ayer, buscando más información sobre un autor limeño que me interesa y que es un gran desconocido mundial, Enrique Prochazka, me volví a topar con una de esas frases que se acostumbran a decir en ciertas ocasiones pero que muchas veces son simplemente huecas.

Creo que hay muchos profesionales, expertos, en eso de decir sin decir, de expresar mucho sin expresar nada en realidad.

Algunos hasta se hacen llamar literatos y son famosos y conocidos.

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Otros, más honestos, más sinceros, se burlan de sí mismos y hacen reír a la gente con su arte. Por uno de ellos, se creó un verbo: cantinflear.

Volviendo a lo iniciado, la frase era la siguiente:

“La aparición de Enrique Prochazka en la narrativa peruana, en 1997, fue celebrada por la crítica con justificado entusiasmo y, en cierta manera, con elogios que excedían sus méritos alcanzados hasta entonces.”

Se puede elogiar ciertos o todos los méritos de una persona, todas sus acciones dignas de premio o de castigo.

Se puede elogiar el ‘resultado de las buenas acciones que hacen digna de aprecio a una persona’, como indica el diccionario.

Pero, ¿cómo será eso de exceder méritos con elogios, o elogios que exceden méritos? me pregunté.

¿Papas -o patatas- con camotes?

Pensando en todo esto, me acordé de una de las listas que siempre había querido empezar y ahora lo he hecho: una suerte de Compendio de Frases Huecas, hecho solo con aquellas que voy encontrando en mis lecturas diarias.

Ya bumeraneando, me acordé que el día anterior la bitácora de Fogel me había llevado a caminos insospechadamente interesantes y al final a la Sorpresa Prochazka.

Así es que me decidí a fisgonear.

Y hete aquí, aquí hete, que volví a encontrar otro artículo verdaderamente interesante que trataba de un grupo a punto de desaparecer como tal de un portal de la red porque su número de miembros iba a rebasar o ya había rebasado inesperadamente el límite permitido.

El grupo se llama, o llamaba, El aforismo nuestro de todos los días. Agraciada nominación.

Pero, entonces, empecé a romperme la cabeza con uno de los allí citados -del escritor, profesor, editor, periodista y traductor medellinense Héctor Abad-, porque me pareció inicialmente una de las frases huecas que mencionaba:

“Casi todas las palabras leídas son palabras de un muerto”.

¿Es verdad?, me pregunté. ¿Será correcta la afirmación?

Me incomodó que ‘sonara’ bien pero que no tuviera mucho sentido, a mi modo de ver. Sospeché que no era verdadero. Sobre todo por el ‘casi’.

No contento con la duda, me puse a ver si podía desenrollar el pastel.

(Aquí les dejo el liviano intento, antes de salir a darle a la pelota en mi entrenamiento de los miércoles por la noche. Que estén bien.)

1. El primer escrito que se conoce se atribuye a los sumerios de Mesopotamia y es anterior al 3000 a.C.

2. El primer documento de escritura semialfabética se ha encontrado en las inscripciones conocidas como protosinaíticas, fechadas en torno al 1500 a.C.

3. Es decir, apenas llevamos un par de miles de años leyendo.

(Como curiosidad: la primera obra impresa en la Nueva España fue Escala espiritual para subir al Cielo de San Juan Clímaco en 1532, obra impresionante en más de un sentido, cuya lectura recomiendo aunque sea por la mera curiosidad de ver cómo se pensaba entonces. Un viaje ‘futurista’ al revés.)

4. Ahora, hasta la aparición de la imprenta de Gutenberg hacia 1450 y sin olvidar que ya en 1040 Bi Sheng había inventado el primer sistema de imprenta de tipos móviles en China (Wikipedia), hasta ese momento la lectura (sí, el solo y neto contacto con los libros) era algo absolutamente elitista.

5. Se calcula que recién en el siglo XVI nuestro planeta alcanzó la marca de 500 millones de habitantes. Luego la población se duplicó en 200 años: más o menos hacia 1750 debieron existir unos 1.000 millones de terrícolas. Hacia 1900, ya éramos unos 1.500 millones.

(Desconozco las cifras exactas, pero si aún hoy en día apenas un mínimo porcentaje de la población domina o es dueño de casi toda la riqueza de un país -y del mundo-, en tiempos pasados eso ha tenido que ser más extremo. Supongamos, generosamente, que el 5% de la población mundial podía darse el lujo de mantener una biblioteca en casa y digamos que la mitad de ellos verdaderamente lo hacía. Con esto, tendríamos apenas unos 35 millones de potenciales lectores constantes a comienzos del siglo pasado. Supongamos que 100, contando con los que tenían acceso no particular a los libros y otros medios escritos.)

6. A pesar de que la imprenta ya existía desde hacía varios siglos atrás, fue recién con la invención de la máquina de escribir (que le dio alas a escritores, periodistas, científicos y demás interesados y expertos) y el linotipo en el siglo XIX, que se produjo una sinergia que coincidió, precisa y no gratuitamente, con la Segunda Revolución Industrial.

7. Recién, entonces, a partir de finales de siglo XIX y comienzos del pasado es que se puede hablar de una verdadera proliferación mundial de los libros y de la prensa, y, por tanto, de la lectura.

8. “Se podría pensar que la historia de la lectura es la misma que la de la escritura, pero la evolución de los soportes gráficos es determinante en el desarrollo de la lectura”. (Wikipedia)

(9. No olvidemos que la misma Iglesia Católica se encargó de impedir ese desarrollo, en su afán oscurantista, al expedir su Index Librorum Prohibitorum en 1559.

En 1757 en París, un decreto condenaba a muerte a los editores, impresores y a los autores de libros no autorizados que se atrevieran a editarlos.)

10. Si bien ya antes de nuestra era, Julio César hacía circular su Acta Diurna para dar a conocer los eventos del día, se sabe que hasta la misma Segunda Guerra Mundial, se leía en voz alta para grandes grupos de personas, por lo general obreros.

11. Es decir: también hay que diferenciar entre PALABRAS LEÍDAS y ESCUCHADAS.

12. Por otra parte, independientemente del desarrollo del soporte físico de la palabra, el desarrollo ‘intelectual’ de la humanidad –y específicamente el del alfabetismo- tuvo su propio derrotero.

13. Recién en el siglo XIX la mayor parte de los países occidentales empezaron a interesarse por la alfabetización de TODA su población.

14. Ignoro si existen cálculos o si se puede calcular el número de palabras leídas hasta este momento. Lo que es cierto es que el verdadero boom de la lectura se inició el siglo que acaba de pasar coincidiendo con la lucha contra el analfabetismo, el auge de todo tipo de tecnologías y la industralización masiva.

15. Paradójicamente, justo después de la Segunda Guerra, cuando los medios de comunicación escritos llegaban a un nivel de expansión y difusión nunca antes conocidos, apareció la televisión, truncando de muchas maneras ese desarrollo.

16. Hoy –desde hace bastantes décadas y gracias a la tecnología- son millones los ejemplares de un solo diario que circulan cada día en varias decenas de países. Todo esto sin mencionar lo que se lee en la escuela y en los libros de ficción o no ficción en general.

17. Ahora, el mayor porcentaje del material de un diario corresponde a periodistas vivos. El mayor porcentaje del material escolar es cada vez más frecuentemente escrito por maestros con vida, debido a la continua adaptación de las materias escolares a los nuevos tiempos y nuevas tecnologías.

18. Solo en el año 2002 se habló de 1.500 millones de libros editados en papel, frente a 500.000 en formato electrónico. Y las cifras siguen aumentando.

19. El 21 de junio del 2006 José Luis Orihuela, profesor de la Universidad de Navarra, al presentar su libro sobre la revolución de las bitácoras o blogs, afirmó que existían casi 50 millones de bitácoras y que el número se duplicaba cada seis meses. Supongamos que es más o menos cierta su afirmación.

20. Obviamente, el universo bitacorarero o ‘blogósfera’ no puede tener expansión infinita. Incluso ya hay quienes empiezan a hablar de cierto estancamiento relativo de su crecimiento.

21. Considerando, así pues, SOLO a los periódicos de circulación diaria y a los bitacoreros actuales (PERSONAS VIVAS, me imagino, aunque han empezado a aparecer bitácoras ‘retro’), sin contar los libros de autores vivos que aparecen como hongos cada día, se llega a cifras increíbles de palabras leídas y escritas por seres vivos.

22. ¿Ya existen 100 millones de bitácoras en el mundo?

No lo sé.

Pero es válido suponer que cada una de ellas es leída al menos por una o dos personas cada día. Algunas pocas tienen hasta millones de lectores diarios, lo que podría ayudar a corregir ese cálculo.

Creo, por tanto, que la bonita frase ”Casi todas las palabras leídas son las palabras de un muerto” tal vez tuvo sustento o base en algún momento de finales del Siglo de las Luces pasado o comienzos de este Siglo del Apagón.

Pero me imagino que eso de ‘casi’ es una obvia exageración desde hace bastantes años.

Vale decir, es una frase bonita pero obsoleta.

Aunque también puede ser que yo no la haya entendido.

HjV 26-03-2008

UNA CHICA DE MARTE QUE SEA SINCERA

A veces, frente a un problema, nos rompemos la cabeza sin querer aceptar que la solución es –o puede ser- simplemente la trivial.

Ha nevado en estos dos últimos días en esta región de Alemania.

Algo sumamente raro e inesperado en esta época del año.

Estamos a finales de marzo, oficialmente está por empezar la primavera europea y la nieve parece no haberse enterado de esas minucias del calendario.

Qué ignorancia nívea, me digo. Ya lo decía en mi última entrada: ¡El mundo al revés!

Mi padre, quien terminó uno de sus estudios en este país, nos hacía un chiste que como niños limeños no podíamos entender:

-¿El verano alemán? –preguntaba, haciéndose el chistoso sin que nosotros supiéramos por qué-. ¡Tiene que haber sido un miércoles!

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-¿Ehhhh?

Titantos años después, viniendo desde Lima, he venido a parar a este mismo país, por lo visto solo para hacerme la pregunta –vamos a decir- al revés:

-¿Nieve en Colonia? –tendría que preguntar-. ¡Tiene que haber caído un lunes de pascua!

Viendo cómo mis dos hijos varones (las dos chicas mayores han pedido dormir largo) juegan en el jardín desde mi cómoda posición de una mesa en una habitación con temperaturas por lo menos veinte grados por encima de las de afuera, me pregunto, ¿cómo diablos hicieron nuestros antecesores para arreglárselas con el frío?

Lo digo como alguien que en pleno final del siglo XX pasó frío como un cavernícola opuesto a la matanza de animales y estuvo a punto de creer que los alemanes eran seres superiores corporalmente por su capacidad para soportar el frío.

(La medalla de seres superiores se la hubieran llevado los indígenas andinos de nuestros países que todavía caminan en las punas heladas apenas calzados con sandalias. ¿Cómo lo hacen? La fotografía es del maestro Martín Chambi, el llamado Primer Fotógrafo Indígena de América.)

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¡La de frío que he pasado en Alemania!

Y todo por no saber la importancia de vestirse adecuadamente.

Mis hijos ahora están muy bien abrigados, siguiendo esa máxima alemana que dice que no hay mal clima, solo vestimenta inadecuada. Los observo reír de contento y me digo que tiene que ser cierto.

El mayor ha construido un muñequito de nieve –para más no da el par de centímetros que ha nevado- y ahora se lanzan proyectiles blancos como si fuera lo más natural del mundo tener que atacar para hablar de juego.

Felizmente, todo es muy inocuo.

EL AGUA QUE NO MOJA

El título de la entrada de hoy iba a ser El futuro de la Ciencia Ficción.

Es un título que parece del tipo: ¿Qué tanto moja el agua?

Pero, cuidado, no todo es lo que parece ser. Lo que aparenta.

La ciencia ficción fue conocida en sus inicios como Literatura de Anticipación y su nombre es una forma poco usual de construcción nominal en nuestra lengua, puesto que es una adaptación casi directa del inglés: science fiction.

Una traducción más convencional tendría que haber sido Ficción Científica.

La ciencia ficción como literatura, y tal como su nombre lo indica, es una ficción más.

Se considera que a partir de 1920 se puede hablar de ella como un género por sí mismo, aunque ya en 1818 la escritora londinense Mary Shelly había publicado su Frankenstein o El moderno Prometeo.

Es más, tres siglos más temprano, en 1516, Tomás Moro había escrito su obra Utopía, algo que podríamos denominar socio-ficción.

Personalmente considero que la Biblia y los cuentos infantiles son los libros de ciencia ficción por excelencia y los más antiguos también.

Los mismos mitos incaicos o griegos son otra muestra de ello.

¿Qué son sino las alas que construyó Dédalo para él y su hijo Ícaro con el fin de escapar de la isla de Creta?

La mitología inca iba mucho ‘más allá’, porque Inti era el dios sol y simple hijo de Viracocha, el Maestro del Mundo que había salido del mar.

¿Algo más de ciencia ficción que un dios submarino capaz de crear y dominar el sol?

No es, ciertamente, fácil delimitar el género.

Lo que es cierto es que alcanzó su cenit en la segunda mitad de nuestro asombroso siglo XX pasado: el Siglo de las Luces para mí, tecnológica y materialmente hablando.

(El siglo XVIII es el que ha recibido normalmente esa denominación, aunque otros han empezado a llamar a este que acabamos empezar también así. Personalmente, opino que el siglo XXI será el Siglo del Apagón.)

El asombroso e inesperado avance tecnológico del siglo pasado, despertó el apetito de la sociedad por saber cómo sería nuestro futuro considerando esos avances.

En el siglo que acaba de pasar se llegó a la Luna, es decir, se inventó la aviación y, poco después, los vuelos espaciales; nació la industria automovilística; se desentrañó la estructura del átomo y sus posibles usos; Einstein propuso su Teoría de la Relatividad y se demostró por medio de observaciones que nuestra galaxia no es la única en el universo, cambiando así nuestra perspectiva respecto a él; se inauguró la telefonía trasatlántica y nació la radioastronomía; vieron la luz las computadoras u ordenadores; el Homo Sapiens se convirtió en Homo Belicus a gran escala industrial; se creó el primer robot industrial y nació la robótica; se construyeron los primeros satélites artificiales.

QUE NO SE PINTE NI FUME

Aparte de todo eso, el siglo pasado vio aparecer también aparatos más triviales que ahora –incluso- nos puede parecer aburrido mencionarlos.

La aspiradora, la lavadora, el tractor, el radar, la grabadora, el bolígrafo, el horno microondas, el video, el casete, los discos de vinilo y después los compactos y la mismísima televisión.

Como ejemplo de cómo se pensaba no hace mucho (nuestros padres), recordemos una canción de finales de los años cincuenta.

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La llegaron a cantar Celia Cruz con la Sonora Matancera (en ritmo de la desaparecida guaracha, género musical que se puede considerar como uno de los prototipos de la salsa) y Sergio Murilo, el primer cantante brasileño de rock verdaderamente exitoso y que, curiosamente, aparte de ser uno de los rivales iniciales de Roberto Carlos, pasó también una temporada en mi país.

Se trata de un tema de José Imperatore Marcone y Galvarino Villota Alderete –debo suponer que argentinos por los nombres- que se puso de moda en la interpretación de un bonaerense de perilla y bigote: Billy Cafaro.

Cafaro, dueño de una voz y un estilo interesantísimos, llegó a imponer varios temas en el mercado hispanoamericano, como Telegrama y Tú eres, y es considerado por algunos como el primer ídolo fulgurante del pop ché.

(Leo que sigue con ganas de cantar.)

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Es un tema de inverosímil piedad y ternura: Marcianita.

Reproduzco aquí lo más pasable que he podido encontrar en Youtube, como una forma de reírnos y compadecernos de nosotros mismos como los fatuos e ingenuos seres que somos.

Presten perfecta atención a la letra, sobre todo en lo que atañe a la predicción del futuro, por favor.

Ignorada marcianita,
aseguran los hombres de ciencia
que en 10 años más tú y yo estaremos tan cerquita
que podremos pasear por el cielo
y hablarnos de amor.
Yo que tanto te he soñado, voy a ser el primer pasajero
que viaje hasta donde estás.
En la tierra no he logrado
que lo ya conquistado se quede conmigo nomás.
Quiero una chica de Marte que sea sincera. Que no se pinte, ni fume ni sepa
siquiera lo que es rock and roll.
Marcianita, blanca o negra,
espigada, pequeña, gordita, delgada, serás mi amor.
La distancia nos acerca y en el año 70 felices seremos los dos.

Aquí una página que se ocupa de este tema musical más ampliamente y tiene interesantes enlaces.

LA SOLUCIÓN TRIVIAL

Lo de la solución trivial lo mencionaba antes porque me resulta verdaderamente asombroso ver cómo, a pesar de encontrarnos en un planeta que se está descosiendo por todas partes, el hombre se niega a querer ver la solución trivial.

En vez de preocuparnos por salvar o mejorar lo que tenemos –la Tierra-, el hombre pobre, pobre –diría César Vallejovuelve los ojos locos hacia el Espacio.

Y hacia el nuevo Dios Planetario: el señor dinero.

El asunto es complicadísimo, porque por un lado, la ciencia no debería tener límites para sus materias de investigación ni debería coartarse con el pretexto de que no sabemos para qué pueden servir sus resultados.

Por otro, puede llegar a parecer obsceno invertir sumas tan ingentes de dinero (y recursos) en viajes espaciales, mientras apenas cada 24 horas se mueren miles de personas de hambre y pobreza y la ONU acaba de lanzar un ultimátum para evitar la hambruna de 73 millones de pobres de este planeta.

No es ciencia ficción esto.

(¿Cómo es que no corren esta vez emilios para evitar esta catástrofe?, me pregunto. Debe ser la Indolencia, me digo, nueva enfermedad pandémica terrícola.)

Pero vayamos al tema original, que esto de estar mezclándolos es algo que detesto.

EL FUTURO DE LA CIENCIA FICCIÓN

Un lector íbero y laico –definición propia- de esta boba bitácora, me ha hecho recordar que existe un reto para la ciencia ficción.

Pienso que este género ya no puede deslumbrar dedicándose a imaginar futuros escenarios tecnológicos.

Digamos que más o menos ‘todo’ está dicho en el campo de la ficción científica y se puede ver en cualquier programa de televisión para niños.

Lo que ahora pulula en este tipo de literatura, me imagino, debe ser algo así como: punk-barroco-ficción.

El reto está ahora en las cosas más sencillas.

Me interesa más poder saber cuál es nuestro futuro como especie que saber si alguna vez dejarán de existir los automóviles o demás vehículos como tales.

Es decir, ¿qué me puede importar si volaremos en máquinas individuales para ir cada día a trabajar o no, si la humanidad no ha resuelto sus otros problemas más acuciantes, los triviales?

¿Cómo serán las relaciones humanas y cómo las mundiales en nuestro futuro?

¿Cómo será el futuro de las lenguas? Ese es otro tema que me interesa.

¿Se enfrentará el chino al inglés de aquí a cincuenta años?

¿Se acercará finalmente el joven al anciano y viceversa, o terminarán siendo enemigos irreconciliables?

Todo partiendo, claro, de que nuestra especie sobreviva por lo menos un par de siglos más.

Personalmente lo dudo, aunque conozco, justamente por venir de países como el Perú, de la alta capacidad que tiene el ser humano para aferrarse a la vida aún en las situaciones más adversas.

Tal como me lo imagino, alguna vez el único continente donde todavía circularán vehículos movidos por petróleo será África, la que tendrá que soportar el embate del Primer Mundo reclamándole lo que él mismo no fue capaz de hacer a conciencia ni siquiera llegar a interesarse de verdad hasta bastante avanzado el siglo XXI: detener la contaminación ambiental.

Por otro lado, repito, una de las cosas más fascinantes de constatar es la obsesión del hombre (no es cierto: del hombre de ciertos países del Primer Mundo) por explorar el espacio.

A mí me resulta como pensar en una familia que tiene un hogar parcialmente destruido y de la cual algunos de sus miembros ya están pensando en huir, sin interesarse por reparar primero lo que es seguro que tienen dentro.

Esto dice mucho de nuestra especie.

De esa tendencia a buscar un nuevo comienzo en vez de buscar la reconciliación, la reparación, el entendimiento, el perdón, el arrepentimiento, la paz conjunta.

De esperar llegar a Marte para encontrar el verdadero amor.

Con lo cual habla también de ese espíritu aventurero y explorador sin el cual el planeta no sería cómo es: un lugar de Grandes Migrantes por excelencia.

¿Alcanzará, bastará, ese espíritu para salvarnos como especie o solo para salvar a una élite?

AGUANIEVE PARA TODO EL MUNDO

Mientras terminaba de escribir estas líneas, me he vuelto a asomar al jardín y he visto que la nieve ha desaparecido y se ha convertido en barro.

La radio que acaba de encender mi hija mayor, anuncia aguanieve para hoy.

Así son nuestros sueños a veces, me digo, nieve de un día.

Flores de un día.

Luego tendremos hasta la noche la realidad de los copos de nieve que no bien llegan al suelo, se mezclan con la lluvia que también cae, deshaciéndose inmediatamente.

Procuremos no olvidar que no toda agua moja.

Que tengan una interesante semana.

Me toca salir a correr. Es decir, a mojarme con mi estribillo.

Ya les contaré.

Que sea sincera, que no se pinte, ni fume…

HjV 24-03-2008

EL MUNDO AL REVÉS EN PASCUAS

SÁBADO DE GLORIA

Casi todos los años por esta época, recién cuando me acerco a la estación (de tren) de la localidad vecina de Pulheim, me entero de que estamos en plenas pascuas.

En el Sábado de Gloria, además.

Me sucede al querer comprar El País y, con él, mi oxígeno de los sábados: el suplemento Babelia.

-¿El diario español? –me pregunta casi burlándose la simpática vendedora alemana del quiosco de la estación-. ¡Nunca nos llega los sábados de pascua! ¡Todos los años es así!

-Ah…

Eso me pasa por no ser creyente, me digo, y me disculpo ante ella por mi ignorancia. De paso, hoy nevó.

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Ahora sé que mañana visitaremos a mis suegros, los niños buscarán huevos de pascua en el jardín y recibirán un par de regalos, como manda la tradición en este país.

Si yo fuera creyente, claro, estaría enterado.

Por lo menos, esta vez, como consuelo me he dado cuenta de que El País no es un diario aconfesional. Tiene sus pausas religiosas.

Algo ya es algo, me digo.

ANESTESIA Y SUMISIÓN Y COMPRENSIÓN

Recién también comprendo, entonces (como en una reacción en cadena para tontos), por qué el arzobispo de Pamplona se animó justo ayer a recordarnos el carácter anestésico de toda religión.

Lo que él ha recordado como dignidad para morir que, se dice, mostró Cristo en la cruz, no es otra cosa que la anestesia sin la cual ninguna religión existiría.

Toda religión es, por definición, sumisa y comprensiva con la desgracia. No bromeo. Me atengo a lo que veo.

No puede serlo de otra forma, me digo, porque lo otro equivaldría a poder permitir la insurrección de los fieles:

¿Dónde está?

¿Acaso no ve que las cosas no funcionan y que demasiados seres verdaderamente inocentes sufren sin solución?

Ninguna religión podría permitírselo.

Porque el siguiente paso sería preguntarse si realmente tiene sentido creer en algo o alguien que a diario y por todo el planeta comete gravísimos errores.

Yo, por eso, mejor, me quedo en mi condición de no creyente y sin saber siquiera de dónde provienen los Huevos de Pascua.

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UN PAR DE RECETAS

Hoy nos ocuparemos, hermanas y hermanos míos, de un par de recetas para mantener el Mundo en Vilo.

Para empezar, tal vez no sea una coincidencia que el gran Arthur C. Clarke, uno de los padres de la Ciencia Ficción, se haya muerto hace un par de días.

¡Ah, Arthur!

¡El mundo está al revés!

No es un invento de mi hijo menor, cuidado.

¿Ha sido todo esto algo tan insoportable para alguien que buscaba y exploraba en sus textos –en sus recetas- otros mundos, otras realidades, por inverosímiles que fueran, y por eso se murió?

Llevaba 90 años en la Tierra como enviado de su remota galaxia.

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Los últimos encargados de darle una vuelta más a este mundo borracho de giros increíbles son ahora Zar Kozy de Bruni y Flash Gordon Brown.

Pero hagamos una pequeña recapitulación para que no se nos caiga el mundo encima antes de meter todo al horno.

ES EL PARAÍSO, AUNQUE NO LO PAREZCA

Hace poco, Dick Cheney inauguró la retahíla de barbaridades que se han dicho en el curso de un par de días a propósito del Quinto Aniversario de la Invasión de Irak (gran fecha de celebración, como todos sospecharán), recalcando lo exitoso de la empresa invasora.

¿Por qué llamarán ‘guerra’ a una invasión?, me pregunto inocentemente, tan aficionado a los diccionarios como soy.

Debido a mi ignorancia y mi interés por los significados, debo estar revisando una y otra vez las mismas palabras.

Hubiera sido más, ¿cómo llamarlo?, ¿más pomposo, más elegante?, llamarlo La Persecución de Irak, ¿no?

Además, así habría sonado a película, que es lo que al público de la primera fila y al de las galerías les gusta más.

Pero fue al contrario: desde entonces se repite y machaca el término ‘guerra’.

¿Por qué?

Es simple.

El congreso usamericano no habría aprobado ningún mísero dólar a favor de una Invasión.

Guerra suena bien. Suena a heroico.

Suena a dos bandos enfrentados por la libertad, justicia y demás principios B. B. (¿No conocen los cuentos de Bli Blablá y sus 40 ladrones?)

Y les gusta a los ciudadanos usamericanos. Que son los que en el fondo financian esto con sus impuestos y que no han tenido que sufrir ningún conflicto bélico en su propio suelo desde el siglo XIX.

Por cierto, guerra también llamaron a ese ejercicio de regar con Napalm y demás bombas incendiarias a poblaciones enteras e indefensas en Vietnam en décadas pasadas.

TÚNELES EN EL AIRE Y PASCUAS DE RESURRECCIÓN

¿Cuál fue el pretexto aquella vez para ese delito de Lesa Humanidad en ese país que ahora, felizmente, cada vez se recupera más y hasta acoge ciudadanos turistas usamericanos como si nada hubiera ocurrido?

(Quisiera poder verlo alguna vez con mis propios ojos: individuos barbados, con sus túnicas y demás indumentarias árabes paseándose por Nueva York, la Casa Blanca y el Capitolio. Simples turistas.)

Los enemigos de turno de esa época, los ‘vietcong’, se escondían en túneles subterráneos y el ejército de EEUU no encontraba otra forma de combatirlos que arrasando campos y poblaciones enteras con las prohibidas bombas incendiarias.

El terrible Napalm y el llamado Agente Naranja.

¿Qué esperaban -me pregunto- que hicieran esos combatientes sin los aviones, los helicópteros, las bombas y los millones y millones de dólares con que sí contaba el enemigo del American Güey of Laif?

¿Que se escondieran en túneles aéreos?

LA NARANJA MECÁNICA TEUTONA

Y ya que estamos en el tema, recordemos, hermanas y hermanos míos, que un alemán, Richard von Weizsäcker, que después llegó a ser presidente de este país, formó parte de la directiva de la multinacional Boehringen justo en esos tiempos del Viet Cong.

Parte de los insumos necesarios para la producción del Agente Naranja los producía y vendía la C.H. Boehringen.

Cosas tiene el mundo, ya lo decía.

Por lo demás, y ya que estamos en plenas Pascuas de Resurrección, permítanme anotar que Amnistía Internacional ya denunció que solo entre los años “1998 y 2001, EEUU, Reino Unido y Francia obtuvieron, por la venta de armas a países en desarrollo, una suma superior a la que gastaron en Ayuda Oficial al Desarrollo”.

¿Denunciar, dije? Perdón.

Esa palabra deberían borrarla de todos los diccionarios.

Simplemente ya no sirve. Por más que la noticia sea vieja.

EL MUNDO AL REVÉS

Cuando creíamos que todo había sido una broma de sumo mal gusto, decía, se apareció el Cantinflas del Norte (perdón por usted, don Mario Moreno) y lanzó su chorro colorido de carnaval al que nos tiene acostumbrado:

“Los éxitos que vemos en Irak son innegables”.

 

Si no fuera porque también se le debe respeto a los muertos, diría que se trata de Ciencia Ficción pura.

Para muchos, sin embargo, en el ámbito hispanoamericano, claro, lo peor fue la voz de ese tipejo que no para de mostrar su contento por haberse vuelto millonario luego de pasar por el sillón presidencial de su país, el señor Nomen Est Omen:

“La situación en Irak es menos difícil que en tiempos de Sadam Husein. No es una situación idílica pero sí es una situación muy positiva”.

 

 

 

Es la canción de moda -probable participante en el próximo Eurovisión- del Coro de la Tropa de Asalto Dame tu petróleo, nena, ahora. Si le gana al Chikilinosécuántos, se entiende.

 

 

 

Así están las cosas.

 

 

 

¿QUÉ HABRÁ SIDO DE LA VIDA DE ESE OTRO REAL TENOR?

 

 

 

 

Existe una grabación, por si acaso. Que nadie venga a llamarme inventor a mí.

 

 

(Detestaría eso de inventar en este asunto, porque no podría competir con ellos.)

Bueno, ya el 13 de febrero del 2003, Aznar había dicho su Verdad:

“El régimen iraquí tiene armas de destrucción masiva. Pueden estar seguros todos”.

La pueden escuchar aquí.

¿Cómo es que no ganó el Festival de Eurovisión de ese año?, me digo.

Es el famoso “¡Te lo digo yo!”

Curioso, eso sí, que tantos españoles coronarios (súbditos fanáticos de la corona española) no se hayan acordado para nada de esa famosa frase de su majestuoso jefe de estado, que dice así, música, maestro:

¡¿Por qué no te callas?!

Debe ser la envidia, puede increparme alguno, pero pienso que justamente en este caso debería haber intervenido y dicho algo el llamado rey.

Aunque sea para justificar su sueldo estatal de ocho millones de euros al año.

¡Chúpate esa!

LÁTIGO Y MIEL Y LÁTIGO Y MIEL

Luego, anteayer nomás, Zar Kosy de Bruni anunciaba desear reducir el arsenal nuclear francés.

Era para aplaudirlo, después de haber estado vendiendo esa misma tecnología en África. Allí donde solo se debería permitir vender pan y educación.

Dos o tres días después, empero, es posible saber hacia adónde apuntaban sus verdaderas intenciones al hacer ese anuncio.

Hoy se puede leer la declaración hecha con su colega británico Brown: ambos piensan desarrollar una nueva generación de centrales nucleares.

Estos políticos lo han aprendido muy bien, me digo.

En alemán se llama Látigo y Miel.

Es un método, como otros más, pero muy preferido en las parejas, el trabajo y en la escuela.

Primero sacas el látigo y luego pones la miel como escudo. Y así sucesivamente.

Puedes hacerlo al revés, también. Debe ser cuestión de caracteres.

También hay otros métodos políticos más depurados.

Anuncias, por ejemplo, que das (a los que se manifiestan en las calles contra tu poder) un ultimátum para entregarse y niegas que haya una cifra determinada de muertos. Así mantienes al mundo en vilo un par de días.

Luego, aceptas públicamente que puede haber muertos y anuncias que los primeros voluntarios ya han empezado a entregarse, mostrando el arrepentimiento en sus palabras.

LOS MEDIOS Y LA SATURACIÓN

Como sabes que permaneces en los titulares de los diarios y que la opinión pública mundial todavía está en estado de choque emocional, empiezas a jugar con las cifras.

Reconoces, vamos a decir, 18 muertos. Y días después, reconoces uno más.

La opinión mundial empieza a relajarse. Puedes respirar tranquilo.

¿Qué es un muerto más en comparación con Irak?, te dices.

Ahora solo te falta soportar un poquito más la presión y en unos días más, como por arte de magia y por eso que se llama saturación mediática, ruegas que no vuelvas a ser tema de ningún diario en por lo menos meses.

Con suerte, los que te faltan para el inicio de los Juegos Olímpicos.

Sospecho que China se ha equivocado en sus cálculos.

¿No contaban los dirigentes chinos con tantos frentes de ‘lucha’ –la contaminación ambiental durante los Juegos, denuncias por violación de los derechos humanos y el conflicto de Tíbet- y esperaban que Occidente se mostrara discreto y paciente a la usanza oriental?

JUEGOS DE PASCUA: COMPLETAR LA FIGURA

Otro juego interesante, es ese de Completar una Noticia.

Si se cuela a la prensa, vamos a decir, que el pasaporte de Obama fue objeto de una revisión ilegal, te apuras y metes en el paquete a todos los demás candidatos a la presidencia como él.

Ya está. Has repuesto la simetría necesaria.

Una noticia siguió inmediatamente a la otra, como para que no se notara.

La verdad, no tienes que esforzarte mucho.

La gente se cree de todo en esta Ciencia Ficción en la que se ha convertido el Mundo.

ZAPATOS DE PAYASO

Vamos a terminar en este Sábado de Gloria, hermanas y hermanos míos, reconociendo que los políticos de hoy parecen estar aprendiendo cada vez más de Berlusconi y del propio Cantinflas del Norte.

Es algo que no sé si deberíamos saludar o no.

De figuras patéticas y sombrías como Miterrand, Kohl y Thatcher, hemos pasado a una lista de personajes que bien podría decirse de ellos que han sido reclutados por un circo.

(Excepciones hay.)

Hasta un político con cara y aspecto de domador tenemos, que ahora ha dejado a su aprendiz al frente de la función de uno de los espectáculos que más admiré en mi niñez:

El Circo de Moscú.

Temporalmente, se entiende.

¿Tal vez por todo esto estarán de moda, me pregunto, esos zapatos exageradamente puntiagudos e increíblemente largos que se usan ahora con tanta seriedad?

La moda no incomoda, es cierto.

Pero ya varios de mis amigos que yo consideraba como serios, me han sorprendido usando esos zapatos tan de moda en la Edad Media.

Uno de ellos tiene, y dirige incluso, una empresa que da trabajo a medio centenar de empleados.

Lo digo, para que nadie vaya a pensar que escojo a mis amigos solo debajo de los puentes.

No sé.

Igual, Arthur, permítame que te lo diga, no tendrías que haberte ido. Vuelve a pensártelo, por favor.

Te lo digo yo.

HjV 22-03-2008

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EL EMISARIO (Relato)

In memoriam Arthur C. Clarke

 

Observó a GoRemk3 extendiéndose sobre unos charcos de colores, ensimismado en sus movimientos circulares. Parecía no haber notado su presencia, lo cual no podía ser posible. Por lo demás, irradiaba demasiadas ondas confusas como para reconocer en ese joven a un empleado a tiempo parcial de ZMMmyk. No lo conocía, era la primera vez que lo veía en la colonia. Todo lo que sabía de él, incluyendo su identidad, lo debía a los sistemas informativos coloniales. Volvió a revisar la información obtenida.

 

¡Ésta era la juventud de ahora!, se dijo, lanzando una mirada en dirección a NGC4414, la galaxia que más le gustaba observar y ordenando multiplicación bifocal a su vista para poder apreciarla mejor en su retina desde diferentes distancias. Luego ajustó su propia frecuencia y activó el programa que le permitía imitar el contacto directo con la Central de Control.

 

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Sabía que tipos como GoRemk5 conocían todo tipo de trucos y que no se dejaría engañar así nomás con esa artimaña, con una simple imitación. ¿GoRemk5? ¿Ó GoRemk3?, se preguntó, alarmado. Luego sonrió para sí, aunque molesto. Se había dado cuenta felizmente a tiempo del truco de joven.

 

-Sabes que está terminantemente prohibido alterar la identidad básica en los territorios de ZMMmyk –le hizo llegar como información de carácter urgente al jovencito, viendo cómo conseguía asustarlo y que éste adoptara una apariencia corpórea más formal, abandonando sus raras formas de colores.

-La ley colonial solo condena las alteraciones a partir de los primeros 5 dígitos, su Eminencia -le replicó el joven-. Ya tiene por lo menos dos siglos de antigüedad. La ley, digo.

-Sabes que está prohibido dirigirse así a una Eminencia –le contestó él, enfadado por la lección que le pretendía dar este joven desconocido.

 

¿Desconocía acaso este mozalbete que él había sido uno de los fundadores de la colonia ZMMmyk hacía unos cuatro mil años atrás? No podía ser, claro.

-Lo siento, su Eminencia -continuó-. Quería evitar… Es mejor no expresarlo.

-Atrévete –le conminó él.

-Veo que está impidiéndome grabar la escena, señor –le hizo conocer el muchacho.

-Lo cual quiere decir que no tenías buenas intenciones. ¿Querías poder tenerla como prueba en contra mí? Sabes bien que mis sistemas de protección son automáticos.

-Soy feliz con mi vida, su Eminencia. Me gusta la música. Cuando visito otros mundos estoy siempre a tiempo de vuelta para cumplir con mis trabajos aquí en la colonia.

-¿A eso le llamas vida? –le preguntó él, como un reproche-. ¿A convertirte en una masa psicodélica que va adoptando infinitas formas al compás de la música? ¿A eso?

 

Estaba en cierta forma harto. Su función como Eminencia consistía en controlar el correcto funcionamiento de la colonia, pero esos cabezas duras del Parlamento Central ya llevaban discutiendo tres mil años sin lograr ponerse de acuerdo sobre qué era correcto y qué no.

-¿No sabes que te podría quitar un poco de Tiempo? 

-Le ruego me perdone –dijo el muchacho, bajando la cabeza.

Desde que se había aprobado en el parlamento el aumento de las penas por irreverencia, le era más fácil cumplir su trabajo, especialmente con los jóvenes. Algo había que reconocerle a esos zánganos.

 

Ahora le bastaba mencionar la palabra Tiempo para conseguir una reacción inmediata en los menores de quinientos años. Los milañeros eran más duros en ese sentido y de allí para adelante era ciertamente mucho más difícil obtener alguna reacción de los verdaderamente mayores. Los comités centrales de todas las colonias asociadas del universo se rompían los sesos buscando actividades más atractivas para la humanidad espacial registrada, pero ya casi no quedaban individuos que quisieran vivir más allá de los tres o cuatro mil años.

 

Con los muy jovencitos era otra cosa, porque hasta ellos habían comprendido que el cuerpo solo valía para los dos primeros miles de años de vida. De allí en adelante, se deterioraba rápidamente y había que hacer esfuerzos para evitar su desintegración. Por lo general solo se conservaba el cerebro o parte de él y ya todo se hacía sólo por medio de la mente. Vivir en un cuerpo artificial también llegaba a cansar después de todo.

 

-Lo haces por miedo –le increpó.

-No, señor –dijo el joven-. Soy universitario y mi campo de trabajo es la gerontología.

 

Sus sistemas tronaron por un momento al escuchar esta palabra.

 

Se lo habían advertido, las emociones podían jugarle una mala pasada. Las nuevas tecnologías permitían la casi perfecta coordinación de todos los sistemas, pero alguien como él, acostumbrado a cambiar de cuerpos artificiales con regularidad, tenía que vivir con ese tipo de fallos cibernéticos.

 

Por suerte, no era nada de lo que se pudiera arrepentir. Todos sabían que las Eminencias eran gente mayor de cuatro mil años y por lo tanto objeto de continuos estudios universitarios. No se trataba de un caso de falta de respeto, esa mención a la gerontología. Una falta así, por lo demás, podía llegar a pagarse con la muerte.

 

-Te escucho –le ordenó al joven, después de esforzarse durante unos instantes por leer sus pensamientos.

Estos muchachos, pensó, siempre estaban renovando sus sistemas de tal manera que era casi imposible mantenerse a su altura informática. Eran tan astutos que ya había escuchado hablar de casos de suplantación de personalidad. Uno creía estar leyendo la mente del interlocutor, pero éste ya había activado un programa para que otro ocupara su lugar. Un amigo, por lo general. 

 

Por lo menos se alegró de no detectar ninguna burla por su intento de leerle el pensamiento. Estaba de más decir que estaba prohibido tratar de introducirse en la mente de una Eminencia, pero  seguramente para muchachos como él, era casi imposible o una pérdida de tiempo poder demostrarlo.

 

-Informa –insistió.

-La gente –dijo el muchacho, con notable inseguridad-, la gente de la Tierra ha descubierto…

-¡Año! –espetó él, olvidando que hacía mucho tiempo ya que ese tipo de noticias se clasificaban en una misma época y no era necesario consignar el año terrestre. Todo suceso comprendido entre la aparición de la primera novela de Julio Verne y la desaparición por completo de la vida animal de la Tierra era considerado como perteneciente a una sola gran época. Una era galáctica, por así decir.

 

-2008, su Eminencia. Última Era terrestre.

-¡Detalles! –gruñó él.

Empezaba a no agradarle nada lo que le estaba diciendo ese mocoso.

-Ya se los he enviado a su memoria correspondiente, señor.

Ahora lo recordaba. En el cúmulo de informaciones recibidas se le había pasado la verdadera razón de estar allí. ¡Había sido por esas informaciones recibidas! Se alarmó: sus sistemas le acababan de anunciar que habían detectado un diminuto coágulo en su cerebro y le recomendaban calma.

 

-Repítelas, igual –le ordenó.

Respiró. Trató de calmarse. Se alegró de haber desconectado el dispositivo de sensación de dolor.

-Creen haber encontrado la posibilidad de vida en otro planeta. Los terrícolas, señor. Pero coincide con la muerte de uno de ellos. Mi sospecha…

 

Lanzó una carcajada. No debería haberlo hecho como Eminencia.

Por eso, luego calló por un momento, mientras le ordenaba a sus sistemas revisar la información. Ordenó a su cuerpo artificial de turno cerrar los ojos. El muchacho empezaba a hacer saltar todas sus  alarmas de nivel absolutamente secreto.

-Es un hecho conocido eso que mencionas –dijo él, al cabo de un minuto-. He revisado todos los archivos eminentes existentes siglo por siglo, desde el momento de formación de nuestra ZMMmyk. No se conocen consecuencias directas de esa muerte en toda nuestra galaxia. Deberías saberlo, muchachito.

 

-El hecho es que…

-¡No se conocen consecuencias directas, GoRenk3! –repitió él, ya molesto.

-Solo es que… -empezó a decir el joven, pero recién en ese momento él se dio cuenta de por qué había saltado una de las alarmas de sus sistemas.

No le había hecho caso y había ordenado ignorarla mentalmente.

Ahora era demasiado tarde. Algo así era lo que se deseaba cualquier muchachito contestatario como éste.

-Dímelo –le ordenó, sabiendo que ya era en vano, mientras veía realmente conturbado cómo empezaba a desaparecer la criatura que había adoptado hasta tres identidades diversas ¡en sus propias narices!

 

Había cometido el error de programarlo todo sólo para un tal GoRemk3 ó un GoRemk5, y no había pensado en otros aspectos. Ni siquiera había sospechado que algo así le podía haber pasado a él. La alarma por el pequeño cambio de la ‘n’ por la ‘m’ la había pasado tontamente por alto y se había dejado tomar por sorpresa. Ahora era demasiado tarde. Un detalle. Un mundo. Se lo habían advertido: la sensación de Inmortalidad podía hacerle bajar la guardia alguna vez.

 

-¡Dímelo, por lo menos! –le imploró, viendo como seguía desvaneciéndose GoRe-k- y haciendo hincapié en el ruego, acentuándolo lo más emocionalmente posible, porque sabía que los dispositivos modernos de las jóvenes generaciones podían reaccionar a ese tipo de sentimientos como en los albores de la humanidad y no solo a órdenes maquinales.

 

-Tal vez es solo una coincidencia –dijo el muchacho, esta vez sin hablar, cuando ya solo se podía visionar parte de su apariencia colonial, la que estaba obligado a usar oficialmente en ZMMmyk.

-Te lo ruego –repitó él, sin avergonzarse, ordenando calma absoluta al noventa por ciento de sus controles internos y una potenciación del ruego en su pedido a sus sistemas de control.

 

-Probablemente nunca lo sepamos –gritó la cuarta parte que quedaba visible del muchacho-, pero tenemos la obligación de buscar la verdad. Los jóvenes queremos saber qué hay detrás de la historia que ustedes, Eminencias, nos dan a conocer desde nuestro nacimiento. ¡Queremos saber cuál es la verdad que se esconde en nuestro origen! La coincidencia es infinitesimal, pero una muerte terrícola ha sido borrada de todos los demás archivos, incluso de los de las galaxias más cercanas. ¿Por qué? ¿Qué nos esconden? ¡Ninguna verdad es verdaderamente buena para esconderla una eternidad!

 

-Nosotros mismos… –empezó a decir él, a sabiendas de que ya era demasiado tarde-. No lo podemos. Es decir…

Quiso decir “Media eternidad no es nada”, pero se dio cuenta que matemáticamente no tenía ningún sentido y que tal vez sus sistemas no lo dejarían pasar como información al muchacho.

-¿Quién fue esa persona? -reclamó finalmente el joven-. ¿Por qué fue tan importante su muerte? ¡Queremos saberlo, Eminentes! ¿Qué tuvo o tiene que ver con nuestra civilización?

-Espera –musitó él, sabiendo que ya era en vano.

 

-¿Era acaso uno de los Emisarios? –alcanzó a preguntar el muchacho, con sus propios sistemas incapaces de anular voluntariamente la orden de fuga-. ¡Sepa que no pararemos hasta saber quién fue ese tal Clarke en esa maldita Tierra!

 

Eso fue lo último que se escuchó del tal GoRe-k-, antes de sustraerse material y mentalmente por completo de la colonia ZMMmyk.

 HjorgeV

 Sinthern, satélite de Colonia,  jueves 20-03-2008