EUNICE KATHLEEN WAYMON HABRÍA CUMPLIDO 80 AÑOS

Fue más conocida como Nina Simone.

La mujer para la que Bennie Benjamin, Gloria Caldwell y Sol Marcus compusieron Don’t let me be misunderstood, éxito mundial un par de veces, pero que en su voz pasó desapercibido.

Una artista que se burlaba en plena actuación de los temas que cantaba.

Había que verla destruyendo/deconstruyendo Feelings, por ejemplo. 

(«Qué vergüenza escribir una canción como esta», se le escucha decir en el video.)

Se burlaba del tema en plena actuación, para encumbrarlo después con un acompañamiento sobrio y vibrante a la vez, y coronarlo con un solo de piano.

Odio el sentimentalismo, era el mensaje.

Porque resulta que yo también soy una maldita sentimental.

Deconstrucción maravillosa la de esta artista que hoy habría cumplido 80 años. Performance a medio camino entre la burla y el suicidio artístico.

Pero burlarse para poder sobrevivir. Mostrando de paso su amplitud musical (sus diferentes fuentes genéricas), su conocimiento de la música clásica y su dominio de la armonía.

Y todo en una improvisación y cambios de tema constantes.

Tal vez como su propia mente.

Porque a mediados de los setenta le diagnosticaron esquizofrenia, complejísimo trastorno mental.

Empezó entonces a tener pensamientos suicidas y problemas de memoria.

Se volvió áspera e intratable. (Ya era altanera con quien creía que se lo merecía.)

«Yo no llevo una sonrisa pintada en el rostro como Louis Armstrong», fue una de sus frases más proverbiales.

Envuelta en problemas financieros y fiscales, tras la muerte de Martin Luther King abandonó su país y se fue a Barbados.

Convencida por Miriam Makeba (la del Pata Pata), pasó un tiempo en Liberia (originalmente, el lugar elegido para enviar a los esclavos afroamericanos liberados).

Residió después en Suiza y Holanda, y se estableció finalmente en Francia. También su última morada.

Actriz en sus audiciones, cantante-intérprete (cantantes hay millones), pianista, jazzista, compositora.

Se sentía en ropa de estar por casa en el blues, el rythm and blues, el soul y el gospel; sin hacerle ascos al pop.

Deconstructora de sí misma, mujer única. Díscola, ecléctica.

Sus canciones han sido utilizadas en películas (Sinnermann) y para publicitar perfumes (My baby just cares for me). Le asombraba.

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Una película sobre su vida sigue en proyecto.

Lisa Celeste, su hija, no ha aprobado a la actriz propuesta para representar a su madre.

Tampoco el guión, debido al acento puesto en el romance con su enfermero Clifton Henderson, homosexual.

¿Y?, me pregunto.

¿Habría sido acaso inverosímil una relación así en una persona como Nina Simone? Si ella misma tuvo épocas en las que se vestía como hombre.

(¿Qué habría dicho de la actitud de su hija?)

Solía burlarse también de sus propias canciones cuando actuaba: deformándolas, afeándolas o simplemente recreándolas en una suerte de tamización por los salones de la música clásica y otros géneros.

(Ver aquí My baby just cares of me en el Festival de Montreaux, ¿1993?)

Tal vez fue demasiado consciente de su múltiple ‘condición aparte’:

Mujer, música genial e hipersensible, excelente pianista, ciudadana lúcida, activista por los derechos civiles, pensadora antisistema, ídolo de multitudes, multisexual, esquizofrénica, rebelde y afro.

(No he querido poner ‘negra’. Porque tampoco pongo ‘blanco’ cuando me refiero a anglosajones. Además de que no sabría qué color usar -el blanco y el negro no lo son- para referirme a ese inmenso resto planetario que está en el medio.)

¿Cómo podía haberse desarrollado de otra manera una artista que a los diez años, en su primera actuación pública como pianista, había visto que sus propios padres eran desalojados de las primeras filas para ofrecerles sus asientos a asistentes de piel clara?

«Yo no soy como ustedes», dijo una vez en el Royal Albert Hall. «Yo soy de otro planeta.»

(Tal vez el Instituto Musical Curtis de Filadelfia nos hizo un favor a los mortales al negarle una beca para aspirantes a concertistas de piano a pesar de la magnífica audición ofrecida.)

(Después le explicaron que no la habían aceptado por el color de su piel.)

A veces parecía detestar a su público, tal vez porque no podía comprender que la quisieran. Para luego ponerse de rodillas y agradecerlo en actitud -aparentemente- contrita.

Utilizó el jazz para describirse a sí misma y a la vida:

«Jazz is not just music, it’s a way of life, it’s a way of being, a way of thinking; the new inventive phrases we make up to describe things»

Me permito traducirlo a mi way, como diría un fanático de Gringolandia, tratando de reproducir la rima inicial:

«Jazz es más que solo música, es una forma de vida, una manera de ser, una forma de pensar; las frases que nos vamos inventando para describir las cosas.»

Tal vez tendría que haber puesto «para describir el mundo».

Porque eso era/fue lo que ella seguramente quería/quiso decir.

Tituló A single woman (¿a?) una de sus últimas composiciones.

Una mujer soltera sería la traducción común.

O una mujer excepcional: por única, individual, sola.

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HjorgeV 21-02-2013

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Fuentes

http://en.wikipedia.org/wiki/Nina_Simone

http://thinkexist.com/quotes/nina_simone/

http://www.elmundo.es/elmundo/2013/02/20/cultura/1361378628.html

http://www.advocate.com/arts-entertainment/film/2012/08/19/nina-simone-biopic-will-focus-love-affair-gay-man

«EL MUERDESUELOS»

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No había sido para morder los suelos

el contrato

pero así llegó a la ciudad desde tan lejos

y a esa institución, y a esa oficina

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Y los años pasaron y con ellos

los diferentes gobiernos de centro,

alto y bajo

y ninguno se hizo cargo

de la confusión

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Al contrario, lo felicitaban por su

empeño, su constancia y por no haber

faltado ningún día a la oficina

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Lo encontraron un buen día ahogado en un sótano del

elegante edificio del centro de la ciudad:

había empezado a mordisquear una

cañería subterránea para poder continuar

con su tarea sin importunar a sus colegas vecinos

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El director de la institución se vio

obligado a marcar el número de emergencias

porque la inundación provocada

amenazaba con arruinarle los zapatos para

la vernissage de esa noche

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Descansa en paz por fin

el modélico empleado, símbolo

patrio:

enterrado boca abajo

(de cara al suelo)

por simple orgullo nacional

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HjorgeV 15-02-2013

CECILIA: «UN RAMITO DE VIOLETAS» (1974)

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No se llamaba Cecilia, ni siquiera Eva, como también la llamaban.

(Quiso adoptar este último como nombre artístico pero ya estaba registrado.)

Evangelina Sobredo Galanes (Madrid, 1948 – Zamora, 1976) era su nombre completo, hija de un militar y diplomático gallego padre de ocho hijos, de los cuales cuatro ya han muerto, tres de ellos muy jóvenes.

Por los viajes de su familia (vivieron en el Reino Unido, EEUU, Portugal, Argelia y Jordania) hablaba varios idiomas y dominaba el inglés, lengua en la que también grabó sus primeras canciones.

Aún vivía Franco cuando decidió abandonar sus estudios de Derecho y dedicarse por completo a la música en Madrid.

Cuando los esbirros franquistas le censuraron sus canciones, dijo:

«Estos idiotas… Le cambio dos palabras a la canción, digo lo mismo y no se enteran.»

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No fue casual que en la portada de su primer disco apareciera con un guante de boxeo calzando su mano derecha.

Casaba bien con su espíritu luchador y con la música de protesta que admiraba (y entendía) de Pete Seeger, Bob Dylan y Simon & Garfunkel (los autores de The boxer, precisamente).

Es más, Cecilia es el nombre de una composición de 1969 de este último dúo, dedicada a la patrona católica de los músicos.

La primera canción que compuso Evangelina Sobredo fue en inglés –Daddy, don’t close the light-, escrita de adolescente cuando vivía en Jordania.

A la censura comercial (la que dicta qué se debe vender, y por lo tanto gustar, y qué no) no le pareció adecuada.

Crítica con el rol de la mujer en la sociedad de su época, Evangelina quiso titular su segundo álbum Me quedaré soltera.

La disquera tampoco lo aprobó.

Aunque detestaba el rol de la mujer vista como un objeto del hombre, Ramito de violetas se puede leer como el resumen de sus contradicciones:

La mujer casada que ansía otros horizontes -también sentimentales-, aunque dispuesta a aceptar la jurisdicción del matrimonio si este le permite ser libre de pensar, imaginar y sentir.

Y un marido que sabe que solo aceptando a su esposa como es, puede hacerla de alguna manera feliz y ser feliz él mismo.

(Aunque la tenga que querer en secreto y hacerle creer que ella lo engaña platónicamente con otro.)

María Teresa Sobredo, la hermana menor del clan, encontró hace dos años en un desván composiciones y grabaciones de su hermana que creía perdidas.

Llevaban 35 años olvidadas: canciones que el espíritu libre de Cecilia/Evangelina exigía y que no le dejaron incluir en sus álbumes.

Teresa se las presentó a Sony.

La multinacional no quiso editarlas sin antes ejercer su propia censura comercial.

Fiel al espíritu de su hermana, Teresa no aceptó esta nueva censura y consiguió, finalmente, editarlas en un pequeño sello independiente, Ramalama.

Cecilia inédita en concierto es el resultado de ese esfuerzo indesmayable.

La cantautora se despidió -tenía 27 años- de este planeta dormida, en un amanecer del verano español de 1976, cuando regresaba de un concierto en Vigo.

El automóvil que la llevaba a cumplir con unas grabaciones en Madrid se estrelló contra un carromato halado por bueyes en el casco urbano de Colinas de Trasmonte.

(Otra tragedia por -simple y mortal- exceso de velocidad.)

Ramito de violetas, también título del álbum del mismo nombre, fue primero un cuento que Evangelina/Eva/Cecilia había escrito de adolescente y después hizo canción.

Tiene cierta similitud con un tema que cinco años después compuso Rupert Holmes, Escape, conocido también como «La canción de la Piña Colada».

En el tema de Cecilia todo queda en la mente de la pareja.

«Escape es también la historia de muchos que no saben quién duerme realmente a su lado», anoté al final de la entrada que dediqué al tema de Holmes.

Recibir, enamorada, flores de un extraño sin saber que duerme cada noche a tu lado, no es una figura muy disímil.

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HjorgeV 09-02-2013

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http://www.publico.es/culturas/401919/cecilia-derriba-35-anos-despues-la-censura-de-la-espana-muerta

https://hjorgev.wordpress.com/2008/11/22/rupert-holmes-y-la-cancion-de-la-pina-colada/

http://en.wikipedia.org/wiki/Escape_(Rupert_Holmes_song)

http://es.wikipedia.org/wiki/Un_ramito_de_violetas

http://es.wikipedia.org/wiki/Cecilia_(cantautora)

http://en.wikipedia.org/wiki/Cecilia_(song)

CAMINAR PARA MORIR EN LA NIEVE (y II)

¿Caminar para salvar la memoria?

Juan José Millás (Valencia, 1946), el autor de El desorden de tu nombre, camina para saber.

Millás descubrió los largos paseos (o sea, las millas: Nomen est omen) en la madurez. Y dice que ya no podría prescindir de ellos.

Cito, de una entrevista relativamente reciente, lo que bien podría considerarse como toda una teoría condensada de la novela:

Me da pánico pensar que algún día no pueda pasear porque resuelvo muchas cosas cuando camino. Un paseo, en cierto modo, es un relato en el que se mezclan los dos asuntos que se deben entrelazar en todo relato: peripecia y reflexión sobre la peripecia. La proporción entre lo que te ocurre y lo que piensas sobre lo que te ocurre depende de que el paseo haya salido bien o mal. Y de eso depende también que una novela salga bien o mal. Que la proporción entre el argumento y la reflexión sea la adecuada.

Vuelvo mentalmente (corporalmente no me he movido un solo metro de aquí) a este país que convivo y que alguna vez me gustaría recorrer a pie.

Goethe apuntó que «Nur wo du zu Fuß warst, bist du auch wirklich gewesen». Algo así como, con perdón: ‘Solo lo que a pie recorriste, de verdad conociste’.

(En verdad: ‘Solo donde a pie estuviste, de verdad estuviste’.)

Solo caminando se puede conocer/saber el camino.

Caminar para conocer. Conocer caminando.

Johan Gottfried Seume fue tal vez uno de los pioneros entre los escritores caminantes.

Su Caminata a Siracusa en el año 1802 es un ejercicio de observación crítica, cultural, histórica y sociológica, escrito tras su periplo a Italia.

Ojo (y zapato): ida y vuelta a pie.

Machado lo dijo de forma excepcional, no hay duda.

Pero Goethe fue más radical e iluso a la vez: «No se camina para llegar sino para vivir caminando.»

Harald Grill lo ha descrito así, en mi pobre traducción:

Allí adonde me dirijo

no va ninguna vía,

no viaja ningún tren,

no vuela ningún avión.

Mi camino al hogar se hace más extenso cada día,

y cuanto más tiempo camino

más mi hogar se hace mi camino.

Walter Benjamin, judío berlinés, estaba en París, ciudad por la que adoraba pasear, cuando en junio de 1940 la Ciudad Luz fue bombardeada por 300 aviones alemanes y luego ocupada por las fuerzas nazis.

Huyó a Lourdes y luego a Marsella. Su idea era alcanzar España y pasar a Portugal, para  allí hacer uso de la visa que le permitiría finalmente la entrada a EEUU.

Pretendía escapar de su deportación a la Alemania nazi después de siete años de exilio.

Cruzó los Pirineos a pie y consiguió traspasar la frontera franco española.

En Portbou, después de ser detenido por paramilitares franquistas, encontró la muerte: probablemente por mano propia para evitar ser entregado a los nazis.

Judío, alemán (de Berlín), fugitivo (28 domicilios en siete años), filósofo, exiliado.

Su tumba fue hallada mucho después porque los amigos con los que huía lo enterraron con el nombre cambiado (Benjamin Walter) para evitar profanaciones por parte de los nazis.

Su paso por esa -su última- ciudad española está documentado.

Dice el escritor Sergio Chejfec:

el caminar”, es casi la única actividad no colonizada por la economía súper capitalista, que tiende a fragmentar el consumo y crear necesidades a partir de nuevos artículos. Quiero decir, para caminar no se vende nada especial, y sí hay un mercado alrededor de comer, correr, dormir, practicar sexo, leer, etc. Diría que mis personajes se detienen en las acciones mínimas, el tipo de acciones elementales como la caminata. Y a la vez son rumiantes cerebrales, que han encontrado en la velocidad que imprimen las dos piernas el ritmo adecuado para avanzar con sus pensamientos.

Marcheurs à plume” los llaman en francés: escritores caminantes. (¿O marchadores a la pluma? ¿A la vela?)

Pensadores caminantes.

Plumíferos caminantes.

Sigo pensando que un novelista es un aventurero sentado.

Wittgensteinpara quien los límites del lenguaje de una persona eran también los límites de su mundo, fue otro gran andador, caminante, viandante.

Y Kierkegaard, el sueco padre del existencialismo, detalló en sus diarios que no solo había concebido sus libros caminando, sino que también los había corregido así.

El título de una de sus obras más famosas, Etapas del camino de la vida, no fue casual.

Rousseau afirmaba que «solo caminando puedo meditar y si me detengo, también dejo de pensar», porque «mi mente solo puede trabajar con mis piernas».

Más notorios caminantes meditantes:

Wordsworth, Coleridge, Sterne, Virginia Woolf, Walser, Sebald.

En Walden, la vida en los bosques Thoreau narró su experiencia de dos años, dos meses y dos días en los bosques, viviendo en una cabaña construida con sus manos, cultivando sus propios alimentos y escribiendo sobre sus vivencias y sus caminatas por los alrededores.

Walden es el nombre de un lago de Concord, Massachusetts, en cuya cercanía Thoreau construyó su cabaña.

(Curiosamente, Wald es ‘bosque’ en alemán. Los libros de Thoreau los publica en Alemania la editorial Diogenes. De tal manera que se ha cerrado un círculo. O tal vez solo rizado un rizo.)

Bruce Chatwin era director de Sotheby’s, la célebre casa de subastas británica especializada en obras de arte, cuando una mañana despertó casi ciego.

Un oftalmólogo le dijo: «Ha estado mirando cuadros demasiado cerca. ¿Por qué no los cambia por horizontes más amplios?»

Chatwin, en pleno auge profesional, lo tomó al pie de la letra: dejó la casa de subastas y se fue a África.

Luego inició e interrumpió sus estudios de arqueología y comenzó una nueva etapa como colaborador del The Sunday Times.

Estaba entrevistando a Eileen Gray cuando vio que en la sala de la famosa diseñadora y arquitecta había un mapa de la Patagonia.

-Lo pinté con estas manos -le dijo ella.

-Siempre deseé ir allí -dijo Chatwin.

-Yo también. Ve allá por mí -le dijo Gray.

Chatwin, otra vez en la cúspide de una carrera, escribió al periódico un simple “Me voy por cuatro meses a la Patagonia”.

Y se fue.

Su mochila -y su lápiz- conocieron también después Australia, China, la India, Suecia, Afganistán, Grecia, Turquía y África.

¿Viajar, caminar, para escribir? ¿O solo para llegar?

El finado abuelo de mi esposa alemana escapó de su cautiverio ruso durante la Segunda Guerra Mundial y regresó caminando a Alemania.

Seis meses de los que nunca quiso hablar (nunca me atreví a preguntárselo en serio, tampoco) y en los que la nieve fue su paisaje más común.

Hundido en esa forma del agua terminó precisamente Robert Walser (no confundir a este escritor suizo con el alemán Martin Walser, aún vivo), autor de Der Spaziergang (El paseo, aunque también podría haber sido La caminata) y amante de largos paseos solitarios.

Robert Walser murió mientras paseaba entre la nieve, cerca del manicomio de Herisau (Suiza) adonde habría ingresado por propia voluntad. Su autoexilio tal vez.

Los documentos fotográficos lo muestran con su sombrero al lado. Sus zapatos apuntando al infinito. En su último paradero (conocido).

En su novela Geschwister Tanner (Los hermanos Tanner) de 1907, Sebastian, el poeta protagonista, es encontrado muerto, cubierto por la nieve después de salir a dar un paseo.

¿El paseo más largo de su vida? ¿O de su muerte?

Robert Walser escribió premonitoriamente en esa novela sobre morir en la nieve:

«La mejor música para alguien que ya no puede oír ni sentir nada.»

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HjorgeV 01-02-2013

http://en.wikipedia.org/wiki/Solvitur_ambulando

http://es.wikipedia.org/wiki/Bruce_Chatwin

http://www.elfinancierocr.com/blogs/coaching_e_innovacion/Pensar-caminar_7_141655873.html

http://scharfschwerdtstrasse43.de/notizen/800

http://de.wikipedia.org/wiki/Robert_Walser#1929.E2.80.931956

http://www.tagesspiegel.de/kultur/berliner-parks-3-das-geheimnis-der-verlorenen-puppe/6851658.html

http://www.lyrikwelt.de/rezensionen/gesternunterwegs-r.htm

http://www.reisenews-online.de/2010/02/15/wandern-auf-den-pfaden-walter-benjamins/

http://www.tagesspiegel.de/kultur/kafka-in-berlin-das-vergessene-haus/7465992.html

http://walterbenjaminportbou.cat/es/content/memoria-de-walter-benjamin

http://www.laescueladelosdomingos.com/2010/05/celebracion.html

http://www.derhuman.jus.gov.ar/conti/2010/10/mesa-30/koval_mesa_30.pdf

http://www.ctv.es/USERS/borobar/bruce_chatwin.htm